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Los okupas odian a la CUP

Los antisistema critican que los 'cupaires' se hayan alejado de la lucha callejera y propongan un Estado propio, que consideran opresor

30.07.2017 23:00 h.
3 min
Concejales y diputados de la CUP, en la manifestación en apoyo a los okupas de Gràcia / CG

La independencia no es su guerra: ellos luchan por cambiar el sistema --o destruirlo, al menos, tal y como está entendido en la sociedad actual-- desde las protestas callejeras y con el objetivo de que cada vez más gente corriente se apunte a su lucha.

Los okupas de Barcelona, al menos la mayoría de ellos, no quieren participar en el debate sobre la política catalana actual, centrado sobre todo en la independencia y el referéndum unilateral, ya que para ellos no es más que otra excusa más del poder que corrompe y distrae a los ciudadanos.

Pérdida de confianza

Ni siquiera se salva la CUP, formación clasificada como la más radical y, en ocasiones, como parte del colectivo antisistema por haber participado en numerosas manifestaciones y protestas como el desalojo del Banc Expropiat del barrio barcelonés de Gràcia o el escrache a la sede del Partido Popular de la calle Urgell, promovido por sus cachorros de Arran --autores confesos del ataque al bus turístico en Barcelona--.

Sin embargo, según han explicado fuentes del colectivo okupa de Barcelona a este medio, ni los diputados ni los concejales cupaires pasan la prueba de la situación política actual. Confiaban en ellos en un inicio, pero sostienen que luego se fueron alejando de la lucha que moviliza a los antisistema por el hecho de pasar a pertenecer al propio sistema.

Una obsesión

“Están obsesionados por conseguir la independencia y crear un nuevo Estado, sin pensar que en realidad el Estado es el opresor contra el que han luchado siempre”, explican las mismas fuentes. Y esta lucha obcecada por la separación de Cataluña con el resto de España ha provocado que se olviden de todo lo demás y ha mermado la confianza de los okupas en los políticos del partido catalán de la izquierda más radical.

La independencia, en sus palabras, no conseguirá cambiar nada: “Barcelona seguirá siendo una ciudad llena de turismo y masificada”. Los miembros del colectivo antisistema, además, no están a favor de una relación fructuosa con Europa. Aplauden que la sociedad sienta los colores de una bandera, “está bien que la gente se identifique y tenga clara cuál es su identidad. Pero Cataluña no puede ser la puta de Europa”.

No creen que la CUP tenga que ser el partido abanderado de la política local, que nace en la calle y se hace más fuerte en los ayuntamientos. “¿Quieres ver política local real? Ven a una casa okupa”, propone. Los cupaires, para ellos, no son una fuerza que viene del barrio y lucha para el barrio. Ya no luchan desde la calle y han entrado al sistema.

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