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Me gusta / No me gusta... Ramon Tremosa

Andrea Rodés y Josep María Cortés ponen la lupa a la número uno de la lista de JxCat en Lleida

Andrea Rodés / Josep Maria Cortés
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Ramon Tremosa, por Andrea Rodés
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Ramon Tremosa, por Andrea Rodés

Para empezar, me gustan sus gafas. Son de montura metálica, muy finas, con marco doble, y le consiguen dar un toque a la vez moderno y elegante. Tremosa no se parece en nada al típico profesor de Economía con jersey de lana y aire despistado que habla sin parar mientras escribe fórmulas en la pizarra. La mayoría de mis profesores de Economía eran así. Todos me caían bien, así que punto para Tremosa, que durante muchos años ha sido profesor de Teoría Económica en la UB. Los que me caían mal eran los profes de Derecho. Tenían muy mala leche, sobre todo los de Fiscal.  

 

Me gusta también que haya escrito libros, aunque sean sobre temas que no me interesan. No es fácil escribir libros. Requiere muchas horas previas de concentración, ordenando ideas, pensando las palabras adecuadas para hacerse entender. Tremosa puede ir cambiando de trabajo --profesor universitario, eurodiputado, conseller de Empresa i Coneixement, diputado del PDECat, candidato de JxCat...-- pero sus libros son un testimonio permanente de su pensamiento y conocimientos.  

 

Otro punto a favor: ser eurodiputado le obligó a vivir 10 años entre Barcelona y Bruselas, experiencia que para él fue “como hacer 10 Erasmus en edad madura", según dijo en una entrevista. La frase revela el espíritu de alguien que ha disfrutado viviendo en el extranjero, conociendo gente nueva. Mi experiencia personal me ha enseñado que vivir en el extranjero no es sinónimo de abrirse de mente --las personas tienen que salir de su pueblo abiertas de mente para aprovechar su experiencia fuera de casa--, pero intuyo que al menos Tremosa se divirtió. Y alguien que sabe divertirse seguro que me cae bien.

 

Por último --y aquí Tremosa se marca otro tanto para conquistarme--, resulta que el candidato de JxCat por Lleida es un enamorado de la alta montaña, como yo. Solo hay que cotillear un poco en su cuenta de Instagram para descubrir que le gusta ir a menudo al Vall de Boí para desconectar. Su Instagram también me ha desvelado que sabe tocar el piano. Y sus vídeos de un minuto tocando el piano desde su habitación (al fondo se ve una cama antigua con cabecera de madera) durante los primeros días de confinamiento me han robado el corazón.

Ramon Tremosa, por Josep Maria Cortés
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Ramon Tremosa, por Josep Maria Cortés

Un hombre de hipotálamo imberbe. Ramon Tremosa es profesor de Teoría Económica y vive muellemente desde que su cátedra cambió el Lipsey por el manual de Joan Hortalà, jefe del Departamento en Económicas de la UB. El conseller de Empresa i Coneixement utiliza la manipulación y la tinta de calamar para confundir. Ha pedido más flexibilidad para el esquí, un día después de prolongar las restricciones. Es un economista del no; defensor del concierto vasco antes de la fatídica DUI y miembro del Círculo de Estudios Soberanistas, una especie de Academia Cots --diría el malogrado Fabián Estapé-- destinada a los aprendices de brujo que agotan la paciencia del país entero.

 

En 2017 subió a las redes la foto de una supuesta manifestación en Bilbao contra la aplicación del 155 en Cataluña, cuando se trataba de una celebración futbolística del Athletic. Por suerte para él, a los que van al nuevo San Mamés con la boina calada no les va ni les viene; ellos solo anhelan la gabarra.

 

Tremosa es tan dado a la logística antiespañola como al símil futbolístico. Tanto, que llegó a denunciar un pisotón de Pepe a Messi ante la Comisión Europea. Aquel central portugués del Real Madrid salió a jugar una final, aleccionado en la caza de brujas por José Mourinho, pero nunca supo del caso tramitado en el mismísimo Bayrlemont, sede la Unión en Bruselas. Raül Romeva, que acompañó a Tremosa en la estrafalaria diligencia, acabó avergonzado y pidiendo perdón al organismo de la UE por la pérdida de tiempo. El primero de la lista de JxCat por Lleida será un empollón, pero su falta de talento rivaliza con su desvergüenza. Está muy cerca de Puigdemont y tiene un sentido del humor ultramontano: denunció en Bruselas un gag de la comedia Aída en el que uno de sus personajes encuentra un bebé abandonado y, ante la posibilidad de que sea hijo suyo, exclama: "¡Imagínate que se lo queda cualquier indeseable, o peor aún, un catalán!".

 

Tremosa es un convergente montaraz; una especie de requeté de los Tercios de Montserrat, pero cargado con papeles de econometría. Su proximidad duele; es una mezcla entre niña del exorcista y el Zizañero, aquel romano utilizado por Julio César como un arma secreta, porque provocaba peleas entre los galos, en el cómic de Astérix y Obélix. ¿Quién no se acuerda de lo que hizo en 2014, cuando publicó una portada falsa de Time supuestamente dedicada a las manifestaciones independentistas en Barcelona, con una foto de las protestas en Hong Kong?

 

Es el garbancero sabio que dice amar Europa, aunque Europa no le ame a él y a su escaño pro-Flandes, país de mayoría autoritaria. Su lista en Estrasburgo, bajo el nombre de Coalición por Europa, nunca pasó de tres. Ahora prueba suerte, como alférez provisional de Laura Borràs. Toca el cornetín al frente de su último libro, Catalunya, potència logística natural: L’Estat contra el mercat, una enmienda a las infraestructuras compartidas con España; o del penúltimo: Què fan els bancs centrals!: Sobre la injecció massiva de diners i el deute més alt de la història, la prueba palpable de que busca acomodo en el hipotético Banc de Catalunya, emisor del euro catalán, que es como decir el dólar ecuatoriano.