Menú Buscar
Elsa Artadi, Laura Borràs y Quim Torra, contrarias al bilingüismo en Cataluña, durante el acto de presentación de las candidaturas de Junts Per Catalunya / EFE

Gimnasia mental con las lenguas

22.04.2019 00:00 h.
8 min

Las campañas electorales conllevan una serie de ejercicios para los sufridos electores que yo, esta vez, no estoy dispuesta a asumir. Se acabó la gimnasia. Me he preparado para ello, he hecho mucha gimnasia en mi vida y las campañas exigen aún más. Y he dicho basta. No a más gimnasia mental.

Los primeros en querer que ejercitemos el músculo mental en ejercicios estrambóticos fue El País. En un editorial, del que hablamos en una entrada anterior, el diario afirma que las propuestas de Ciudadanos y el PP sobre el tratamiento del castellano como lengua vehicular no buscan la convivencia sino la confrontación con otras lenguas cooficiales. Resulta que si uno pide bilingüismo escolar está buscando confrontación. Pero si quiere mantener el actual monolingüismo, entonces está favoreciendo la convivencia. Pura gimnasia mental. Lo que sabía que tarde o temprano sucedería. El fantasma de Orwell se pasea con fuerza en las campañas electorales cuando se trata el tema de las lenguas. Y muchos otros también, es cierto, pero éste no falla nunca: jamás se debate de manera sensata sobre las lenguas. Todo a su alrededor es pura exigencia de gimnasia mental.

Pero esta vez me he preparado bien. Diré no cuando pasen cosas como estas, que pasarán hoy o mañana o en cualquier momento de la campaña: algún candidato/a constitucionalista probilingüismo señala en un debate el hecho de que todas las informaciones institucionales de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona están sólo en catalán. El español está desaparecido. Ante este hecho el candidato/a dice que estamos ante una exclusión del español. Pero, no, resulta que tal vez ha bebido más de la cuenta o no es capaz de interpretar la realidad con fidelidad. Porque pronto saldrá una Laura Borràs o un Gabriel Rufián a decirle que no, que lo que señala no es ninguna exclusión del español: al contrario, es una muestra de su inclusión. Cuando el candidato/a responde que una mejor inclusión del español se manifestaría con la presencia de esta lengua, junto con el catalán, resulta que está creando un problema donde no hay ninguno. ¿Exclusión del español, dice el candidato/a? De ninguna manera, se le responde. Inclusión, progresismo y democracia, esto quiere decir hacer carteles donde se finge que el español no existe en Cataluña.

Otro episodio frecuente de gimnasia mental es cuando un candidato/a constitucionalista probilingüismo afirma el dato objetivo de que la inmersión es una enseñanza monolingüe. ¿Monolingüe? De ninguna manera. La enseñanza en Cataluña es bilingüe, los alumnos aprenden ambas lenguas mejor que los alumnos y alumnos de Burgos. ¿Qué se ha tomado el candidato/a? Una Elsa Artadi o un Joan Mena saldrán pronto a puntualizar que las escuelas son bilingües, escrupulosamente bilingües. Y ¿cómo es eso?, pregunta nuestro candidato/a. Pues muy fácil, le responden: las dos lenguas de Cataluña están representadas en las escuelas haciéndolo todo en catalán. El catalán-only es la mejor manera de acoger el español, respetarlo y enseñarlo. El candidato se ha vuelto loco cuando dice que el español está excluido de las escuelas.

Una tercera conversación (sic) es la siguiente. El candidato/a constitucionalista probilingüismo explica que él o ella es partidario del bilingüismo en Cataluña. Que le gustaría tener instituciones bilingües y que las dos lenguas propias fueran valoradas y respetadas. Expresa su compromiso con la promoción del bilingüismo en Cataluña. Pero ¿qué dice el candidato/a?, pronto gritarán Pilar Rahola y Toni Soler en TV3. ¿Que el candidato/a está a favor del bilingüismo? ¿Que quiere la presencia y uso de las dos lenguas en las instituciones autonómicas y municipales? Esto no existe, le dirán, de forma severa, las dos estrellas televisivas independentistas. Estar a favor del bilingüismo no significa estar a favor del bilingüismo; significa odiar el catalán. Resulta que el candidato/a odia el catalán. Y no sólo eso: resulta que está a favor de la "supremacía" del español. Las estrellas susurrarán a su entregado público que a nuestro candidato lo que realmente le va es la superioridad del español y este y no otro es su interés real, oscuro, escondido.

Nuestro candidato/a argumenta que, si él o ella lo que quisiera fuera la "supremacía" del español, ya lo diría. Diría esto: quiero la supremacía del español. Pero si dice, soy probilingüismo, esto quiere decir que quiere la presencia de las dos lenguas en el ámbito público. Pues no, da igual lo que diga. Resulta que es un sectario y un facha. Resulta que defender el bilingüismo no es más que una pantalla para destruir el catalán. El candidato es un destroyer del catalán y no lo sabía.

Esta vez yo he dicho basta. Se acabó la gimnasia mental y cada vez que se nos quiera obligar a ello, diremos no. No a que el monolingüismo sea bilingüismo de verdad. No a que la mejor expresión del bilingüismo sea hacerlo todo en una sola lengua. No a que el bilingüismo que proponemos nosotros, o sea, emplear ambas lenguas, sea una forma de atacar una. No a que la vulneración de los derechos lingüísticos de los hablantes del español equivalga a una política lingüística inclusiva, progresista y democrática.

Esta vez no nos cogerán desprevenidos. Diguem no.

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información