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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso / EP

Sánchez, obligado ya a acercarse al PP y Ciudadanos

El jefe del Ejecutivo plantea a Casado acuerdos en las autonomías mientras pierde apoyos en el Congreso

6 min

Pedro Sánchez recibió este miércoles contundentes críticas en el Congreso. El líder del PP, Pablo Casado, ha optado por una estrategia arriesgada: una oposición dura, pero con la mano tendida para llegar a acuerdos de Estado, porque sabe también que su partido no se podría permitir dejar en la estacada al Gobierno. Y el jefe del Ejecutivo ha tomado nota, al entender que deberá acercarse al PP, porque pierde apoyos en el Congreso, pero también porque debe controlar los pasos del principal partido de la oposición y tiene fórmulas para presionarlo.

La pandemia del coronavirus no ha anulado las maniobras políticas. El PP cree que el Gobierno de coalición de Sánchez tendrá serias dificultades en los próximos meses, que las impericias y la propia situación, la urgencia sanitaria y la crisis económica, harán mella en el Ejecutivo. Pero en ese tramo se ofrecerá para llegar a acuerdos, haciendo ver al PSOE que no podrá contar con nadie más.

Sin los independentistas

Ese es el reto. En la votación de la tercera prórroga del estado de alarma, hubo hasta 62 votos en contra. Los de Vox y la CUP, como en la segunda prórroga, pero se añadió esta vez Junts per Catalunya, el partido del presidente Torra, mientras que Esquerra Republicana decidía abstenerse. Es decir, Sánchez no podrá repetir la geometría de los apoyos que le permitieron la investidura como presidente del Gobierno. Y ha comenzado a mirar hacia el otro lado: PP y Ciudadanos. La ventaja para Sánchez es que la formación que lidera Inés Arrimadas se ha puesto de cara, dispuesta a ganar el centro político si el PP pierde el rumbo y decide un acoso y derribo a Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso, en el debate sobre la prórroga del estado de alarma / EP
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso, en el debate sobre la prórroga del estado de alarma / EP

La salida del líder del PSOE fue directa, al pedir acuerdos de “reconstrucción social y económica en todas las comunidades, gobierne quien gobierne”. La opción fue clara. Justo cuando Sánchez ha aceptado constituir una comisión parlamentaria, a petición de Casado, como alternativa a la reedición de una especie de Pactos de la Moncloa, pero que todavía no se ha puesto en marcha, el líder del PSOE planteó maniatar a los conservadores con acuerdos en las autonomías. El plan pretende provocar una reacción del PP, para que deje de lado a Vox, y apueste, si realmente quiere actuar como dice en público, por acuerdos de Estado.

Un ataque y una defensa

Fue un ataque, pero también una defensa, porque el presidente del Gobierno necesita aire político, en una semana que ha sido la peor por los fallos de comunicación y las dudas al tomar decisiones como la apuesta por dejar que los niños, hasta los 14 años, puedan salir a la calle a pasear a partir de este domingo. Casado no quiso recoger el guante. Y Sánchez se dirigió al portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, para que trasladara la propuesta al PP allí donde gobierna con la formación de Casado.

Justo después de la sesión parlamentaria, Angel Gabilondo, el hombre fuerte del PSOE en la Comunidad de Madrid, lanzaba su propuesta de acuerdo con la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso. A medida que avance la crisis, los dos partidos, PSOE y PP, deberán mostrar si juegan de farol, o realmente buscarán acuerdos para que España salga a flote.

El plan en Europa

El otro as en la manga de Sánchez debería llegar de Europa. Este jueves se ha convocado otro Consejo Europeo, al que España llega con una propuesta que, al menos, será negociada: un fondo de “reconstrucción” que podría llegar al 1,5 billones de euros, y que se financiaría o con deuda perpetua o a muy largo plazo. El plan cuenta con el apoyo inicial de la Comisión Europa, y Alemania no lo desdeña.

Es el empuje que necesita Sánchez para mostrar ante la oposición que tiene una hoja de ruta. Presionar y acordar, buscar cómo puede salir a flote, al frente del Gobierno de coalición con Unidas Podemos, pero ofrecer acuerdos --y pedirlos-- al PP. Esa es la fórmula del presidente del Gobierno que ha comenzado a interiorizar que el Ejecutivo corre un peligro serio.