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Pere Martí Colom, Joan Maria Piqué, Jaume Clotet y Martí Estruch / FOTOMONTAJE DE CG

La propaganda ‘indepe’ saca la artillería tras los atentados: ¿Error o acierto?

Los expertos creen que los 'dircom' deben tener un protagonismo limitado en las redes y aclarar si su opinión es personal o institucional porque, recuerdan, cobran sueldos públicos

6 min

El proceso secesionista y los recientes atentados terroristas se han convertido en un cóctel explosivo en las redes sociales, donde abundan mensajes con clara intencionalidad política. Twitter ha sido escenario en los últimos días de intensas polémicas que, curiosamente, están protagonizadas por los dircom de cargos institucionales. Desde el jefe de prensa de Carles Puigdemont sacando pecho de la diplomacia catalana, hasta el exembajador de la Generalitat en Alemania --actualmente trabaja para Diplocat-- asegurando que el Estado "prefiere poner en peligro vidas".

Dicho de otra manera, los jefes de prensa se muestran a menudo “más papistas que el Papa”. Tres expertos en comunicación analizan para Crónica Global ese fenómeno, así como sus consecuencias.

El asesor Antoni Gutiérrez-Rubí considera que “en nuestro contexto inmediato, no estamos acostumbrados a que los jefes de prensa sean portavoces, por eso nos choca su presencia en las redes. Son voceros y cuando utilizan las redes sociales, sus opiniones adquieren una dimensión pública”. Entiende que los dircom “digan cosas más allá de lo políticamente correcto, pero es necesario hacer un uso inteligente de las redes”. En este sentido, Gutiérrez aconseja a estos profesionales un “protagonismo limitado y contenido”. Y, sobre todo, que dejen claro si sus opiniones “son personales o institucionales. Es bueno que los aclaren tantas veces como sea posible para evitar malos entendidos”.

El polémico twit de Pere Martí, jefe de prensa de Carles Puigdemont / CG

El polémico tuit de Pere Martí, jefe de prensa de Carles Puigdemont

En este sentido, cree difícil que los ciudadanos puedan distinguir entre reflexiones oficiales y personales. “Lamentablemente, los matices no son valorados, pero son importantes”. Gutiérrez-Rubí explica que “nuestro trabajo como asesores consiste en hacer pedagogía. La contención es importante”.

"Comentarios sectarios"

El profesor de la Universitat Ramon Llull y experto en comunicación política, Jaume Risquete, se muestra muy crítico con los comentarios “sectarios” de algunos jefes de prensa “cobran sueldos públicos”, pues “aunque digan que sus opiniones son personales, se les tiene que exigir prudencia y responsabilidad. No deben alimentar incendios”.

Risquete contextualiza esa propaganda en las redes en “un cambio de paradigma en la relación entre el político y el ciudadano, que ya no pasa por el filtro del periodista, que ha perdido su condición de gatekeeper. El cargo público tiene ahora “un ejército de activistas que pueden saltar a la yugular en las redes. Por eso, un jefe de comunicación puede generar ruido, pero no olvidar por ejemplo que el presidente de la Generalitat no solo gobierna para los independentistas”. Respecto a si esa agitprop ejercida en las redes perjudica o no al dirigente político, el profesor afirma que "hay políticos con mucho ego y vanidad que dan prioridad a que se hable de ellos, aunque se hable mal".

Miedo a meter la pata

El profesor, consultor y periodista Manuel Moreno, experto en redes sociales, considera que es el político el que debe decidir si quiere un portavoz con voz propia o utilizar él mismo las redes sociales. O ambas cosas. “Es algo muy dispar, pero lo que sí denoto en general es que existe miedo a meter la pata en las redes sociales porque los errores se magnifican”. Moreno subraya el hecho de que los políticos están bajo el foco mediático “las 24 horas del día” y “todo lo que dicen se convierte en noticia”. Por eso, cuando se producen grandes polémicas “se esperan consecuencias que después no llegan”.

El especialista en periodismo 2.0 aconseja a los responsable de prensa de los cargos políticos “una actitud honesta y transparente”. Y, especialmente, “mucha prudencia porque es peligroso jugar con las redes sociales. Ahora es muy fácil contrastar”. “La falta de neutralidad –añade— se magnifica en las redes. Un cargo institucional no debería posicionarse como lo haría en la barra de un bar”.