Pedro Sánchez, 'el rápido' también en las crisis de Gobierno

El presidente sortea el primer bache de su mandato con la misma agilidad y destreza con la que ha superado los obstáculos en su corta pero intensa carrera política

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el ya exministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, tras la primera reunión del Consejo de Ministros, el pasado 8 de junio / EFE
14.06.2018 00:00 h.
4 min

La primera crisis del Gobierno Sánchez ha llegado tan rápido como ha sido resuelta. Si el primer escándalo que ha afectado a uno de sus ministros ha estallado tan solo una semana después de su nombramiento, su fulminante resolución ha sido cuestión de horas.

Y es que el nombre de Màxim Huerta para ocupar la cartera de Cultura y Deporte se conoció el miércoles de la semana pasada. Un día después tomaba posesión de su cargo. Ayer por la mañana, El Confidencial destapó que había sido condenado por fraude fiscal. A las siete de la tarde presentó su dimisión. Y apenas una hora después se conocía el nombre de su sustituto, el gestor cultural José Guirao.

Una carrera política vertiginosa

Todo ocurre a una velocidad vertiginosa alrededor de Pedro Sánchez. En su corta carrera política al máximo nivel --de poco más de cuatro años--, ha ganado dos primarias a la Secretaría General del PSOE, ha perdido dos elecciones generales con los peores resultados de la historia del partido y ha sido el primer candidato en la historia de la democracia española capaz de ganar una moción de censura para acceder a la presidencia del Gobierno.

Sánchez presentó la moción de censura 24 horas después de conocerse la sentencia sobre el caso Gürtel, que dejaba en evidencia la corrupción del PP y que actuó como detonador. Ese día, el 25 de mayo, pocos apostaban por que Sánchez pudiera reunir los apoyos necesarios para tumbar a Rajoy. Pero el 6 de junio, doce jornadas después, el nuevo presidente ya tenía cerrado un equipo de gobierno con 17 carteras --11 mujeres y 6 hombres--. Todo muy rápido.

Cintura con el 'Aquarius'

Sánchez ha mostrado una agilidad y una cintura que pocos preveían. Lo ha demostrado con el caso Aquarius. En unas horas, el presidente tomó la decisión de acoger en un puerto español al barco con más de 600 inmigrantes que rechazó el Gobierno italiano. Una decisión que supone un cambio respecto a la línea de actuación del Gobierno Rajoy y que le distancia de las políticas xenófobas y populistas de la Liga Norte y del Movimiento Cinco Estrellas que conforman el Ejecutivo transalpino.

Así, lanza un poderoso mensaje externo --una muestra de compromiso ante una dubitativa UE-- e interno --cerrando algunos frentes abiertos en el sector de la población por el que compite con Podemos--.

El precio de la excesiva rapidez

Pero la rapidez en la toma de decisiones también conlleva algunos costes. Los nombres elegidos para el Gobierno sorprendieron en su momento por su contrastada solvencia técnica y experiencia en sus respectivas áreas, a pesar de la inmediatez con la que se anunciaron. Sin embargo, el caso Huerta demuestra que también hubo un alto grado de improvisación a la hora de realizar el escrutinio de los escogidos.

De momento, Sánchez ha sorteado el bache con habilidad y es posible que incluso pueda rentabilizarlo. Habrá que esperar a ver si logra esquivar con la misma destreza los próximos.

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