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El presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, y el diputado de la CUP Antonio Baños, en el Parlament

Podemos y sus resultados del 20D pesaron en el “no” final de la CUP  

 Los antisistema, que estaban condenados al cisma, han optado por el daño ideológico menor

María Jesús Cañizares
3 min

Los resultados de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre han sido determinantes en el “no” definitivo de la CUP a Artur Mas. Curiosamente, la política española ha cargado de argumentos a la formación independentista para que, finalmente, el alma social de los antisistema se haya impuesto a la soberanista. Pero hubo un tiempo no demasiado lejano en el que la correlación de fuerzas internas fue otra.

La dinámica asamblearia de la CUP ha provocado momentos surrealistas en estos tres meses de negociaciones y cónclaves, pero también ha sido un instrumento muy útil para que la actual dirección de los antisistema, contraria a Mas, ganara tiempo y venciera finalmente la resistencia de los representantes territoriales favorables a la investidura.

Reuniones a espaldas de Mas

El objetivo, explican fuentes conocedoras de las negociaciones, es que no hubiera una decisión antes de las elecciones generales. De hecho, los líderes de la CUP habían mantenido reuniones con ERC y Catalunya Sí Que Es Pot –la marca catalana de Podemos- a espaldas de Mas, con la finalidad de explorar alianzas más amplias que difuminaran ese apoyo de la CUP a un dirigente liberal, identificado con los recortes y la corrupción de Convergència. En paralelo, los sondeos de intención de voto ya apuntaban a la victoria de Podemos en Cataluña el 20D.

Así fue. Confirmado el viraje, tanto en la comunidad catalana como en el resto de España, hacia una izquierda que asegura venir con un referéndum bajo el brazo, la CUP logró la mejor coartada para renegar para siempre de aquel abrazo con Mas protagonizado por David Fernández tras la consulta del 9N –otros tiempos, otros liderazgos-. El cisma resultaba inevitable, pero la CUP ha optado por el daño ideológico menor. "Resulta más fácil argumentar el “no” a Mas que el apoyo a un líder identificado con los peores hábitos de lo que ellos tildan de vieja política", explica a Crónica Global un miembro de la candidatura de Junts pel Sí.

Hacia un tripartito

No obstante, la pelota vuelve a estar en el tejado de Junts pel Sí, dado que la CUP ha pedido de nuevo la cabeza de Mas y hay margen hasta el viernes para llegar a un acuerdo, pues el plazo máximo para investir un candidato acaba el día 9.

En el supuesto de que no haya un candidato alternativo, se abre un período de tres meses hasta las nuevas elecciones de marzo en el que los antisistema pueden curar sus heridas internas y rearmarse electoralmente. Exactamente igual que ERC, que también necesita reencontrarse consigo misma ante los primeros ruidos de sables. Ambas formaciones tienen una “enemiga” común, Ada Colau, con muchas posibilidades de dar el salto a la política autonómica. Y también de convertirse en aliada en un posible tripartito de izquierdas, mientras Convergència, abandonada por el resto de partidos, asiste a su desesperada refundación ¿final?