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Miquel Iceta (PSC) y Lorena Roldán (Cs), en una imagen de archivo, escenificaron ayer las grietas del bloque constitucionalista / EFE

El pacto PSOE-Podemos también agrieta el bloque constitucionalista

El fallido acuerdo en Cataluña propuesto por Ciudadanos a PSC y PP viene precedido de dos intentos de moción de censura que evidenciaron el imposible entendimiento

15.11.2019 00:00 h.
7 min

Del nacionalismo al independentismo. Todos los Gobiernos catalanes tras la restitución democrática han estado en manos de CiU o de ERC. Y de ambas formaciones desde 2015, una vez los convergentes experimentaron su catarsis secesionista. El preacuerdo de Gobierno entre PSOE y Podemos complica la pretensión de Ciudadanos y PP de lograr un acuerdo que saque de la ecuación gubernamental a las formaciones separatistas. Y si esa coalición supone un órdago para Junts per Catalunya y Esquerra, ayer se asistió también a un ejemplo del imposible entendimiento entre los constitucionalistas. Pero hay precedentes: las dos mociones de censura fallidas en los últimos dos años contra Quim Torra.

La propuesta de Lorena Roldán

Al albur del inesperado anuncio de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre un futuro Gobierno progresista en España, en el que los votos de ERC son decisivos, la líder catalana de Ciudadanos, Lorena Roldán, propuso ayer a PSC y PP una reunión para explorar un posible acuerdo constitucionalista.

“Ha llegado el momento de que los constitucionalistas pongamos en valor lo que nos une: la libertad, la igualdad y la unión en nuestra tierra. Por eso, he propuesto a PSC y PP impulsar un Pacto para Cataluña que permita abrir una nueva etapa que ponga fin al desafío separatista”, explicó Roldán. Pero mientras los socialistas rechazaron la oferta, eso sí de forma muy elegante, los populares catalanes se mostraron proclives. No se debe olvidar que el PP mantiene su oferta de una especie de Cataluña Suma, al estilo navarro, esto es, un acuerdo electoral con Cs. Una propuesta que, tras el hundimiento de la formación naranja en las elecciones del 10N --que forzó el adiós de Albert Rivera--, se carga de razones. Pero la invitación de Roldán no iba por ahí.

“Será un placer reunirnos y poder avanzar en Cataluña Suma. Unidos seremos más fuertes”, fue la respuesta del presidente del PPC, Alejandro Fernández, convencido de que solo una alternativa de gobierno sin independentistas puede producir cambios en TV3 y en el sistema de enseñanza. ámbitos donde ha cuajado el mensaje nacionalista.

Por el contrario, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, muy formal, declinó el encuentro. “Querida Lorena, una iniciativa como la que me propones no puede plantearse de hoy para mañana sin una labor previa basada en compartir análisis y contenidos de forma operativa y discreta. Creo que la precipitación y el inmediatismo no ayudan al buen fin de una iniciativa como esta”, escribe Iceta.

“Debo decirte --añade-- que me ha extrañado también que diez minutos después de recibir tu correo electrónico ya hayas publicitado tus intenciones a través de Twitter, ya que alguien puede pensar que solo se está buscando el efecto mediático. Seguiremos con atención vuestras propuestas, pero si de verdad se pretende una labor de cooperación entre fuerzas políticas, se debe proceder de forma bien distinta. Un abrazo”.

Cs ha pasado del cordón sanitario contra el PSOE a instar a un acuerdo con los socialistas en Cataluña, donde pretende ahora liderar ese espacio constitucionalista, del que excluye a En Comú Podem --el referente catalán de Podemos-- y a Vox. Una formación, esta última, cuyo aumento de escaños en el Congreso nadie esperaba, y que también ha crecido en la comunidad catalana. Son votos que restan a ese bloque constitucionalista propuesto por Cs, que se mantiene en el Parlament como primera fuerza de la oposición tras ganar las elecciones de 2017.

La victoria mal gestionada de Cs 

Esa victoria, calificada de histórica, no impidió que Junts per Catalunya, ERC y CUP sumaran sus votos y lograran una mayoría parlamentaria. De ahí que PP presionara a la entonces líder de Cs en Cataluña, Inés Arrimadas, para que presentara una moción de censura contra Torra, sucesor de Carles Puigdemont al frente de la Generalitat.

Arrimadas se negó rotundamente, pues temía quedarse sola --ni PSC ni los comunes garantizaron su apoyo-- frente a un bloque independentista cohesionado. Dicho de otra manera, no quería darle esa victoria moral, política y mediática a los secesionistas. La dirigente naranja no administró bien aquel triunfo, abrazó el discurso bronco de Rivera y se sumó al éxodo de cargos --Girauta, De Páramo, Villegas, Espejo Saavedra-- que decidieron dar el salto a Madrid.

Aquel ejemplo de desunión constitucionalista se repitió más recientemente con la presentación de una moción de censura, esta vez sí, planteada por Cs tras constatar las diferencias entre los socios de Govern. Pero Roldán solo tuvo el apoyo de los cuatro diputados del PP, mientras que el PSC se abstuvo. Fue una sesión parlamentaria agria que, en realidad, se saldó con durísimos reproches para Iceta, quien se revolvió contra Cs.

Eso ocurría en octubre. Un mes después, la formación naranja se hundía en las urnas y los socialistas anunciaban un pacto con Podemos.