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Fotografía facilitada por la Generalitat de su presidente, Quim Torra (3i), escuchando la intervención del expresident Carles Puigdemont (c) en el acto de recibimiento de Puigdemont a Waterloo tras su retorno de Alemania

Puigdemont busca un cara a cara con Sánchez desde Waterloo

El 'presidente legítimo' del Govern inicia su campaña de erosión contra el líder del Ejecutivo español, a la espera de acontecimientos tras el verano

6 min

Carles Puigdemont mueve una pieza en el tablero de ajedrez. Ha vuelto triunfal a la llamada Casa de la República, en Waterloo, el centro de operaciones del "Gobierno catalán en el exilio". Y él, que asume la figura de presidente legítimo, para el reloj y le cede el turno al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que no entraba en sus planes iniciales de huida hacia delante. En este pulso, ya ha reunido al Govern y al Govern legítimo en Bélgica. Mucho simbolismo.

Puigdemont ya es libre para moverse por Europa (con excepción de España). Su destino tras los cuatro meses en Alemania es Bruselas. A la capital comunitaria ha llegado reforzado, con ganas, más todavía, de pelear por la independencia hasta el final. Quiere el continente a sus pies, cual Napoleón, y, aunque ningún Estado miembro le hace caso, con la justicia (en Europa) no le va mal.

A falta de Rajoy...

Pero quiere más. La libertad que ha conocido y que conoce no le parece “suficiente”. Y manda mensajes por vía aérea y terrestre a la Moncloa. El objetivo es el de siempre, la independencia, pero quiere hacerlo dialogando con Madrid, en una llamada mesa de negociación. Para ello prefería tener enfrente al PP, a Mariano Rajoy, a sabiendas de la imposibilidad de la reunión. Ideal para su relato y para su lucha. Pero ahora está Sánchez, y el expresident ha comenzado la erosión.

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Carles Puigdemont, a los Napoleón / FARRUQO

Puigdemont presionó para que el PDeCAT se abstuviera en la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez. No lo logró. Y le ha costado el puesto a Marta Pascal. Así, el estratega (sobre la marcha) de Amer mueve sus piezas para debilitar a Sánchez. Para empezar, el PDeCAT ha sido uno de los responsables del primer revés del Gobierno del PSOE, en relación con el techo de gasto.

Nada es gratis

Pero Puigdemont, que no quería el cambio de presidente, quiere ahora sacar provecho a esa ayuda de su partido a Sánchez; cobrársela. “No tiene un cheque en blanco”, dijo en Bruselas; “si uno recibe los votos para la investidura, lo normal es que se esfuerce un poco para seguir contando con este apoyo”, añadió. Al parecer, el asunto no iba solo de echar a Rajoy.

Por ello, Puigdemont exige a Sánchez que, tras el verano, tras el “periodo de gracia”, el presidente aporte su “receta” para con Cataluña, y que “ilumine un poco” la situación. ¿Qué ocurre? Que el simple diálogo (la “negociación”) tampoco es gratis. Hay una exigencia: la libertad de los políticos presos, porque “no hay motivo para que sigan en las prisiones”. Es un problema “político”, insiste.

Octubre, a la vuelta de la esquina

El expresidente catalán emplaza a Sánchez a después del verano. Será entonces cuando se viva una nueva Diada independentista, y a la espera de que comiencen, en octubre (un octubre en el que Torra ya ha avisado​ que se dedicarán a recordar el 1-O y sus "porrazos", y la DUI del 27-O), los juicios contra los investigados por el procés. El separatismo puede hacer entonces mucho ruido y presionar más a un Sánchez debilitado.

El presidente del Gobierno tiene el apoyo de 84 diputados, pero quizá no de todo su partido si va más allá de lo que el conjunto del PSOE considera razonable en el diálogo con los nacionalistas catalanes. Ciudadanos y el PP están claramente enfrente, mientras que Podemos tiene la certeza de que cuanto más tiempo aguante en el poder, mejores perspectivas electorales. Isabel Celaá habló quiza demasiado rápido de que las elecciones inmediatas no son descartables, una proximidad que ha sido cuestionada por el propio Sánchez.

Y es que los “deberes” los tiene Sánchez, que ha llegado al poder con ganas de mucha gesticulación, pero, por ahora, sin intención de dar el brazo a torcer con el separatismo. Ley, ley y ley. En cuanto a Puigdemont, tiene la fuerza del independentismo, de sus fieles, de sus votantes y, ahora, de los tribunales europeos, que no de los estados. Avanza. Pero, cuidado, porque se encuentra en Waterloo, el mismo lugar en el que Napoleón hincó la rodilla tras todas sus victorias.