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Carles Puigdemont, saludando al fundador de CiU, Jordi Pujol, en un acto de 2017 / EFE

Puigdemont hace el ridículo con su ‘pressing’ a funcionarios

Los trabajadores públicos ignoran la petición de desobediencia y sacrificio pues, afirman, “las cosas han cambiado mucho desde el 155”, no así la creencia convergente “de que la Generalitat es suya"

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Piensan que la Administración es suya, es el botín a repartir. Nada de servicio al ciudadano. Pero Carles Puigdemont no va a conseguir que los funcionarios se sacrifiquen por su causa”. Habla un veterano funcionario de la Generalitat, después de que el expresidente catalán pidiera el pasado fin de semana a los trabajadores públicos que se impliquen en su proyecto de confrontación con el Estado. “Pero ya no estamos bajo el artículo 155, cuando los funcionarios temían las consecuencias de su desobediencia. Ahora, ni se lo plantean. Una cosa es ponerse un lazo amarillo y otra, poner en peligro su patrimonio”, añade otro trabajador.

Los funcionarios públicos no son ajenos al ambiente preelectoral existente en la Generalitat. Pero es precisamente esta situación, unida a la ruptura entre los socios de gobierno y el fracaso del procés, lo que lleva a este colectivo maltratado por sus gestores --retrasos en los pagos de las nóminas…-- a relativizar e incluso ironizar sobre el llamamiento a la desobediencia que ha hecho Puigdemont. Una sensación de fin de ciclo, en definitiva.

Funcionarios adictos al régimen

Una actitud muy diferente a la de los días más convulsos del procés, cuando el Gobierno aplicó el artículo 155 de la Constitución y entidades sociales y sindicales pusieron a disposición de funcionarios asesoramiento judicial para protegerse de las presiones independentistas. La preocupación ante la posibilidad de que los altos cargos obligaran a los empleados a realizar actuaciones ilegales era grande.

Desde entonces, las cosas han cambiado mucho en la Generalitat, no así esa mentalidad convergente de que la Generalitat es suya. “La vida funcionarial de la Generalitat es complicada ya que nunca han creído en ella, pero sí para cargársela. Sabían perfectamente desde la época de Jordi Pujol que aquí radicaba todo el meollo, no interesaba tener a funcionarios independientes, necesitaban adictos al régimen”, explica el citado veterano de la función pública.

Radiografía funcionarial

Recuerda que para construir esa “administración adicta nombraban interinos a los amiguetes, incluso existían las llamadas 'listas de los consejeros', en el que cada conseller tenía la posibilidad de seleccionar unos 15. Luego vinieron los funcionarios de carrera elegidos en los pueblos donde CDC tenía su nicho electoral, cambios en las relaciones de puestos de trabajo y el epígrafe ‘abierto a otras administraciones’… Y vía libre para entrar en la Generalitat”.

Otro empleado radiografía la situación actual de esa Generalitat heredada de CDC de forma muy precisa: “Un 80% de infantería, que no quieren problemas y que, para que no les den la matraca, ponen el lacito amarillo en el ordenador y pasan; un 5% de parientes, amigos, conocidos…; un 5% de aprovechados, que procuran vivir lo mejor posible y aprovecharse del sistema, pero que no harán nada que no les convenga a ellos; un 5% de rebeldes que pensamos que otra administración es posible hasta que te desencantas, y un 5% de convencidos que gracias a los parientes y el 80 % de la tropa van funcionando”.

No obstante, la purga de Puigdemont en el Govern --que se saldó con el relevo de tres consejeros y numerosos cargos del sottogoverno-- sí provocó una cierta inquietud. Como también los intentos del núcleo duro de Quim Torra de despedir al secretario del Parlament, Xavier Muro, quien se negó a publicar de forma íntegra una resolución contra la monarquía

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