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Santiago Abascal, líder de Vox, durante su participación en el debate a cinco de la campaña electoral del 10N / EFE

Santiago Abascal, como un toro y contra todos

El líder de la ultraderecha se queda solo frente al Estado de las autonomías y el 'consenso progre' de la democracia española

05.11.2019 00:53 h.
4 min

Al presidente de Vox se le nota que las encuestas le van bien, que llegan a situarle como tercer partido el 10N con hasta 46 diputados. Esas buenas perspectivas le dan aún más coraje para debatir contra todos, básicamente contra el Estado de las autonomías y el consenso progre, la forma en que la ultraderecha española califica las políticas sociales más innovadoras de España.

No tiene nada que perder, todo es a ganar en estos momentos. Su participación en el primer y único debate electoral se caracterizó por unas intervenciones breves y muy claras, sin agotar los tiempos para guardar margen para la respuesta final en cada uno de los cinco capítulos en que se dividió el encuentro. Es bueno en la esgrima dialéctica, y traslada al estrado las quejas de la gente, sin excluir cuestiones asumibles incluso por izquierdistas. Ayer entró en materia como el que sale del toril, con energía y decisión

Lejos del franquismo

Tuvo la habilidad de no usar la palabra “franquismo” en ningún momento. Y cuando reprochó a Pedro Sánchez la exhumación del dictador lo hizo aludiendo al pacto que “hicieron nuestros padres y abuelos cuando se abrazaron para cerrar el pasado”, la política que habían seguido socialistas como Felipe González, recordó. “A los muertos se les respeta, tanto si se llaman Franco como Pasionaria”.

Abascal a Sánchez durante el debate del 10N / CG

Las recetas de Vox para arreglar los problemas del país pasan, en casi todos los casos, por eliminar las comunidades autónomas por el gasto público que generan y las duplicidades a que dan lugar. “Al final, tendremos que elegir entre pensiones públicas o autonomías”, dijo.

Seguridad y sanidad

Abascal no tiene mucho interés en debatir con los demás porque su posición no es la de pelear por el liderazgo, sino por afianzarse. Y para eso no duda en cultivar lo que sabe que motivo a su público, o sea a los sectores más temerosos de la violencia, la diversidad --los menas-- y las autonomías. Todos los partidos que han pasado por el Gobierno desde 1977 tienen la culpa de los problemas de España hasta el punto de responsabilizar a las comunidades autónomas de cuestiones tan seculares como las deficiencias de la atención sanitaria en las zonas rurales.

Esa exageración --falsificación, en realidad-- le da pie a proclamar el fracaso del Estado de las autonomías, y de ahí a su receta para la crisis generada por el nacionalismo catalán. Aplicar el artículo 155, no como el “descafeinado de 2017 que dio lugar a unas elecciones caprichosas”, sino la supresión del autogobierno, la intervención de TV3, las competencias en educación, la ilegalización de los partidos independentistas, además del encarcelamiento de Quim Torra, “acusado de rebelión por la abogacía del Estado”. 

Su minuto final, "sin manipulaciones", fue probablemente el más transparente de los cinco: transformar el Estado de las autonomías recentralizando competencias básicas. Su intervención acabó con la frase "buenas noches, ¡y viva España!"