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El catedrático de sociología Manuel Castells / EFE

¿Por qué Iglesias quiere al sociólogo Manuel Castells como ministro?

Castells ha defendido las protestas callejeras y reclamó “no demonizar” los actos violentos de octubre en las calles de Barcelona

6 min

El sociólogo Manuel Castells es el elegido por el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, para ser ministro de Universidades, si Pedro Sánchez lograr su investidura este martes. Castells, académico reconocido internacionalmente, experto en la sociedad de la información, se ha caracterizado en los últimos meses por un acercamiento a las protestas callejeras y a los actos que se produjeron en las calles de Barcelona el pasado mes de octubre, cuando se conoció la sentencia del Tribunal Supremo sobre el proceso independentista. Castells pidió “no demonizar” esas protestas, algunas de carácter violento.

Lo ha expresado en diferentes artículos en medios de comunicación, en La Vanguardia, donde colabora de forma habitual. Su análisis, que comparte Pablo Iglesias, es que esos actos en las calles se producen cuando las instituciones fallan, o tachan de “populistas” a los que protestan. Para Castells se ha producido “una regresión” de la autonomía catalana, desde la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de 2006, debido al anclaje de ese tribunal “en el nacionalismo español”.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, e Irene Montero en la sesión de investidura en el Congreso / EUROPA PRESS
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, e Irene Montero en la sesión de investidura en el Congreso / EUROPA PRESS

Vía de diálogo

Tras aquella decisión, y después de que el catalanismo derivase hacia el independentismo, el Estado, a juicio de Manuel Castells, no ha querido dialogar sobre nada. “Como reacción surgió un movimiento independentista espontáneo, al cual se apuntaron los partidos catalanistas por intereses electorales. Fueron desbordados por opciones políticas más coherentes, aunque pudieran considerarse utópicas, empujando al independentismo político a la organización de un referéndum fuera de las instituciones españolas. Fue pacífico y masivo, aunque sólo participó la mitad de la población. La represión fue violenta por parte del gobierno español, apoyado por la mayoría de los partidos y jaleado por muchos medios de comunicación”, señaló Castells en un artículo en La Vanguardia el 25 de octubre de 2019, justo después de las graves algaradas que se produjeron en las calles de Barcelona.

Castells quiere “comprender” ese fenómeno, y considera que en Cataluña una buena parte de la sociedad no cree que se viva en un Estado que garantiza las libertades democráticas, y, que, por tanto, se debe buscar una vía de diálogo. “¿No vivimos en un Estado que garantiza las libertades democráticas en la Constitución salida de la transición? Pues resulta que en torno a la mitad de la población de Cataluña no lo piensa así. Y que, hasta hace poco, más de tres cuartos de los ciudadanos eran favorables a la celebración de un referéndum en que se decidiera la estructura del Estado”.

Imagen de la violencia ejercida por los independentistas del CDR en Barcelona al final de 'manis' supuestamente pacíficas. Barbarie / EUROPA PRESS
Imagen de la violencia ejercida por los independentistas del CDR en Barcelona al final de 'manis' supuestamente pacíficas. Barbarie / EUROPA PRESS

Estado de derecho o derecho del Estado

Por ello, frente a las protestas que se produjeron en las semanas posteriores a la sentencia del Supremo, Castells se pronuncia con claridad: “Era de esperar la reacción que se ha producido, pacífica y masiva en su inmensa mayoría, violenta y minoritaria en algunos sectores radicalizados, como suele ocurrir en toda gran protesta social. Esta violencia es condenable éticamente y contraproducente políticamente. Pero hay que entenderla en lugar de demonizarla y tratarla como un problema de ‘orden público’. Porque si no se abordan las raíces de la violencia, resurgirá. Y las heridas profundas en la sociedad catalana harán ingobernable el Estado español”.

¿Salidas? Para Pablo Iglesias la salida es la que propone Castells, y la que él mismo ha buscado con su acuerdo con Pedro Sánchez. Tras considerar Castells, en el mismo artículo, que hay una generación en Cataluña que se siente traicionada “no sólo por el Estado español sino por los propios dirigentes del independentismo político”, lo que pide es negociación. Y se basaba en una opinión del semanario alemán Stern, que denunciaba la “incapacidad congénita de los políticos españoles para negociar, ni para una investidura de gobierno ni para encontrar fórmulas de solución para un conflicto que afecta fundamentalmente la convivencia en el país”. Para Castells “sin negociación el Estado de derecho se reduce al derecho del Estado”.