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El presidente Pedro Sánchez, en el anuncio de la nueva prórroga, en la Moncloa

La pirueta de Sánchez para acabar la legislatura

El presidente del Gobierno tiene ahora más apoyos que cuando se inició la crisis sanitaria, con los empresarios de nuevo en la mesa del diálogo y ERC con ganas de ser visible

8 min

¿Está acorralado el Gobierno de Pedro Sánchez? El caso del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que aprovechan con contundencia el PP y Vox, puede erosionar al Ejecutivo, pero la última pirueta del presidente es ilustrativa: la sexta prórroga del estado de alarma, la última y definitiva, se saldó este miércoles en el Congreso con 177 votos a favor, y con 153 en contra, los que suman el PP, Vox, y los independentistas catalanes de JxCat y la CUP, además del voto en contra de Joan Balldoví, de Compromís. Es decir, el apoyo más grande desde el inicio de la crisis sanitaria, que llevó a la primera declaración del estado de alarma el 14 de marzo, mientras que las abstenciones de ERC o Bildu significaron, de hecho, votos a favor.

Esa mayoría, en la que Sánchez recupera en gran medida los apoyos de la investidura, incluye a Ciudadanos, con sus diez diputados, que ha decidido un giro en su estrategia con un objetivo: ser útil en el Congreso, hacer visibles esos diez escaños, y acordar aquellas cuestiones que se entiendan de interés general, que pueden ser rentables para un electorado de centro-liberal. Y en esa misma tesis está Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que dio muestras este miércoles de haber roto de forma definitiva la ligazón con Junts per Catalunya (JxCat), con una frase de su diputado, Gabriel Rufián, que tendrá en los próximos meses una lectura interna en Cataluña: “No somos los criados de nadie”, con la intención de negociar, pactar y votar en el Congreso de forma autónoma, al margen del Govern de la Generalitat, que todavía preside Quim Torra.

El diputado de ERC, Gabriel Rufián, durante su intervención en el Congreso
El diputado de ERC, Gabriel Rufián, durante su intervención en el Congreso

¿Vox, con Álvarez de Toledo?

Los socialistas quieren ser prudentes, pero señalan ahora esa capacidad de maniobra de Sánchez, con una idea de fondo, y es que la mayoría de fuerzas políticas no podrán en el próximo año quedarse descolgadas de lo que impulse el Gobierno español. Hay muchas cuestiones en juego: la gestión de los ERTE; los fondos que puedan llegar de la Unión Europea y su gestión por parte de las comunidades autónomas; el ingreso mínimo vital y el posible traspaso, también, a los gobiernos autonómicos; o la distribución de material sanitario, que puede llegar --sin condicionalidad-- a través de los recursos del MEDE.

En esa tesitura, ¿se pretenderá echar al Gobierno, con una campaña de acoso y derribo? Sólo el PP y Vox parecen interesados en apretar el acelerador en esa dirección pero, en el caso de los populares, fuentes del partido señalan que las elecciones gallegas serán decisivas. Si Alberto Nuñez Feijóo gana con comodidad, querrá hacerse escuchar y la primera víctima debería ser Cayetana Álvarez de Toledo, la portavoz parlamentaria, que tiene ya grandes enemigos en sus propias filas por el tono y la agresividad que utiliza. De hecho, en el PP no salen de su asombro al comprobar cómo en el Congreso quien aplaudió sus últimas intervenciones contra el vicepresidente Pablo Iglesias fue el líder de Vox, Santiago Abascal. La propia Álvarez de Toledo se vio algo inquieta ante tales halagos.

Los empresarios y los ERTE

En el otro lado figuran los empresarios. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, señaló que la patronal volverá a la mesa de diálogo, con la intención ya de prorrogar los ERTE hasta finales de año, una propuesta que el propio Ejecutivo puede recoger. Garamendi aseguró que se trataba de un acto de “responsabilidad”, y que ahora toca hablar de las cosas que importan “de verdad”, como el turismo, la automoción y el comercio. El argumento es que la “iniciativa privada” es parte fundamental en la etapa de reconstrucción económica, pero sin el impulso público nada será posible, y esa palanca la tiene Pedro Sánchez, con el Estado y con las negociaciones en el seno de la Unión Europa.

Con todo ello, Sánchez, y así lo ha repetido en sus últimas intervenciones, pretende agotar la legislatura, desde la premisa que la recuperación económica no será inmediata y de que llegar a los niveles previos a la crisis exigirá, por lo menos, unos dos años. La cuestión es que no hay una alternativa a Pedro Sánchez. Pablo Casado, el líder del PP, no tiene los mimbres para organizar una moción de censura, que no contaría con los apoyos necesarios. Y en su cabeza, como admiten en su entorno, sólo está ahora consolidar su posición y neutralizar a Vox.

Pablo Iglesias, sin capacidad de maniobra

Existe otra cuestión que sí podría complicar las cosas a Sánchez, y es la posición de Pablo Iglesias. Pero el líder de Unidas Podemos, al margen de sus periódicas salidas de tono, no tiene ninguna garantía de éxito en el caso de que decidiera romper el Ejecutivo y forzar unas elecciones a lo largo de 2021 para no tener que gestionar la crisis económica. Saldría de un Gobierno que dejaría al PSOE la posibilidad de promocionar y gestionar en solitario algo tan valioso en estos momentos como el Ingreso Mínimo Vital.

En esa situación y pese a los constantes escándalos que surgen, como el de Grande-Marlaska, con la destitución del coronel de la Guardia Civil, Diego Pérez de los Cobos, Sánchez está protagonizando una pirueta que le deja como el dueño del circo. Todos están condicionados por los resortes del Estado, y todos necesitan hacerse ver en el Congreso, aparentar que son “útiles”, como exhibió este miércoles Gabriel Rufián.

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