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Andrea Rodés y Josep María Cortés ponen la lupa al número uno de Ciudadanos por Barcelona

Me gusta / No me gusta... Carlos Carrizosa

Andrea Rodés y Josep María Cortés ponen la lupa al número uno de Ciudadanos por Barcelona

Andrea Rodés / Josep Maria Cortés
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Carlos Carrizosa, por Andrea Rodés
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Carlos Carrizosa, por Andrea Rodés

Para empezar, me gusta que sea consumidor de infusiones Yogi Tea. Lo he sabido gracias a una foto en su cuenta de Instagram en la que aparece una taza estampada con un texto político (supongo que era lo que le interesaba destacar) de la que cuelga la tradicional cita filosófica atada a la bolsita de Yogi Tea: “People who love are happier” (“la gente que ama es más feliz”). Me pregunto si Carrizosa se leerá los mensajes de Yogi Tea cada vez que se prepara una infusión en su casa, y piensa, asintiendo con la cabeza: “Cuánta razón”, como hago yo. 

 

Me gusta que, además de las infusiones “sanas”, se zampe de vez en cuando un buen chocolate deshecho. En su Instagram hay una foto realizada el pasado noviembre en la que aparece mojando un melindro en una taza de chocolate deshecho en una granja de la calle Petritxol. Se trataba de una foto de promoción política con el fin de mostrar su apoyo a los negocios de Barcelona por Navidad --“la tradición es pasear por el centro, desayunar en la calle Petritxol, visitar la Fira de Santa Llúcia y comprar productos navideños”, escribe, como si se tratase de una guía turística--, pero su cara de felicidad es auténtica. De hecho, Carrizosa se muestra feliz en todas las fotos donde aparece comiendo en restaurantes o visitando mercados en señal de apoyo al sector durante la pandemia: Casa Alfonso, Ca l’Estevet... recordando el valor de la comida casera y de calidad. No me cabe duda de que Carrizosa sabría recomendarme dónde comer bien en la ciudad.

 

Me gustan sus gafas de pasta, sobre todo cuando se las deja colgadas justo debajo del cuello de la camisa blanca. Y sus americanas. Carrizosa es un señor elegante, viste bien.

 

Me gusta que sea aficionado a la paleontología, una disciplina bastante olvidada, pero muy interesante si a uno le interesa comprender la historia de la Tierra. Lo fácil sería pensar que a Carrizosa le interesan los dinosaurios, pero él es un apasionado de los fósiles, pasión que, de entrada, no parece la más divertida del mundo. Seguro que es un hombre con mucha paciencia, virtud en bastante desuso en esta época en que nos ha tocado vivir. Seguro que Carrizosa está al corriente de que el pionero de la Paleontología en España fue el científico y naturalista catalán Miquel Crusafont i Pairó (Sabadell, 1910-1983), fundador del actual Institut Català de Paleontologia (ICP), en Sabadell.

 

Carrizosa también es coleccionista de cómics, a los que se aficionó desde muy niño. En una entrevista con el portal digital iSabadell explicó que cuando era pequeño su padre les compraba a él y a cada uno de sus hermanos un tebeo cada domingo.” Yo leía mi tebeo y los de mis hermanas, cuatro tebeos cada domingo”, dijo. Cuando cumplió los 18 años, como ya trabajaba, empezó a pagárselos él mismo, y así fue creando su propia colección, que hoy ocupa un par de estanterías grandes de su casa. 

 

Me gusta que Carrizosa mencione con cariño a su padre en las entrevistas. Su padre era dueño de un taller de artes gráficas y ya antes de empezar la carrera de Derecho había trabajado a jornada completa con él. “Tengo dos oficios: soy abogado y soy impresor”, detalló en una entrevista con La Vanguardia hace tres años.

 

También me gusta que en varios artículos lo retraten como un hombre de trato amable y cercano, cuyo carácter conciliador le ha venido muy bien a Ciudadanos. Carrizosa, además, es el único político del núcleo original del partido que no se ha largado a Madrid.

 

Por último, me gusta que tras ser hospitalizado por coronavirus, sea hoy un político más sensible a los temas sanitarios. Reforzar la Sanidad pública debería ser la prioridad de todos.

Carlos Carrizosa, por Josep Maria Cortés
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Carlos Carrizosa, por Josep Maria Cortés

Su aura no disipa el llamado eclipse de la inteligencia. ¿En qué está Carrizosa? En el Tívoli fundacional con más de tres décadas de historia o en aquel Romea, lleno hasta la bandera, antes de un éxito sin resultados en las elecciones de 2017. Los teatros de Barcelona evocan la ruptura del silencio, la huella caliente que dejaron el candidato de Ciudadanos y su jefe de filas, Inés arrimadas. Evocan su huella, no su presente, y eso no me gusta.

 

Una y mil veces volveríamos al origen de una nueva ola de políticos capaces de hacer frente al “nacionalismo a punto de convertirse en totalitarismo”, en palabras de Félix de Azúa. Pero no creo en las segundas oportunidades, cuando han arrastrado su marca hasta los pies del PP, el partido de la corrupción y el secuestro, contando con los votos de Vox; y lo hicieron para investir a la torticera Ayuso en Madrid, aseada cada mañana por el argumentario de MAR, el propagandista indolente.  

 

Ciudadanos invistió al partido de Fundescam, el patronato que pagaba los mítines electorales del PP con dinero público; cedió ante la camarilla que había prometido preservar a Rosalía, manchando a la judicatura. Le sirvió y le sirve de coartada moral a la derecha dura, del mismo modo en que los comuneros catalanes le sirven de coartada al soberanismo blando.

 

¿Qué propone Carrizosa? Qué propone que no sea combatir aquel Estatut, “origen de todos los males”, como dice Francesc de Carreras, padre fundacional del partido naranja. El Tripartito no se reeditará mientras solo uno de cada cuatro de los votantes de ERC acepte un pacto de izquierdas, frente a uno de cada dos (el 50%), que exige un pacto soberanista ¿Contra quién lanzará su tercerismo Carrizosa? Y digo contra porque no hay ni rastro de su política de alianzas que no sea el constitucionalismo sin matices, que le acerca a PP y a Vox, mientras le aleja del PSC.

 

Carrizosa es un político honesto, pero honestamente desconoce la transversalidad. El miedo al nacionalismo, la hidra de mil cabezas, le aleja del consenso. No ha encontrado el camino de la política después de la indignación; los límites de la democracia, en plena atmósfera nacional-populista, se expresan en la tensión creada entre las instituciones y el grito. Para hacer política en Cataluña, hay que entrar al centro del ciclón y ensuciarse las manos.

 

La desafección nace del abismo que hay ente el querer y el poder. Carrizosa lo tiene difícil en un mundo en el que los conflictos de clase se han nacionalizado y los conflictos económicos se han convertido en identitarios. Además, la política catalana, con un 36% de abstención, ya es un Pol Pod semítico de minorías en combate.  La dificultad se acrecentó, cuando los moderados de antes --Ciudadanos y la antigua CiU, entre ellos-- dejaron un día de ofrendar ante el altar de la moderación.

 

Me gusta cuando dice que si el 14F gana un partido constitucional levantará las alfombras. A los instalados, hijos del nacionalismo rapaz y ante las barbas Bárcenas pelar, ya se les enfrían los pies. Francamente, a mí me gustaría que Carrizosa me gustara más.