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El expresidente Carles Puigdemont controlará el futuro Govern / EFE

El nuevo Govern solo se une para ir en contra del 155

Puigdemont ha encomendado al futuro gobierno preparar una causa general contra la intervención del Estado para mantener movilizado a su electorado

3 min

Los independentistas tienen nuevo candidato a la presidencia de la Generalitat, Quim Torra. Y también a los consejeros in pectore. Pero, que se sepa, carecen de un programa de gobierno. No parece que gestionar el día a día vaya ser la prioridad del ejecutivo provisional de Junts per Catalunta y ERC, que tiene encomendada la misión de mantener el enfrentamiento con el Estado en los próximos meses, a la espera de que se esclarezca la situación judicial de los dirigentes encarcelados y fugados.

Torra está llamado a ser un presidente títere, pura correa de transmisión de Carles Puigdemont, quien no se descarta como futuro candidato. Pero dado su controvertido perfil, Torra es la persona idónea para cumplir con la prioridad del futuro Govern: planificar una causa general contra el 155. “El nuevo ejecutivo debe restaurar los efectos nocivos del 155”, aseguró ayer Puigdemont en el mensaje institucional emitido por Youtube  para anunciar la designación de Torra.

La contrarreforma

Durante los próximos meses, el nuevo ejecutivo tiene encomendado realizar una especie de contrarreforma contra la intervención del Estado. Dicho de otra manera, el Govern de Torra “auditará” la gestión del Ejecutivo de Mariano Rajoy desde que, a finales de octubre, asumió el mando de la Generalitat en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Todavía no está decidido el tipo de formato se le da a esa “deconstrucción” de la obra, pues hay división entre designar a un comisionado o crear una comisión de investigación en el Parlament.

El objetivo no es otro que perpetuar la imagen de que el 155 ha sido letal para Cataluña y que la acción de gobierno está paralizada. Un discurso más político que técnico con el que los secesionistas prolongarían su procesismo y mantendrían la movilización de su electorado. Lo harían ya desde instancias institucionales, es decir, con un nuevo gobierno encarrilado hacia las elecciones municipales y europeas, y a rebufo de las novedades judiciales, que pasan por el juicio de los procesados y el pronunciamiento de la justicia alemana, belga y escocesa. El elemento emotivo que supone tener al "presidente legítimo" en el exilio es una baza que los secesionistas no pueden desperdiciar.