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Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.

Podemos dice ahora que el referéndum catalán no es una ‘línea roja’

Mariano Rajoy capea las críticas del resto de candidatos sobre los casos de corrupción que salpican el PP por los que piden su cabeza

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El proceso independentista catalán no se coló como materia de discusión en el gran debate hasta casi dos horas después de que Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias empezaran a discutir. Lo hizo por alusión directa de los moderadores y con los presidenciables ceñidos a los discursos que han defendido hasta la fecha.

El líder de Podemos fue el único que añadió, en pleno intercambio de opiniones, un nuevo elemento al asegurar que la celebración de un referéndum, el gran escollo para facilitar la investidura del líder socialista hace meses, no era condición sine qua non para conformar el Ejecutivo.

“En la negociación de un Gobierno nunca hay líneas rojas”, respondió al periodista de A3 Vicente Vallés cuando le preguntó directamente sobre el requisito defendido. Iglesias relató que la formación morada tiene claro cuál es su opción preferida “pero estamos de acuerdo en escuchar otras opiniones mejores”.

A continuación, añadió que cualquier reforma de la Constitución debe ser sancionada por el conjunto de los españoles.

Rajoy, en la diana

El PSOE defendió por enésima vez la reforma constitucional para introducir el federalismo en España. Ciudadanos tender puentes de diálogo con la reformulación de determinadas normas, especialmente en materia de financiación; y Rajoy hizo gala de la política emprendida hasta la fecha por el PP para asegurar la unidad de España.

Aparcada la cuestión del referéndum de autodeterminación, Iglesias y Sánchez se unieron al manifestar que la falta de diálogo de los populares había derivado en una “fábrica de independentistas”. Hasta aquí el ir de la mano. Las discrepancias entre ambos partidos surgieron de nuevo y llegaron al extremo de discrepar sobre si Colau es independentista o no.

Corrupción, un mal trago para Rajoy

El grueso del debate sobre la regeneración democrática, en el que se incluyó con calzador el derecho de autodeterminación, se centró en la corrupción. Y aquí PSOE y Ciudadanos --Podemos se quedó un buen rato al margen de la discusión-- le hicieron pasar un mal rato a Rajoy. Pero el presidente en funciones, tal y como había avisado, llegó al plató de televisión preparado y pudo capear las críticas.

Negó haber recibido sobresueldos en negro de Bárcenas, eludió entrar al trapo sobre la decisión de mantener a la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en la diputación permanente del Senado para mantener la condición de aforada y recordó que él no está imputado por ninguna de las causas judiciales que afectan al PP, por lo que incluso según la vara de medir de los partidos en la oposición no debería renunciar a su cargo.

La gran coalición pasa por su renuncia

Le exigieron por activa y por pasiva responsabilidades por todo ello. Rivera (que fue el único que hizo alusión a Venezuela al acusar a Iglesias de haber recibido financiación para su fundación afín del Gobierno de Caracas) incluso dejó sobre la mesa que la gran coalición que muchos esperan --incluso en las filas del PP-- tras el 26J pasa indispensablemente porque Rajoy abandone la primera línea política y deje paso a las “personas muy preparadas que hay en el PP”, en palabras del presidenciable de Ciudadanos.

Pero el líder conservador esquivó los dardos y los silenció con una consideración final: “Es el conjunto de los ciudadanos quienes deberán elegir quién se va”; y aquí, tenía las de ganar. El PP fue el partido más votado en diciembre y todas las encuestas apuntan a que mantendrá la condición el 26J.