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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (2d), con la ministra Carolina Darias (d); Ada Colau (c), Jaume Collboni (2i) y Joan Subirats (i) / EFE

La 'fontanería' socialista desbloqueó la reunión Colau-Sánchez

La alcaldesa planteó el encuentro con propuestas de máximos: la Moncloa atemperó los ánimos y llenó la cita de contenido realista y simbolismo propicio

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La fontanería socialista desbloqueó con éxito la reunión entre Ada Colau y Pedro Sánchez celebrada en el Ayuntamiento de Barcelona el viernes, un encuentro nada menor, pues ningún jefe del Ejecutivo visitaba el segundo mayor ayuntamiento de España desde 2011. Nueve años sin presencia. Días antes, el equipo de la alcaldesa de Barcelona, advenediza en protocolo, acudía al encuentro con propuestas de máximos: la regulación del precio de los alquileres. La Moncloa atemperó los ánimos y llenó de contenido tangible el contacto.

Así lo han explicado fuentes cercanas a la negociación, que han puesto en valor el trabajo de la Moncloa para lograr compromisos realistas en la visita del presidente y la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Dariasal otro lado de la plaza Sant Jaume de Barcelona. Al parecer, Colau y los suyos trataron de plantear la toma de contacto como una oportunidad para marcar agenda con un asunto en el que la primera edil se siente cómoda: la vivienda. No obstante, la posición del Ejecutivo en esa materia está aún por discutir. Se conoce que el Gobierno intervendrá en el mercado del alquiler, pero falta negociar cómo. Y un tope a la rentas no es la fórmula asegurada, ni mucho menos. Por ello, la histórica reunión tuvo vaivenes que solucionó con habilidad y protocolo la Moncloa, que aprovechó el trabajo labrado por el PSC y, más concretamente, por Jaume Collboni, primer teniente de alcalde.

La capitalidad, herencia de Collboni

Un ejemplo palmario de ello es la capitalidad cultural y científica de Barcelona. Se trata de un asunto que ya se debatió, aprobó y presupuestó en su momento con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Aprovechó el expresidente el color socialista del Govern --un tripartito hasta 2010-- y el consistorio, también socialista hasta 2011. La capitalidad sectorial de la Ciudad Condal significa, a la postre, una inyección presupuestaria extra en proyectos culturales y científicos. La última cifra provisionada es de 25,8 millones de euros. Si bien el guarismo no es relevante, sí lo es el contenido simbólico que entraña: el de construir más España desde el catalanismo de izquierdas.

Esta idea cuenta además con un convenio concreto que el Partido Popular enterró cuando llegó a la Moncloa en 2011. Durante la etapa de Mariano Rajoy en la presidencia del Gobierno, el aspirante a alcalde de Barcelona ya planteó la cuestión de la cocapitalidad. Fue en 2014, sí, pero también en 2015, en la precampaña de las elecciones municipales. Collboni insistió con esta idea al asumir el área de Cultura el pasado mandato y reforzar la idea de la "capitalidad cultural" de la urbe mediterránea. No obstante, llegó el procés, BComú echó al PSC del gobierno municipal y la idea quedó en letargo. En los días previos al viernes, en la preparación de la reunión, el Gobierno solo tuvo que volver la vista atrás y buscar proyectos sólidos que pudieran plasmarse. La capitalidad era uno de ellos.

La comisión ciudad-Gobierno, sobre la bocina

Con este terreno abonado por un socialista, la Moncloa se sintió cómoda. No obstante, enfrente tenía a otra parte bicéfala mucho más ideológica. Si Colau planteaba un acuerdo sobre los alquileres desde el primer momento --llegó a regalarle al jefe del Ejecutivo un libro sobre la materia con un prólogo firmado por ella misma--, había otra idea sobre la mesa: la de cerrar cosas más tangibles que una iniciativa que ni está debatida ni tiene borrador. Es aquí cuando se rescató la opción de la comisión interadministrativa entre el Ayuntamiento de Barcelona y el Gobierno, con la Generalitat de Cataluña de invitada. Esta fórmula está regulada por la ley 1/2006 y contemplada en la Carta Municipal de Barcelona, por lo que no precisa de armazón normativo de nuevo cuño.

Asimismo, ata al Gobierno catalán, al menos como invitado, en lo que podría ser una mesa bis o mesa 1.2 respecto a la mesa política que buscará encauzar el problema nacionalista en Cataluña. Según han señalado fuentes conocedoras, la comisión interadministrativa, en la que se desatascarán carpetas pendientes como las obras del AVE en La Sagrera, la reforma del Frente Marítimo o la financiación del transporte público, no estaba en la agenda hasta el jueves.

Con Azaña

Entró a última hora y por la vía reforzada. Ello dio un jaque mate a Colau y a los suyos, que partían de una posición mucho más maximalista. Alguien bajó el diapasón y buscó concreciones. Las encontró. La fontanería socialista pulió los acuerdos de la reunión y alguien con mejor criterio las cuestiones de protocolo: de una comparecencia conjunta en la galería gótica en el ayuntamiento se pasó a la firma de un acuerdo en el icónico Saló de Cent.

Un espacio en el que el presidente de la Segunda República Española, Manuel Azaña, pronunció el discurso Paz, piedad y perdón al inicio de la Guerra Civil. Sánchez ya ha citado anteriormente a Azaña: lo hizo recientemente en la sesión de investidura en el Congreso, hemiciclo en el que pronunció la sentencia "todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo". Un año antes había visitado su tumba. Con la agenda ganada y el simbolismo de su parte, la fontanería socialista se llevó pues el foco público en la reunión de ayer.