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¿Rectificará ahora el independentismo?

Puigdemont trata de bloquear también la política española

El empeño de JxCat de presentar a un candidato que no puede ser investido prolonga el 155 y mantiene el rechazo del PNV a apoyar los presupuestos de 2018

Manel Manchón / María Jesús Cañizares
15.03.2018 00:00 h.
7 min

Todo bloqueado. También la política española. El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont se niega a ofrecer una salida que permita la formación de un gobierno en Cataluña, lo que deja a Mariano Rajoy en una situación complicada, porque el 155 se mantiene en vigor, y, con ello, el PNV mantiene su rechazo a negociar y aprobar los Presupuestos Generales del Estado de 2018.

La opción de Puigdemont, como expresó ante los diputados de Junts per Catalunya en Bruselas, es ganar tiempo con la candidatura de Jordi Sànchez, a pesar de que el juez Pablo Llarena le impide salir de prisión para la elección en el Parlament. No hay otro candidato, ni tampoco lo que esperan Esquerra Republicana y el PDeCAT, que deje su acta de diputado para no depender de los cuatro electos de la CUP.

Las actas de Puigdemont y Comín

La reunión en Bruselas constituyó otro nuevo acto de propaganda de Puigdemont, con el portavoz de la lista parlamentaria, Eduard Pujol, ejerciendo como una especie de primer ministro, al felicitar a Angela Merkel por haber llegado a un acuerdo de gobernabilidad con el SPD. No hubo respuestas, no se ofreció ninguna salida.

Las direcciones de Esquerra y del PDeCAT mantienen una cierta calma y siguen el guion de Puigdemont. Pero se trata de una posición retórica, porque lo que se pide es la formación de un gobierno efectivo. Eduard Pujol insistió en que “habrá gobierno”, y que se podrá compaginar el doble objetivo de un gobierno que “gobierne” al frente de la Generalitat y un presidente “restituido” que siga en Bruselas.

Pero en el caso de que Sànchez pudiera ser elegido, sería necesario que la CUP votara a favor. Y la fuerza anticapitalista ya ha manifestado que no variará su posición, que pasa por una abstención. En ese caso, sólo la renuncia de Puigdemont a su acta de diputado, y también la de Toni Comín, posibilitarían una mayoría de sies frente al rechazo de la oposición en una segunda vuelta en la votación de investidura en el Parlament.

En manos del Tribunal Constitucional

¿Qué quiere, por tanto, Puigdemont? Mantener la tensión con el Gobierno de Mariano Rajoy y esperar a que sean el propio Ejecutivo español o el Tribunal Constitucional los que encuentren una vía de salida. O bien Rajoy convoca nuevas elecciones a través del 155 –discutible, porque todavía no se ha producido ninguna votación que active el calendario—, o el Constitucional se pronuncia sobre el recurso de amparo que presentó el PSC para que diga si ha comenzado a correr el reloj o no y se puede esperar a que, cuando se traspase el tiempo de dos meses desde que el presidente del Parlament, Roger Torrent, convocó el primer pleno, se marquen nuevas elecciones de forma automática.

El efecto, por ahora, es que la política catalana está bloqueada, pero también la española, porque Rajoy necesita aprobar unos nuevos presupuestos para iniciar una etapa de reformas, de inversiones y para aprovechar el propio crecimiento económico que vive España. Al contrario de lo que sostiene el independentismo, Rajoy quiere que el 155 pase a la historia, con un nuevo gobierno catalán. A todos sus interlocutores les repite, venga o no a cuento, que “es muy duro haber cesado a un gobierno democrático”. Le pesó la medida, y quiere que se pueda derogar. Pero, por ahora, Puigdemont mantiene la cuerda con la máxima tensión.

ERC ni siquiera habla de las negociaciones

Es lo único que les queda a los nuevos convergentes: escenificar un pulso que, en realidad, esconde la falta de planes alternativos. Fuentes republicanas bromean respecto a la posible existencia de planes b o c. Porque, aseguran, ni siquiera hubo un plan a, dada la ausencia de un proyecto de gobierno consensuado, no ya con la CUP, a quienes iban dirigidos el domingo los llamamientos a la unidad de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), sino a la propia ERC. Del bloqueo existente en esas conversaciones da cuenta el hecho de que, el pasado lunes, los dirigentes republicanos ni siquiera hablaran de la investidura en su reunión semanal. Dedicaron el encuentro a a las palabras machistas del ex secretario general de Hacienda Lluís Salvadó

El propio Eduard Pujol reconocía en su comparecencia ante los medios que las negociaciones no están cerradas. Que casi tres meses después de las elecciones del 21D no lo estén dan fe de la situación en la que se encuentran los independentistas, que han protagonizado extrañas alianzas.

Mientras Puigdemont y su entorno neoconvergente se dejan seducir por la desobediencia que exigen los antisistema, PDeCAT y ERC no se mueven de sus posiciones favorables a un gobierno estable desde el primer momento. El partido coordinado por Marta Pascal y la formación liderada por Oriol Junqueras coinciden en cuestionar el espectáculo belga del expresidente. Así, tanto JxCat como la CUP parecen estar dispuestos, incluso están provocando, la repetición de unas elecciones catalanas. Dicho de otra manera, se arriesgan a quemar todas sus naves para presentarse como los guardianes de las esencias secesionistas. Es muy posible que el TC ponga en marcha el reloj de la investidura, única salida aparente al bloqueo catalán.

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