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El líder del PSC, Salvador Illa, estrechando la mano del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / CG

La remodelación de Sánchez, el blindaje de Illa

El presidente le ofrece al exministro la palanca para que el PSC vuelva al Palau y le convierte en interlocutor con Cataluña en temas como inversión e infraestructuras, puntos débiles de Aragonès

7 min

Una remodelación a la medida de las necesidades de Pedro Sánchez, pero también para preparar el retorno del PSC a la presidencia de la Generalitat. El presidente del Gobierno español tiene poco más de dos años por delante para agotar esta legislatura y su objetivo ahora es dejar el debate territorial en segundo plano para potenciar la recuperación económica postpandemia, que pasa por más inversiones e infraestructuras. Una oferta anhelada por amplios sectores empresariales y sociales en Cataluña, y que incide sobre uno de los puntos de Pere Aragonès, pues genera división entre sus socios de Govern.

De ahí que, según fuentes cercanas a Moncloa, Sánchez pretenda convertir a Salvador Illa en su interlocutor en Cataluña. La reacción del mundo independentista no se ha hecho esperar, con llamamientos a no olvidar la mesa de diálogo sobre el conflicto procesista y a la unidad de los partidos secesionistas. Sabedor de que puede perder la batalla de la gestión, pues la Generalitat ni siquiera dispondrá de nuevos presupuestos para este año, Aragonès tiene que digerir todavía los cambios en Moncloa.

Más presencia del PSC

Unos cambios que incluyen una mayor presencia del PSC en el Consejo de Ministros. Esto es, un refuerzo de los fieles de Sánchez --los socialistas catalanes lo fueron desde los tiempos difíciles de la formación, cuando Susana Díaz le disputaba el liderazgo del PSOE--, que compensa la salida de José Luís Ábalos. A Miquel Iceta, que pasa de Política Territorial a Cultura --una cartera más sensible y estratégica para la izquierda de lo que sus detractores son capaces de admitir--, se une Raquel Sánchez, hasta ahora alcaldesa de Gavà (Barcelona) y un referente del poder metropolitano socialista. De ahí que su fichaje como ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana sea interpretado por el socialismo catalán como símbolo de la gran apuesta del Gobierno por las infraestructuras, uno de los puntos débiles del Ejecutivo de Aragonès. Un tema que, en Cataluña, siempre han reivindicado los empresarios hasta el punto de visualizar grandes pactos.

La ampliación del aeropuerto de El Prat, el cuarto cinturón (B-40) o la candidatura para los Juegos Olímpicos de Invierno Barcelona-Pirineos son revulsivos económicos que, sin embargo, generan división entre ERC y Junts per Catalunya (JxCat). Así se demostró la semana pasada en el Parlament, cuando los republicanos se abstuvieron en una moción presentada por PSC-Units a favor de esos proyectos económicos, mientras que los neoconvergentes votaban a favor.

Prolongar el 'efecto Illa'

Dicho de otra manera, la idea de Moncloa es prolongar el efecto Illa que permitió al PSC ganar las elecciones catalanas del 14F, aunque no con mayoría de escaños suficientes para gobernar. La legislatura catalana se prevé corta, pues CUP y JxCat se han dado dos años para monitorizar la mesa de diálogo. Es decir, para analizar qué avances se han logrado en las reivindicaciones de amnistía y "autodeterminación" (referéndum).

La Agenda para el Reencuentro que Sánchez le presentó en febrero de 2020 al expresidente de la Generalitat Quim Torra en su reunión en Palau incluye, no solo un compromiso para encauzar el conflicto secesionista por vías políticos, sino también una serie de mejoras económicas. Entre ellas se encuentran la reforma de la financiación autonómica, el cumplimiento de los compromisos de inversión y el impulso de las infraestructuras: Corredor Mediterráneo, estaciones de tren de Sants y La Sagrera, el Plan de Rodalies de Renfe e inversiones en los aeropuertos catalanes, entre otros.

Comisión bilateral

“El objetivo final es volver al Palau de la Generalitat. Y el PSC está enfocando muy bien su estrategia: economía e infraestructuras”, aseguran las citadas fuentes de Moncloa.

Pero no todo está ganado, pues el Gobierno debe pasar de las palabras a los hechos. Este mes está previsto que se reúna la comisión bilateral Estado-Generalitat. También debe activarse la comisión de infraestructuras entre ambos gobiernos. Será en esos órganos donde el Gobierno presente propuestas concretas, mientras el Ejecutivo catalán reivindica, de nuevo, los atrasos en las inversiones que contempla la disposición adicional tercera del Estatut.

Inquietud entre los independentistas

Aragonès, mientras tanto, se niega a asistir a la Conferencia de Presidentes autonómicos, porque exige un trato de tú a tú con el Gobierno del Estado. Pero, a juzgar por las declaraciones de los dirigentes de ERC, obligados a hacer equilibrios entre su apuesta por el diálogo y las reclamaciones identitarias, la remodelación del Gobierno de Sánchez inquieta porque obliga a mover ficha precisamente en esos asuntos económicos que siguen encallados. “Independientemente de quien tengamos delante, independientemente de quien haya, lo que sí que nos ocupa es el qué”, aseguró la secretaria general adjunta de los republicanos, Marta Vilalta.

Por su parte, la vicepresidenta de JxCat, Elsa Artadi, proponía “un frente común en Madrid para encarar las negociaciones de los Presupuestos Generales del Estado” de 2022. Artadi urgió las fuerzas independentistas a "tejer complicidades en todo aquello que sea de interés, no sólo por los partidos independentistas, sino por el conjunto de la ciudadanía catalana". A su juicio, sería un error garantizarle unos presupuestos a Sánchez cuando “aún no sabemos si estaría dispuesto a sentarse en la mesa de diálogo”. La propuesta es un órdago para ERC, que ya apoyó las cuentas de 2021, mientras que el grupo de JxCat en el Congreso votó dividido --cuatro diputados del PDECat a favor y los cuatro fieles a Carles Puigdemont, en contra-- y no parece que haya reconciliación posible.