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Manifestantes independentistas en apoyo a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña / EFE

La renuncia al referéndum como arma para mantener la tensión ‘indepe’

Sectores de PDECat y ERC rechazan un nuevo 9N con vistas a unas elecciones inmediatamente después de la Diada en las que se podrá canalizar la frustración del electorado secesionista

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A cuatro meses de la fecha señalada para celebrar un referéndum sobre la independencia de Cataluña, nadie sabe a ciencia cierta en qué se traducirá el temido choque de trenes. Los partidos independentistas comienzan a actuar en clave electoral y fomenta el brainstorming de ideas.

El PDECat sabe que la pelota está en su tejado, pues a esta formación pertenece Carles Puigdemont. Como se sabe, el presidente de la Generalitat es quien tiene la competencia para convocar elecciones, algo que muchos dan por hecho una vez descartada la posibilidad de celebrar un referéndum unilateral y que, con toda seguridad, será suspendido por el Tribunal Constitucional.

Entre los variados planes alternativos, fuentes de la nueva Convergència admiten a Crónica Global que uno de ellos era optar por una consulta similar a la que se celebró el 9 de noviembre de 2014, organizada por las entidades sociales –Assemblea Nacional Catalana (ANC), Ómnium Cultural y la Associació de Municipis per Ia Independència--.

Evitar la fatiga y la frustración de un nuevo 9N

Sin embargo, este plan B ha quedado descartado después de que la ANC haya descartado públicamente cualquier otro tipo de votación que no sea un referéndum vinculante. Una postura en la que también está de acuerdo ERC, aunque sus motivos son diversos. Los republicanos creen que, si fracasa el procés, es mejor celebrar elecciones cuanto antes para canalizar la rabia de los votantes secesionistas. Incluso hay quien habla de celebrarlas inmediatamente después de la Diada del 11 de septiembre, fecha en la que cada año se celebra una multitudinaria manifestación indepe.

Por el contrario, celebrar un nuevo 9N abonaría la fatiga, la frustración y el desencanto de ese electorado separatista. “Es muy importante que, en los próximos meses, se mantenga el nervio secesionista en la calle”, explica un diputado conocedor de los entresijos del procés.

Esto explica que, en la últimas semanas, se hayan intensificado las acciones populares relacionadas con el referéndum, sea en forma de campaña o de acto popular. O de concentración de apoyo a la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, tal como sucedió ayer, cuando acudió a declarar como inculpada ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por un supuesto delito de desobediencia al permitir el debate de iniciativas secesionistas.

El PDECat, contra la desobediencia y la DUI

De esa tensión no resuelta se podrá beneficiar principalmente Oriol Junqueras, favorito en las encuestas de intención de voto y que, a pesar de ostentar el cargo de vicepresidente del Govern, sabe que el electorado culpabilizará principalmente al PDECat. La derecha independentista no concibe incurrir en la desobediencia que exigen ERC y CUP, y mucho menos aprobar una declaración unilateral de independencia (DUI).

Si bien es cierto que Junqueras amaga con esa unilateralidad, en su partido también se preparan argumentos para justificar la necesidad de nuevas elecciones. “El 27S avaló la construcción de la independencia, no la declaración de independencia”, afirman en Esquerra, en relación a los comicios de 2015, cuando la victoria sin mayoría absoluta de Junts pel Sí dio el pistoletazo de salida a un proceso turbulento guionizado por la CUP.

No obstante, capitalizar la tensión del votante independentista mediante la renuncia al referéndum también puede beneficiar a los nuevos convergentes, que van a tener que luchar duro en la futura contienda electoral si quieren evitar el ostracismo parlamentario.