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Joan Planas, autor del libro 'España desde el bar'.

¿Qué piensan los españoles de España y del independentismo catalán?

Un catalán independentista recorrió el país entrevistando a 100 españoles. La España que descubrió, desapegada de su identidad y rompiendo tópicos, le cambió su visión

Joan Planas
11 min

Era el 17 de octubre de 2014, empezaba un viaje por toda España para entrevistar a más de 100 españoles en los bares de las principales capitales, que tiempo después publicaría en el libro España desde el bar. Salí de Barcelona con la idea de que Cataluña debía independizarse, pero quería conocer qué pensaban los españoles sobre España y el independentismo, ya que los medios no daban voz al pueblo ni debatían el tema, pero nunca imaginé que mi idea iba a cambiar al final del viaje.

Llegué a Madrid y entré en un bar del barrio de Malasaña, vi a un grupo de amigos tomando unas cervezas con el fútbol puesto en la tele. El tópico del español en el bar con cerveza en mano y fútbol a la vista se cumplía, pero el viaje me enseñaría que los tópicos pierden ante la realidad. Aceptaron la entrevista, puse el micrófono a grabar y pregunté: ¿Te sientes español?

"Yo no me puedo sentir orgulloso de ser español, me siento español por accidente, como si soy rubio. Si pudiera escoger dónde nacer, nacería en Estados Unidos", me contestó un auditor madrileño nacido en el año de la Constitución. Al escuchar a un madrileño renegar de su identidad pensé que a lo mejor aún seguía en Barcelona. Es normal que un catalán diga que no se siente español, ¿pero en Madrid? El viaje me deparaba más sorpresas, el madrileño no fue el único desencantado de su identidad.

"No quiero una frontera más en Europa"

Al llegar a Oviedo un asturiano empresario de turismo rural volvía a renegar de la cultura española al hablar sobre los toros: "Parece que utilizamos aquella imagen de cuando yo venía a España de vacaciones y veía en casa de amigos ese televisor en blanco y negro con los cuernos encima y la bailarina, el toro y el torero. Aquella imagen que luego se llevaba al extranjero. ¿Pero qué es aquello? ¡Eso ya pasó! Si eso es ser español, yo no lo soy".

Cantabria me esperaba dispuesta a marcar más goles a los tópicos. En Santander entrevisté a un catalán que estaba de paso y vivía haciendo de guía en el extranjero. Me contó que los guías en el extranjero siempre mienten a los españoles en la hora de la salida del bus, saben que siempre llegan diez minutos tarde.

Vale, empezamos cumpliendo tópicos, pero me dijo que él se sentía catalán y español y que no quería la independencia: "Cataluña, desde mi punto de vista, creo que podría ser un país, y un muy buen país, pero egoístamente no quiero que sea un país independiente porque no quiero una frontera más en Europa. Pero quiero que exista el derecho de que se pueda decidir".

El mundo al revés, españoles que no quieren ser españoles y un catalán que se siente español y no quiere la independencia. Aunque hoy en día ya sabemos que poco más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña no quiere la independencia, en ese entonces parecía que Cataluña entera la pedía, haciendo manifestaciones con cadenas humanas kilométricas e inundando Barcelona de esteladas.

El concierto económico

No tenía suficientes sorpresas que en otro bar un grupo de cántabros y vascos se dividen entre quienes se sienten españoles y quienes no porque viven en un país de ladrones, y culpan al País Vasco de llevarse la industria de Cantabria porque tienen el concierto económico, y además no entienden por qué Cataluña no lo puede tener, uno de ellos fue muy claro: "Si lo conceden a uno se lo tienen que conceder al otro, y si no se lo conceden, independencia, ¡me voy! ¡Me voy de la madre patria de los cojones!".

Conocían las ventajas que tenía el País Vasco y Navarra y que eran negadas a cualquier otra comunidad. A diferencia de muchos de los españoles que entrevisté que desconocían qué eran los Fueros Vascos, no sabían que el control económico que pedía Cataluña ya lo tenían otras comunidades. El rechazo a que Cataluña accediera a tener también esa ventaja fue una de las razones por las que Artur Mas decidió apoyar la independencia, y también fue una de mis razones para ser independentista. Y debería ser razón de rebeldía para cualquier comunidad, pero claro, si sus ciudadanos no están bien informados no hay rebeldía posible. Me di cuenta que cuando a los españoles les explicabas esas ventajas a nadie le parecía bien que solo las pudieran tener dos comunidades, y entendían que Cataluña lo pidiera.

