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Pablo Iglesias, candidato de Podemos, durante un mitin de la campaña del 20D.

Pablo Iglesias corre el riesgo de perder el control de Podemos tras el 20D

Los partidos asociados a Podemos crearán grupo propio en el Congreso, lo que dificultará la disciplina en las votaciones de la Cámara

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El partido liderado por Pablo Iglesias es la primera vez que concurre a las elecciones generales tras las expectativas suscitadas en buena parte de la sociedad española que ve, en esta nueva formación, una esperanza para el cambio.

Esas expectativas han propiciado que la cúpula del partido trate de superar los buenos resultados obtenidos tanto en las elecciones europeas como en los comicios municipales con una política de apoyos regionales que le sirvan para optimizar su representación parlamentaria.

Las coaliciones optimizan su representación

Esta medida supone, en primera instancia, una idea brillante para entrar con más fuerza en la Cámara Baja, ya que maximiza la concentración del voto y evita la penalización del sistema electoral de la ley d’Hondt que castiga la dispersión del voto. El politólogo Pablo Simón explica a Crónica Global que “concentrar el voto territorialmente da una prima de escaños que permite obtener más representación”.

Podemos también saca provecho de la base sólida de votantes que tienen algunas de las organizaciones preexistentes con las que concurre a las elecciones. Este sería el caso de En Comú Podem en Cataluña, que cuenta con ICV, o la coalición gallega En Marea, donde Podemos concurre junto los nacionalistas de Anova y con Izquierda Unida.

En su viaje a Cataluña, Pablo Iglesias trató de vender este trato diferenciado como algo positivo para las comunidades históricas, que podrían obrar de forma independiente sin estar sujetas a las directrices nacionales.

La 'balcanización' de Podemos

Para formar grupo propio en el Congreso se necesitan cinco diputados y haber superado el 5% de los votos a nivel nacional, algo que parece muy probable a tenor de lo que apuntan los sondeos. Asimismo, explica Simón, el reglamento es bastante laxo y permite que se puedan prestar diputados de otras candidaturas para facilitar la formación de un nuevo grupo parlamentario. “Con total seguridad todas las coaliciones tendrán grupo propio”, afirma.

Este escenario significaría que cada grupo tendría un portavoz diferente que diluiría el liderazgo de Iglesias. “Pablo Iglesias no va a tener el control de los grupos parlamentarios”, sostiene Simón.

Una estrategia cortoplacista

La estrategia de Podemos resulta de gran ventaja en el campo electoral. Sin embargo, puede derivar en un problema para Iglesias y la dirección nacional si esta galaxia de agrupaciones tienen otros compromisos --y servidumbres-- relativos a sus gobiernos autonómicos.

Uno de los principales aliados de Podemos en Valencia, Compromís, gobierna en la Comunidad Valenciana con el PSV. Esto puede suponer que el partido encabezado por Mónica Oltra tenga una dinámica de voto condicionada por sus socios socialistas y que se opongan a votar en contra del PSOE en el Congreso si supone una fractura a nivel autonómico.

En la misma línea, Pablo Iglesias ha condicionado la investidura del presidente del Gobierno a la celebración de un referéndum en Cataluña. Una propuesta que, de nuevo, puede ayudarle a maximizar los votos en Cataluña, pero que puede distanciarle de la mayoría del Congreso.