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Albert Rivera, en el acto de Ciudadanos sobre el nuevo patriotismo español /Efe

¿Rivera de derechas?, sigue los pasos del PSOE y de Habermas

El socialista Juan José Laborda quiso promover en los años 90 del siglo pasado el patriotismo constitucional, que, tras un intento de Aznar, quiere recuperar ahora el líder de Cs

7 min

Nacionalismo español. Revival joseantoniano. Derecha española de toda la vida. Con esos calificativos la izquierda mediática, el nacionalismo, y, especialmente, Podemos, han despachado el acto de Albert Rivera de este fin de semana. Sin embargo, el proyecto del líder de Ciudadanos es el mismo que quiso impulsar el PSOE en los primeros años 90 del siglo pasado y que retomó José María Aznar en 2001, inspirados todos en el filósofo alemán Jürgen Habermas, que quiso para su país, Alemania, un “patriotismo constitucional” que superara el difícil pasado y que llevara a todos sus ciudadanos a un consenso sobre los logros de la democracia.

Ese “patriotismo constitucional” es una idea con un origen de izquierdas, dirigida, precisamente, a superar los excesos del patrioterismo, de los nacionalismos. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, se refería a la necesidad de un “patriotismo español” para construir lo que él llama un proyecto de liberación”. Reivindicaba que ese patriotismo también podía ser de izquierdas, sin dejar únicamente a la derecha esa bandera.

Política de la identidad

El patriotismo constitucional lo acuñó el politólogo Dolf Sternberger, pero lo desarrolló y lo hizo propio Habermas a finales de los años 80 del siglo XX. Sin decirlo, es lo que ha defendido Albert Rivera, con su propio lenguaje, y utilizando, en parte, un discurso de Obama, con esa idea de que no ve personas enfrentadas por sus orígenes o sus diferencias sociales, sino que ve “españoles”.

En el caso de Obama era muy claro, porque el Partido Demócrata sabía y sabe que tiene un problema y es que ha ayudado a difundir una política del “reconocimiento”, desde los años 70 del pasado siglo, protegiendo minorías, ya fuera por origen identitario, sexual o por otras características, olvidando una idea de conjunto, de ciudadanía. No había negros, asiáticos o latinos, sino “ciudadanos de Estados Unidos”, según Obama, que quiso superar ese problema histórico del liberalismo norteamericano. Es lo que ha denunciado Mark Lilla en su libro El regreso del liberalismo.

Ciudadanos libres

¿Es eso de derechas, y se aprovecha para denigrar a Rivera en un momento de grave crisis política por la cuestión catalana? Ese patriotismo, esa defensa de una ciudadanía española, lo puso en la agenda política el PSOE. Fue el expresidente del Senado Juan José Laborda quien, en 1992, propuso un “patriotismo constitucional” en una conferencia en el Club Siglo XXI en Madrid, con el título de "Patriotismo constitucional y Estado democrático", recogiendo las aportaciones de Habermas, que había pronunciado también una conferencia en Madrid en noviembre de 1991.

¿Qué se pretendía? Enlazar con la idea de nación, de la Constitución de Cádiz, y modernizada con la Constitución de 1978, una nación de “ciudadanos libres e integradora de los nacionalismos periféricos”.

La cocina de Faes

Aquello se olvidó, hasta que José María Aznar, en noviembre de 2001, retomaba el patriotismo constitucional, después de encargar una ponencia sobre ello a su partido en el congreso del PP que se iba a celebrar a finales de enero de 2002, ya con la mayoría absoluta en el Congreso.

Las ideas se cocinaban en la FAES, con Gabriel Elorriaga, Alfredo Timmermans y el secretario de la Presidencia, Javier Zarzalejos, que acaba de publicar sus experiencias en No hay sala oeste en la Moncloa. En los debates que se organizaron sobre el patriotismo constitucional, en la FAES, participaron con mucho interés referentes de la izquierda como Josep Ramoneda, e intelectuales como Fernando Savater, y expertos y profesionales como Félix de Azúa, Francisco Rubio Llorente, Eduardo Mendoza, Francesc de Carreras y Andrés de Blas.

¿Macron y Obama?

El propio Aznar defendía ese proyecto porque “hay una conciencia de los valores cívicos, de libertad, convivencia y pluralidad” que se iba forjando también a partir de la lucha antiterrorista, que para el PP fue una parte nuclear de toda su gestión política. Pero Aznar, consciente de que se quería superar un debate entre nacionalismos, indicaba que se trataba de defender “una identidad nacional renovada con el desarrollo de la Constitución”, y que no se trataba de “oponer un nacionalismo español al periférico”.

Ahora es Rivera quien recoge el testigo, después de que esas experiencias, del PSOE y del PP, no acabaran de cuajar. El líder de Ciudadanos quiere emular a Macron y a Obama, y plantea un proyecto superador de cualquier nacionalismo.

Poca reflexión

Otra cosa es saber si tiene talento y credibilidad para ello. El profesor Fèlix Ovejero percibe en los actos de Rivera “esa defensa del patriotismo constitucional, aunque faltan elementos, relato y concreciones”, pero todo eso dependerá del propio Rivera y de los cuadros y profesionales con los que pueda contar Ciudadanos.

Sin embargo, lo fácil, tanto para Podemos, algunos medios de comunicación orientados hacia esa izquierda, o para los nacionalistas, vascos y catalanes, ha sido identificar a Rivera con José Antonio Primo de Rivera. Y no provoca reflexiones que hagan dudar demasiado.