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El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (d), y el vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, en el Parlament / EFE

Puigdemont responde a la mano tendida de Soraya con una cumbre sobre el referéndum

El presidente catalán precipita una reunión ante una inminente oferta del Gobierno que no podrá rechazar: financiación, Corredor Mediterráneo y mejora de Cercanías

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No hubo propuestas concretas. Ni siquiera fue una reunión al más alto nivel. Pero lo cierto es que la decisión de Soraya Sáenz de Santamaría de despachar con algunos líderes de la oposición en la sede del Gobierno español en Cataluña ha puesto nerviosos a los independentistas. Llueve sobre mojado, porque tras el desprecio por el diálogo –‘operación’ le llaman algunos– se esconde el miedo al desarme argumental. Y éste vendrá cuando el Ejecutivo de Mariano Rajoy haga una oferta que la Generalitat no pueda rechazar: mejora de la financiación autonómica y de la red de Cercanías, más inversiones –la remisión de la crisis ya lo permite– e impulso del Corredor Mediterráneo. ¿Quién puede negarse a ello? Obviamente, ningún miembro del sector empresarial catalán, con el que la vicepresidenta ha comenzado a contactar de forma discreta e incipiente.

Trincheras secesionistas

El presidente Carles Puigdemont no ha tardado ni 24 horas en responder a la visita a Barcelona de Saénz de Santamaría con el anuncio de una cumbre sobre el referéndum sobre la independencia de Cataluña, previsto para septiembre de 2017. Es decir, “más de lo mismo”, confiesan algunos altos cargos del Gobierno catalán, partidarios de que también desde las trincheras secesionistas haya un cambio de discurso. Y aunque las realidades vasca y catalana sean diferentes –muy atrás quedan las alianzas estratégicas entre PNV y CiU–, lo cierto es que sectores convergentes no pueden evitar mirarse en el espejo negociador de Urkullu, mientras en Cataluña, sigue el bloqueo.

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, y la líder catalana de Ciudadanos, Inés Arrimadas, aseguraron el miércoles, tras su reunión con la vicepresidenta, que el cambio de actitud del Gobierno español respecto al problema catalán es evidente. Un ejemplo de ello tuvo lugar el pasado 6 de diciembre, cuando los independentistas redoblaron sus demostraciones de desobediencia abriendo decenas de municipios sin apenas repercusión mediática, debido en parte a la decisión del PP de no judicializar preventivamente ese incumplimiento festivo, tal como ocurrió el 12 de octubre en Badalona (Barcelona). Esa rectificación, que corrige errores pasados, marcó un cambio de tendencia, aunque todavía no se puede decir que el PP haya pasado a la acción.

Crisis en CDC ante el regocijo de ERC

Lo hará después de la conferencia de presidentes autonómicos, a la que Puigdemont no quiere ir. Sería absurdo que el presidente Mariano Rajoy hiciera concesiones con Cataluña antes de que se formalice el plante del presidente secesionista. Tampoco después, bajo la óptica de quienes exigen un escrupuloso equilibrio territorial –una parte del PP y, especialmente sus socios de Ciudadanos en esta legislatura–. Pero como dijo recientemente el presidente de la patronal Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellà, los dos problemas más grandes que ahora tiene España son el déficit y Cataluña. Dos asuntos que, curiosamente, están ligados a la comunidad catalana, pues la Generalitat ha denunciado en diversas ocasiones el injusto “límite del déficit” que impone el Estado.

No obstante, desde el Gobierno catalán se insiste en que una mejora de la financiación no anula ni sustituye el proceso secesionista. Pero el citado órdago de la vice está acentuando la crisis interna existente en CDC, donde la vieja guardia de Artur Mas rechaza el fervor secesionista de Puigdemont, mientras que ERC gana la batalla mediática con gestos de buena voluntad a través del vicepresidente del Gobierno, Oriol Junqueras. Justamente, el próximo en despachar con Santamaría.