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Pere Aragonès, candidato a la presidencia de la Generalitat por ERC / FOTOMONTAJE DE CG

Me gusta / No me gusta... Pere Aragonès

Andrea Rodés y Josep Maria Cortés ponen la lupa al número uno de ERC por Barcelona

ANDREA RODÉS / JOSEP MARIA CORTÉS
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Pere Aragonès, por Andrea Rodés
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Pere Aragonès, por Andrea Rodés

 

Lo que más me gusta de Pere Aragonès es que hace aproximadamente un año me envió una solicitud de contacto en Linkedin. Me hizo mucha ilusión pensar que puedo ser un contacto profesional interesante para un político de mi edad. Espero que no se riera al ver un currículum tan desaprovechado como el mío.

 

Me gusta --como no-- que sea del Maresme, como yo. Aragonès nació y vive en Pineda de Mar, un pueblo costero conocido internacionalmente por los hoteles de turismo low cost junto a la playa.  Los habitantes del Maresme somos gente preparada para la vida: los turistas de pulserita, los retrasos de la Renfe, los atascos para entrar en Barcelona, las rieras malolientes cuando llueve, los chiringuitos con reguetón sonando a toda castaña, las macrodiscotecas de Mataró... Nada puede sorprendernos.

 

Me gusta que Aragonès, licenciado en Derecho y con un máster en historia económica, ampliase sus estudios con un curso sobre políticas públicas y crecimiento económico en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Cualquier oportunidad de estudiar en Estados Unidos, aunque sea breve, es buena. Ojalá haya más ayudas económicas para que los jóvenes catalanes puedan ir a estudiar a EEUU, o donde sea.

 

Me gusta también que Aragonés cogiera el permiso de paternidad después de nacer su hija, Clàudia, en marzo de 2019. Un buen ejemplo para que otros padres se animen a hacer lo mismo. Se nota que  Aragonès es un padrazo y un amante de la vida familiar. Una de sus actividades favoritas cuando tiene tiempo libre es cocinar, afición que heredó de su abuela, “l’àvia Maria Teresa”, que vivía cerca de su casa. “Quan era petit entrava a la seva cuina a olorar: arròs a la cassola, rostit..., això es el que intento recuperar del que feia la meva àvia” (cuando era pequeño entraba en su cocina para oler: arroz a la cazuela, asado...), explica en un vídeo promocional que publicó hace poco en su cuenta de Instagram. El vídeo muestra a Aragonès paseando por Pineda de Mar junto a su mujer y su hija Clàudia, feliz de tener un día libre para ir al mercado a comprar pescado y llevar a su hija a los caballitos del paseo marítimo. “¿No tocaría tener otro hijo?”, le pregunta una vecina que se acerca a saludar. Aragonès se ríe: “Ahora tengo un poco de trabajo para tener otro...” La verdad es que Aragonès parece un tipo simpático y natural, por eso cae bien a la gente.

 

En una entrevista reciente con La Vanguardia, le preguntaron a Aragonès qué recuerda de su primer amor. Y responde que hace años, como concejal, le tocó casar a su primera novia con su marido. “Conservamos una magnífica amistad”, dijo. Y me causó envidia. Me gustaría poder decir lo mismo.

 

Por último, me gusta que fuese pionero a la hora de abrirse una cuenta de Twitter, en el año 2008. Me gusta la gente que quiere estar al día de las nuevas tecnologías, aunque de entrada no entienda nada. “Me pareció algo muy friki”, reconoció Aragonès en el programa Popap de Catalunya Ràdio. El candidato de ERC sigue bastante enganchado al móvil, como yo, pero asegura que no tiene las notificaciones activadas, “porque entonces estás siempre con una pantalla que parece el 324", bromeó en la radio.

Pere Aragonès, por Josep Maria Cortés
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Pere Aragonès, por Josep Maria Cortés

 

Lo veo vestido de diablo en el correfoc de Pineda de Mar, su pueblo natal. Él presume de leer a Keynes, el genio de Cambridge, afín al Círculo de Bloomsbury, de Foster y Virginia Woolf, pero desde luego no lo veo en esta labor por mucho que le gusten la economía, ciencia de purgatorio, y la literatura, oficio de tinieblas. Tampoco le veo como lector apasionado de Stefan Zweig --presume de eso--, el sabio que murió de tristeza en el exilio de Brasil, después de haber vivido la amarga experiencia del nacionalismo alemán que arrasó Mitteleuropa.

 

No juguemos con los bellos antecedentes señor candidato; un nacionalista detrás del muro es un hombre agazapado, un guerrero emboscado. Si como ha confesado, le gusta el teatro amateur, haga de Dimoni en los Pastorets de Folch i Torres, en la rectoría de su barrio.

 

La mano derecha de Junqueras es otro muchacho montaraz que tan pronto te arregla la chimenea de casa como coge la bici para hacer la ruta de Collsacabra, atraviesa el Montnegre en dirección al Montseny, pasa por Collformic y regresa a su casa frente al mar dejando a un lado las Guilleries de un mítico general carlista, antes de convertirse en el Tigre del Maestrazgo. También pasea con su perro por la montaña y cuida el huerto. Es miembro de Òmnium y de Médicos sin Fronteras: la entraña y el pretexto.

 

Si va “la comarca nos visita”, ¿para qué tanto engaño? Es el presidente en funcionas de la Generalitat, pero todos se preguntan cuál ha sido su agenda social en el momento más duro para la población, en plena pandemia. Qué fácil es hablar del equilibrio general de Keynes, cuando nadie conoce las líneas maestras de la recuperación después del desastre. Aragonès fundó la Agencia Tributaria Catalana, la principal estructura de Estado del procés rampante y patético; y finalmente, aquel fue el principal pufo de las promesas incumplidas que han recaído sobre las espaldas de los contribuyentes. 

 

Hace meses que su consejero de Empresa, Ramon Tremosa, dice que tiene listo el diseño para que vuelvan las 6.000 industrias y bancos que trasladaron fuera de Cataluña sus sedes corporativas incluidos los grandes motores (Caixa, Sabadell, entre otros). ¿Y qué sabemos del retorno de las empresas? Nada. La Cataluña económica está hundida.

 

Al candidato de Esquerra le precede su mal conseguida fama de buen gestor. Le colgaron el sambenito de dirigente con la cabeza amueblada y él se dejó querer. Asumió la presidencia provisional después de Quim Torra; lo tenía fácil, pero ocupó un cargo marcado por la indolencia y la conspiración de los boyardos de terciopelo y brocado que traman sobre el vacío.

 

El despacho de presidencia huele a romero desde que prohibieron la coliflor en las cocinas del Palau. Su antesala es un recibidor de tresillo y mesa camilla, flanqueado por butacones de color marfil púrpura. Aragonès pugna por volver al lugar santo, allí donde reinan el secreto y el delito.

 

No sé si el candidato de ERC ha recibido ya el ramo de flores de Salvador Illa, después de trazar un cordón sanitario 'indepe' en contra del PSC. En el último suspiro de la campaña, Aragonès ha metido la gamba hasta arriba regalando protagonismo y votos al socialista. No puedo decir que no me guste.