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Pere Aragonés, en las inmediaciones de la sede de ERC tras conocer que su partido ha empatado en número de escaños con PSC / EP

Presión sobre ERC por la fecha de la independencia

Aragonès da prioridad al pacto con JxCat, que exige concretar otro referéndum; Illa y los comuns hurgan en la división de los republicanos, pero en Palau se da por hecho un gobierno secesionista

7 min

Un gobierno en marzo o repetición de elecciones en julio. Subir nota en unos nuevos comicios es una tentación para los tres partidos ganadores de las elecciones catalanas del 14F. Pero también un riesgo. ERC y Junts per Catalunya (JxCat) son conscientes de ello pues, a pesar de un aumento de la abstención transversal, saben que en verano, con una tasa de remisión del coronavirus y la experiencia del domingo, el PSC podría aumentar todavía más sus resultados. De ahí que sobre los republicanos exista una triple presión. La del independentismo, que apela a la superación del 50% de los votos. La de las fuerzas de la izquierda, que reprochan a Pere Aragonès sus preferencias por un partido con postulados ultraliberales --a Joan Canadell, número tres de la lista de JxCat, se remiten-- y a una repetición electoral que, en el fondo, nadie desea, pero que puede ser utilizada como arma de negociación.

En esa traición a la ideología progresista hurgan el socialista Salvador Illa, ganador de las elecciones en votos, aunque empatado en escaños (33) con ERC, y la candidata de En Comú Podem, Jéssica Albiach. A pesar de la falta de sintonía entre Aragonès y Albiach --las diferencias se remontan a la época del gobierno tripartito, donde las disputas entre ERC e ICV eran notorias--, la dirigente de los comuns sigue defendiendo un tripartito de izquierdas. Pero el veto cruzado entre Illa y Aragonès se mantiene. Y ambos han anunciado que se presentarán a la investidura de presidente de la Generalitat.

 

 

ERC quiere un gobierno "cuanto antes mejor" incluyendo a comuns / EP

"Muchos cargos a repartir en Palau"

De la presión secesionista se encarga Laura Borràs, presidenciable efectiva en ausencia del cabeza de lista Puigdemont. Asegura que no hay líneas rojas para negociar con Aragonès. Y que tampoco tienen inconveniente en que el republicano sea presidente. En Palau dan por hecho un gobierno secesionista y el intercambio de carteras, por primera vez decididas por ERC. “Hay muchos cargos que repartir. Tienen asumido que ERC y Junts se repartirán el pastel. El tripartito con PSC fue para echar a CiU. Y quien realmente inhabilitó a Artur Mas fue la CUP”, explican un alto cargo de la Generalitat.

Pero la neoconvergente pide concreción en la hoja de ruta para implementar la república catalana. Y es ahí donde se puede tensar la cuerda. En este último curso parlamentario, cuando Quim Torra anunció la celebración de un nuevo referéndum de independencia, Esquerra montó en cólera y tanto Aragonès, como Meritxell Budó --la convergente todavía no se había sumado oficialmente al equipo del fugado a Waterloo-- pidieron explicaciones al entonces presidente.

Hacia una nueva DUI

Borràs, afín a Torra --quien no pudo restituirla como titular de Cultura y, mucho menos, como consejera jefe en el último pulso con Puigdemont-- quiere fijar la fecha de la independencia. Exigir la amnistía y la autodeterminación son el denominador común de JxCat, ERC e incluso la CUP, que en un arrebato de posibilismo, aplazó la ruptura hasta 2030, consciente de que los pasos dados hasta ahora no han funcionado. Pero no es suficiente para Puigdemont y Borràs, que ha prometido a lo largo de la campaña avanzar hacia una nueva declaración unilateral de independencia (DUI).

ERC confía en que JxCat no tense tanto la cuerda hasta el punto de imposibilitar un acuerdo. Aunque esas mismas exigencias servirían de excusa a los republicanos para poner proa rumbo a una alianza de izquierdas. Que la fiscalía, identificada por el secesionismo como uno de los poderes fácticos del “Estado opresor”, haya recurrido el tercer grado de los presos del 1-O no ayuda a ese acuerdo. Tampoco el veto de Illa a una formación que mantiene sus postulados separatistas facilita las alternativas a ERC. Por ello, Aragonès ya ha designado a su equipo negociador, que abrirá contactos con JxCat, CUP y los comuns. Los socialistas quedan fuera de la ronda.

Las dos almas de ERC

Pero tanto el socialista como Albiach insisten en hurgar en las divisiones internas de los republicanos. Porque también en esta formación asamblearia hay dos almas. La más identitaria, integrada por Marta Rovira --a juicio de algunos dirigentes demasiado próxima a Puigdemont--, Sergi Sabrià, Roger Torrent o Josep Maria Jové, y la más predispuesta a abrirse a pactos con otras formaciones de la izquierda --también a nivel nacional--, como el propio Aragonès, Joan Tardà, Joan Manuel Tresserras o Gabriel Rufián, mientras Oriol Junqueras intenta conciliar ambos sectores.

Illa hace valer su victoria y no entiende otra combinación posible que no pase por su investidura. Descarta, lo dijo ayer, un gobierno de ERC y comuns, apoyado desde la oposición por los socialistas. “Contentos, pero prudentes” --ese es el estado de ánimo del PSC, según describe un miembro del partido--, los socialistas quieren hacer extensivo el efecto Illa al Parlament para convertirlo en escenario de ese pacto por el cambio. Illa negociará con todos, excepto con Vox, cuarta fuerza. Pero las sumas son imposibles. Y si el independentismo apela a ese 50% de los votos, Albiach invoca el aumento de la mayoría de izquierdas en el Parlament y su rechazo a participar en un ejecutivo con la derecha divisiva de JxCat, como quisiera ERC.

Todo está abierto.