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Los ideólogos Colomines y Mascarell apuntalan a Puigdemont

Ferran Mascarell, un centralista en la soñada república catalana

El delegado de la Generalitat es el hombre de Puigdemont en Madrid

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El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha confiado en su hombre en Madrid, Ferran Mascarell, para que defienda la posición del Govern en el Senado, donde el President ha declinado asistir pese a la oferta formal del Gobierno central. Finalmente, el PP ha vetado la intervención del delegado del Govern a la Cámara Alta por no ser miembro de Junts pel Sí.

Mascarell fue uno de los primeros altos cargos del PSC en dar el salto hacia posiciones abiertamente independentistas. Formó parte de lo que, en plena campaña electoral, Artur Mas calificó como El Govern dels millors (el gobierno de los mejores). Fue una tentativa de reunir en un mismo equipo a las figuras más competentes de cada departamento. De aquel Govern dels millors fue finalmente Mascarell el único con pasado socialista que se encargó de funciones ejecutivas, en concreto de la conselleria de Cultura.

De esos lodos, esos polvos

Si el exalcalde de Barcelona y expresidente de la Generalitat Pasqual Maragall ha sido una pieza clave para entender el auge del independentismo en los últimos años, no es menos relevante el papel de este historiador de carrera nacido en Sant Just d’Esvern en 1951. El catalanismo de Mascarell ha evolucionado hasta abrazar la independencia sin complejos. Y siempre desde su privilegiada posición como servidor público.

El actual hombre de Puigdemont, fue antes el hombre de Maragall y el hombre de Mas. Antes de su incorporación al nacionalismo conservador, fue la apuesta del sector maragallista para la alcaldía de Barcelona, pero finalmente se impusieron en las primarias del PSC Jordi Hereu y Montserrat Tura. El trato recibido tras tantos años de servicio explica, según una extendida opinión, su fuga al nacionalismo de derechas.

Casa Gran del Catalanisme

Ya bajo el mando de la antigua Convergència, y a través de ese proyecto político que llamaron Casa Gran del Catalanisme, fue el encargado de elaborar un relato favorable al independentismo basado en el nacionalismo cívico o liberal. “La nación es un plebiscito diario”, esa frase del escritor francés Ernest Renan es una a las que ha recurrido Mascarell en varios actos públicos.

La obra política de Mascarell ha sido alejar al nacionalismo de ese discurso más cercano al folclore y a los derechos colectivos que había impregnado CiU. El entonces secretario de Estado de Cultura del PP, José María Lasalle, lo llegó a tildar de un “independentista de razón” en uno de los primeros actos de Mascarell en Madrid como delegado de la Generalitat.

De ‘Bandera Roja’ a socialdemócrata

El viraje ideológico de Mascarell no es tan diferente al que han experimentado muchos otros políticos de su generación. En sus años de universidad formó parte, junto a Solé Tura, Jordi Borja e Isidor Boix, de Bandera Roja, un grupo que se escindió por la izquierda del PSUC, esa cantera de donde ha salido una gran parte de la clase política actual. Tras esa aventura fallida --explican excompañeros suyos-- regresó al PSUC representando “el ala derecha”.

Algunos de sus amigos y camaradas de aquella época fueron el periodista Xavier Vidal-Folch y el filólogo Xavier Pericay. Los Xaviers han tenido una evolución diametralmente opuesta a Mascarell. Mientras que Vidal-Folch es uno de los columnistas de El País más contrarios al independentismo, Pericay es el líder de Ciudadanos en las Islas Baleares. Esa distancia ideológica ha sepultado también la amistad que había entre ellos, pero no los recuerdos que Mascarell tiene de sus años en Mallorca junto a Vidal-Folch haciendo el servicio militar obligatorio.

En la actualidad, Mascarell, defiende su condición de socialdemócrata e intenta expulsar cualquier sospecha de nacionalismo ante sus interlocutores en Madrid, que son diplomáticos y representantes de otros países. Su último libro, Dos Estados, es un esfuerzo de explicar la independencia como un instrumento para tener un Estado que funcione bajo criterios racionales y de eficiencia. Bastan unas pocas horas de hablar con él para darse cuenta de que su modelo para Cataluña, desde la educación a la organización administrativa del estado, está inspirado en el modelo francés. Un centralista en su soñada república catalana.