Eso me hizo cambiar mi perspectiva y entender que aún había esperanza de entendernos todos, porque si hablabas te entendías, el camino era el mismo, pero alguien, dile medios de comunicación o políticos, están creando tormentas en el camino que no nos dejan ver con claridad. Ese mismo grupo de amigos cántabros y vascos describieron la situación actual poniéndome los pelos de punta: "Los políticos han creado una guerra civil sin balas".

"Me han robado la palabra España"

En Valladolid un grupo de amigos castellano y leoneses y gallegos me explicaron ese tópico, que se instauró en sus cabezas y no solo en los ciudadanos de Cataluña o País Vasco, sino por toda España: "Para mí la bandera de España y sentirse español significa algo bastante peyorativo, en absoluto me representa por lo que se entiende ser español. A mí me han robado la palabra España, incluso me han robado la bandera, ni siquiera puedo sentirme identificado diciendo 'soy español' porque tiene ciertas connotaciones. Porque en este país durante muchos años ha sido así, y después de que muriera Franco mucha gente que dice 'yo soy español' significa...".

Estas palabras me las decía una persona que no conoció la dictadura, había nacido en democracia. Mientras, uno de ellos declaraba ser facha a diferencia de los demás y expresaba su disgusto sobre España: "En mi vida no he visto a España peor que ahora mismo, y tengo 45 años. Y no me gustaría salir otra vez a la calle y pegarte un tiro a ti porque tengas otra ideología, otra idea al pensar".

Una nueva España con la que identificarse

Terminé de recorrer el norte y llegué a Barcelona, coincidía con la consulta por la independencia. Llegué atónito, procesando esta nueva España en la que me sentía identificado, la mayoría de las personas con las mismas inquietudes, preocupaciones y problemas, algunos se sentían aún más abandonados que Cataluña. En Asturias me recordaban que el AVE no llegaba a su comunidad pero sí a Barcelona, y sobre todo la mayoría estábamos desinformados sobre la realidad, una realidad que no era la que nos suelen mostrar los medios o la que nos cuentan los políticos. Me di cuenta que Cataluña también era Galicia, Madrid, Asturias, Andalucía, Canarias, etc.

Al coger la papeleta donde me preguntaba si quería que Cataluña fuera un estado e independiente, me di cuenta que no había razón para querer seguir construyendo un mundo mejor sin las personas y regiones que había conocido, aún veía esperanza en que los conflictos existentes se podrían solucionar, así que marqué sí al Estado y no a la independencia.

"¿Qué estamos haciendo con las fronteras?"

Mi viaje siguió por todas las comunidades del sur y los ojos no dejaron de estar como platos, los tópicos cumpliéndose y rompiéndose a la par. No hay espacio suficiente en este rincón para explicar todo lo que me contaron los más de 100 españoles, la infinidad de temas que hablamos en profundidad, las contradicciones y las emociones que expresaron, por eso publiqué el libro. Para que todo el mundo pueda conocer España desde el alma, desde lo que piensan y sienten los españoles en profundidad y no intentando entender el país mirando números en estadísticas.

Son muchas las personas que dejaron huella en mí, como el madrileño periodista y sin hogar que vivía en Galicia y me recordaba el sin sentido de las fronteras: "Tú has visto un pájaro que cuando vuele diga 'coño, la frontera, me doy la vuelta'. ¿Entonces qué estamos haciendo con las fronteras?".

Palabras que aún tienen más sentido en una Europa que juega con las fronteras a su antojo como si las vidas fueran un simple número en una estadística. Hay que profundizar, hay que conocer, hay que escuchar y reflexionar, y a lo mejor así construiremos un mundo mejor entre todos. Mi granito de arena para este mundo ha sido el libro España desde el bar, y deseo que sea un paso para entendernos, sin tópicos ni prejuicios, en los bares y fuera de ellos.