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Marta Pascal, coordinadora general del PDeCAT, afronta el futuro del partido

El PDeCAT lanza una OPA contra Puigdemont

Los exconvergentes planean integrar en la dirección del partido al 'expresident' y a los exconsejeros que están en prisión para impedir un posible adversario

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Integrar y compartir. Son las palabras que maneja la dirección del PDeCAT, que ha ido ganando terreno en las últimas semanas, pero que teme que, finalmente, se pueda constituir un nuevo partido de la mano de Carles Puigdemont. Por ello, y como de una OPA se tratara, el equipo que dirige Marta Pascal invita a Puigdemont y a los consejeros en prisión a “asumir las responsabilidades directivas en el PDeCAT que consideren convenientes”.

Las facilidades son de todo tipo. El PDeCAT no quiere sorpresas, después de decidir que acudirá a las elecciones municipales con la marca de Junts per Catalunya. Ese nombre, que ideó Puigdemont para concurrir a las elecciones del 21D, junto con independientes y el propio partido sucesor de Convergència, lo controla el PDeCAT. Pero Puigdemont ha logrado liderar un independentismo transversal, que va más allá de las siglas, y eso lo sabe Pascal, que no ha buscado, en los últimos meses, ningún enfrentamiento directo.

Poder y posibilismo

El partido tiene una cita que marcará su futuro, pero también el de toda la política catalana. Será en el congreso del 21 al 23 de julio, en el que se debatirá, también, un nuevo horizonte político que intenta cuadrar un difícil círculo. Se pide avanzar de forma conjunta, con Puigdemont, con el nuevo presidente, Quim Torra, y sin renunciar al “legado político” de Artur Mas. ¿Cómo se hace y qué quiere decir exactamente?

Se trata de una cuestión de poder, de mantener un espacio político, que, al margen de los cambios de siglas, obedece a la antigua Convergència, aunque ya anclado en el independentismo, pero a largo plazo, y siempre con procedimientos “posibilistas”. Las elecciones municipales son determinantes para el PDeCAT, y por ello la actual dirección no quiere ningún partido ni movimiento que amenace ese espacio.

Los giros de Puigdemont

El reto es grande. Puigdemont dio luz verde a la constitución de Junts per la República, una asociación política que tiene el apoyo de sus fieles, como Agustí Colomines, Aurora Madaula, o Antoni Morral, exalcalde de Cerdanyola. El expresidente da señales que no se acaban de codificar con exactitud. Por un lado, da apoyo a Neus Munté, para que lidere una operación transversal como candidata a la alcaldía de Barcelona. Pero, al mismo tiempo, deja entrever que le gustaría que tuviera éxito la candidatura del periodista Jordi Graupera, a través de una plataforma plural de todo el independentismo.

Ante esos giros, ante las constantes advertencias de Colomines, expresadas en sus colaboraciones en los medios, el PDeCAT prefiere que todos esos dirigentes, empezando por Puigdemont, y siguiendo por Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Turull y Lluís Puig –que se encuentra en Bruselas— formen para del núcleo dirigente del PDeCAT, y participen en la medida en que sea posible, con diferentes responsabilidades, al margen de lo que pueda pasar en el campo judicial, a expensas del juez Pablo Llarena.

Espacio convergente

En el plano ideológico, lo que está en juego es cómo se sigue avanzando hacia la “república catalana” sin romper el ordenamiento constitucional, con vías posibilistas. La ponencia política tiene el título de Hacia el Estado catalán en forma de república, con la participación –también— de un equipo transversal, para demostrar que no se quiere dejar de lado a nadie, pero que tampoco haya la tentación de crear e impulsar nuevos instrumentos políticos. En la ponencia, por tanto, figuran Ferran Mascarell, Joan Rigol, Irene Rigau, Marc Solsona y Sergi Miquel. En los dos últimos casos se trata de dirigentes –alcalde de Mollerussa y dirigente de la JNC, respectivamente— que han apoyado a Pascal, y han secundado decisiones trascendentales, como el voto a favor de la moción de censura de Pedro Sánchez, ante el escepticismo de Puigdemont y sus hombres y mujeres, que se decantaban, como mucho, por una abstención.

Lo que se plasma es la ponencia es que se quiere jugar sin complejos, pero con cautela: “Sin renunciar a nada, sin renunciar a ninguno de nuestros objetivos y anhelos, ha llegado el momento de estructurar una acción política posibilista que consolide de manera progresiva los avances hacia un nuevo Estado”. Un manera, precisamente, de decir que siguen adelante, que buscarán el poder, y que los herederos de Convergència, pese a todo, y pese al propio Puigdemont, seguirán en pie.