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Debate de candidatos al 28A organizado por 'La Vanguardia' en castellano / EUROPA PRESS

El hostigamiento

17.04.2019 00:00 h.
7 min

La Vanguardia organizó el pasado 3 de abril un debate con los números 1 por Barcelona al Congreso. Moderado por el director Màrius Carol​, participaron Inés Arrimadas, Meritxell Batet, Jaume Asens, Cayetana Álvarez de Toledo, Laura Borràs y Gabriel Rufián. El debate contó con la presencia de público y pudo seguirse en directo por diversas plataformas digitales del Grupo Godó. Tres televisiones generalistas (TVE, La Sexta y TV3) realizaron conexiones en directo. Este amplio alcance es lo que buscaba La Vanguardia con el debate y para facilitarlo, decidieron hacerlo en castellano.

Vaya pecado que cometieron. Las criticas no tardaron en llegar empezando por una de las participantes, Laura Borràs, conocida por su extremismo. La candidata, firmante del tristemente célebre Manifiesto Koiné, se negó a debatir en castellano, y fue la única que habló en catalán durante el debate. En Youtube pueden escucharse sus intervenciones con subtítulos en castellano. Para la exconsejera de Cultura (sic), hablar la lengua “de los colonos” equivale a un menosprecio al catalán.

Twitter se llenó de usuarios que criticaban a La Vanguardia por haber pedido a los candidatos llevar a cabo el debate en español. Prácticamente todos apuntaban en la misma dirección que Laura Borràs: si hablas en castellano es porque odias el catalán. Una afirmación ciertamente demoledora, que en la práctica conduciría a no hablar nunca públicamente en castellano, so pena de devenir un destroyer del catalán​.

Dentro de la ebullición por el pecado cometido por La Vanguardia, sorprendió el mensaje de un tuitero ilustre, José Antich, que fue director del mismo periódico de 2000 a 2013 y ahora dirige El Nacional, un digital independentista pero dependiente, eso sí, de las puntuales y generosas subvenciones de la Generalitat. Antich, cuya lengua materna es el castellano, se escandalizó por el debate en esta lengua organizado por su antiguo periódico, acto que llega incluso a mezclar con la inmersión lingüística: "No vaig impulsar La Vanguardia en català per fer ara un debat electoral entre candidats per Barcelona en castellà. Això està passant i em sembla una vergonya. Com defensarem així l'escola en català? I la llengua pròpia a la vida quotidiana?".

En la misma línea, también ha recibido fuertes crítica otra acción de campaña pecaminosa lingüísticamente hablando: los videos de Youtube en castellano de Ada Colau, de los que hablamos en la anterior entrada. El hostigamiento al uso público del castellano entró en acción esta vez por boca de Antonio Baños, de lengua materna castellana al igual que José Antich, quien calificó a Colau de “quina senyora més cosmopaleta” en su cuenta de Twitter cuando supo del idioma de los vídeos. El neologismo de Baños nos muestra su propia confusión sobre qué significa grabar un vídeo en español por parte de un cargo institucional: hablar en castellano es querer hacerse el cosmopolita, sí, pero también, en realidad, si uno habla castellano, es un paleto. No hay por donde cogerlo. A Baños se unió Elsa Artadi, que se mostró horrorizada por los videos en castellano, “una forma de menospreciar el catalán”, declaró, siguiendo la ortodoxia.

Volviendo a la decisión de La Vanguardia de realizar el debate en español, es esta una cuestión de gran calado que vale la pena analizar por lo que nos enseña. La decisión es lógica desde un punto de vista utilitarista. Un debate en castellano de los números 1 por Barcelona es de alto interés informativo. Hacerlo en español y no en catalán ensancha enormemente el público potencial que puede seguirlo en directo. Es este un ejemplo de la gran utilidad de las lenguas mayoritarias, la cual es su mayor ventaja y la razón por la que hay tantos dispuestos a aprenderlas. Y es precisamente debido a esta gran utilidad de las lenguas mayoritarias, como el español, que se hace necesario una incentivación y promoción del uso del catalán, del euskera y el gallego. Si la coexistencia de dos lenguas se deja completamente al libre mercado, la lengua mayoritaria tiene todas las de ganar. Lo vemos también en la manera en la que el inglés es hegemónico en el actual mercado global abierto.

Sin embargo, esta reflexión sobre el criterio de utilidad aplicado a las lenguas y las consecuencias que de ello deberían derivarse para una política lingüística justa y eficaz es demasiado serio y realista para los Borràs, Antich, Baños o Artadi. Ellos prefieren el melodrama, la fantasía y la crítica facilona y frívola, crítica que, no obstante, no debe despistarnos. Bajo la aparente superficialidad, se esconde un objetivo muy bien definido: hostigar al que usa públicamente el castellano. La función de la crítica es no dejar olvidar nunca que, para quien manda, la lengua única de Cataluña es el catalán. Todo lo demás es pecado. Y los guardianes de la fe están al acecho para corregir al que se desvía. Este es el mensaje que les une a todos.

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