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El candidato del PSC y ministro de Sanidad, Salvador Illa, junto al primer secretario del partido, Miquel Iceta / EFE

El PSC esperará a oír al TSJC para decidir si recurre la suspensión electoral

Los socialistas catalanes apuestan por la "prudencia" ante las críticas de los independentistas pero insisten en que el aplazamiento del 14F es injustificado y partidista

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“Prudencia y cautela”. Así definen fuentes socialistas la estrategia que aplicarán en los próximos días ante la decisión del Govern de suspender las elecciones autonómicas del 14F. El PSC no se quedará de brazos cruzados ante lo que considera un “despropósito”, pero tampoco quiere elevar el tono de la confrontación con los partidos independentistas. Y menos aún tras apostar por Salvador Illa como candidato, entre otros motivos, por su talante conciliador y constructivo.

Así las cosas, el PSC no recurrirá de momento el decreto de cancelación de los comicios --y su aplazamiento, al menos, hasta el 30 de mayo--, aunque no descarta cambiar de opinión tras analizar todos los argumentos jurídicos y ver la posición del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

A la espera del TSJC

Este lunes se han presentado varios recursos por parte de organizaciones --como Federalistes d’Esquerres, Lliga Democràtica, Izquierda en Positivo e Impulso Ciudadano-- y particulares ante el TSJC contra el decreto del Govern de suspensión de las elecciones. A los que pueden añadirse otros esta semana.

Fuentes cercanas a la dirección del PSC insisten en que prefieren “esperar” a ver la respuesta del tribunal a las medidas cautelarísimas solicitadas antes de tomar una decisión. El TSJC tiene 48 horas para pronunciarse, pero es posible que lo haga este mismo martes.

“El trabajo sucio”

Pese a todas las cautelas, los socialistas no han podido evitar los ataques de las principales entidades independentistas, que han acusado a los primeros de estar detrás de los recursos y de hacerles “el trabajo sucio”. Una supuesta maniobra que tanto el PSC como las asociaciones implicadas han desmentido rotundamente.

En todo caso, la portavoz de ERC, Marta Vilalta, ha considerado que las impugnaciones son “un 155 encubierto aprovechando la pandemia”. Mientras que la vicepresidenta de JxCat, Elsa Artadi, ha asegurado que la formación “le ha cogido gusto a esto del autoritarismo y del 155”. Dos argumentos en la misma línea. 

“Razones electoralistas”

De lo que no tienen ninguna duda en la sala de máquinas de los socialistas catalanes es de que la anulación del 14F responde únicamente a “razones electoralistas y partidistas” de ERC y JxCat. Están convencidos de que los malos resultados en las encuestas han sido el verdadero detonante de la decisión.

Y las pruebas que confirman esta sospecha son --en opinión del PSC-- el propio decreto de aplazamiento firmado por el Govern y el informe de la Consejería de Salud trasladado la semana pasada al Parlament. En el primer caso, consideran inaudito que no invoque ningún criterio sanitario objetivo. Y del segundo, destacan que las previsiones apuntan a que esta semana se alcanzaría el pico de contagios, a partir del que la curva comenzaría su descenso. Es decir, que solo haría falta retrasar la fecha electoral apenas unas semanas --y no tres meses y medio-- para garantizar un escenario razonablemente seguro.

PP, Cs y comuns

Por otra parte, en el PSC tampoco ha sentado bien que el PP, Cs y los comuns “les hagan el juego” a los independentistas al apoyar el retraso de las elecciones y dejarles solos en esta batalla.

Sin embargo, fuentes socialistas estiman que esta circunstancia impide al independentismo apelar al discurso de que se trata de “un nuevo ataque de España contra Cataluña”. Además, valoran muy positivamente el rechazo de los principales sindicatos y patronales al aplazamiento electoral, aunque no lo lleven ante la justicia.

“Otro año perdido”

En la cúpula del PSC no descartan que, si no lo evitan los tribunales, la postergación de la cita electoral acabe permitiendo al Govern, prácticamente, agotar la legislatura.

En todo caso, el retraso supondrá “otro año perdido” para Cataluña, con una nueva prórroga presupuestaria y un Govern sin control parlamentario efectivo --la Diputación Permanente tiene un margen muy limitado-- en una etapa fundamental en la que, entre otros desafíos, se debe afrontar la gestión de los fondos europeos de reconstrucción.