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Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se saludan el viernes a las puertas de la Moncloa / EFE

Los políticos presos, arma electoral contra el candidato socialista

Fuera de Cataluña, todo el mundo daba por descontado que el TSJC mantendría la fecha elegida al principio por la Generalitat para celebrar las elecciones autonómicas

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La salida de prisión de los políticos independentistas para participar en los mítines de cara al 14F es lo más destacable de la primera jornada completa de campaña electoral. No tanto por lo que dijeron –“lo volveremos a hacer”--, sino por el significado de su presencia en los escenarios políticos de estos días.

Los condenados por los hechos en torno al referéndum ilegal del 1-O son el único elemento en común que mantienen las fuerzas independentistas, que se han pasado un año matándose en los despachos de la Generalitat y que ahora compiten a la vista de todos por echar del poder o disminuir la representación parlamentaria de quien hasta ahora ha sido su socio, que probablemente lo seguirá siendo tras las elecciones del próximo mes.

Salida de ida y vuelta

La Generalitat ha autorizado la salida de la cárcel de este grupo de políticos a sabiendas de que el Tribunal Supremo volverá a denegar el tercer grado –ya lo hizo el 4 de diciembre-- cuando la fiscalía presente su recurso. Pero lo importante no es que vuelvan al presidio o que sigan en semilibertad, sino poder utilizar el nuevo encarcelamiento de los ocho presos que han salido contra el candidato socialista y ministro de Sanidad hasta hace unos días, como destaca Tomás García Morán en La Voz de Galicia.

Más allá de esta lectura inteligente de los movimientos de la Consejería de Justicia, en manos de ERC, en Galicia y el País Vasco no prestan demasiada atención a la extraña y aburrida campaña catalana. Ni siquiera destacan la decisión anunciada por el TSJC de mantener las autonómicas para la fecha del 14 de febrero como al principio había decidido la Generalitat; lo daban por descontado.

Lógicamente, las instituciones de cada territorio están a lo suyo, que en este caso es evitar que la pandemia les erosione demasiado. Alberto Núñez Feijóo rindió visita a Pedro Sánchez en la Moncloa el viernes, como cuatro días antes había hecho Iñigo Urkullu, que también se entrevistaba con el presidente del Gobierno después de revalidar su presidencia autonómica en julio del año pasado.

Ninguno de los dos tuvo la suerte de Isabel Díaz Ayuso, que logró que fuera el presidente del Gobierno central quien se desplazara hasta su casa para mantener una entrevista rodeados de banderas españolas.

Una ley de pandemias

Pues bien, el presidente de la Xunta trató de aprovechar el viaje, con escaso éxito --todo hay que decirlo-- para publicitar su propuesta de una “ley de pandemias” que pondría en manos de la Administración central todo tipo de medidas profilácticas sin necesidad de recurrir al estado de alarma, un trámite que su propio partido, el PP, ha aprovechado reiteradamente para apretar las clavijas a Sánchez hasta la extenuación.

Tanto el presidente del Gobierno como la nueva titular de Sanidad, Carolina Darias, han declinado la invitación, como han hecho con la propuesta de varias autonomías de adelantar el toque de queda a las ocho de la tarde. El Gobierno sigue pensando que las comunidades autónomas ya disponen de instrumentos legales para establecer algo semejante al confinamiento, aunque comprende que traten de quitarse de encima medidas tan impopulares para que sea Madrid quien las asuma.