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Germà Gordó, entre Homs y Ruiz, el día que acompañó a Artur Mas ante el TSJC por los hechos del 9N.

Mas y Gordó: ¿Dos patriotas des-aforados?

El apego al poder del primero y la insistencia en ser diputado del segundo, revelan el interés de ambos en mantener el estatus jurídico especial como escudo protector  

9 min

Artur Mas es un patriota. Él dice que es un patriota. Centenares de miles de ciudadanos dicen que es un patriota.

En la historia de los patriotas, siempre ha habido algún momento en el que esos personajes, a menudo piezas que acaban acuñadas en la historia, pasan el conveniente y casi preceptivo examen de patriotismo.

Son pruebas que les pone la vida y que, una vez superadas con éxito y una cierta gallardía, les confieren la condición y el pedigrí de patriotas.

Héroes mitológicos

En 1936, el coronel Moscardó, comandante de las tropas fortificadas en el Alcázar de Toledo, un bastión franquista rodeado de tropas milicianas, no cedió al chantaje de los republicanos que le amenazaron con fusilar su hijo Luis si él y los suyos no se entregaban.

No se entregaron, y Luis murió. Moscardó pasó a ser un patriota. Ese fue su tributo. Aprobó.

Pere Bascompte, otro patriota. Fundador de Terra Lliure, cogió las armas en defensa de sus ideales, participó en el secuestro del periodista Jiménez Losantos y, tras ser detenido en 1985, pagó siete años de cárcel antes de ingresar en ERC. Ese fue su tributo. Examen aprobado.

Patria o muerte gritaba Fidel Castro cuando entró victorioso en La Habana. Antes, miles de correligionarios enviados en una avanzadilla para allanarle el camino, fueron masacrados por el ejercito del dictador Batista. Esas muertes fueron su tributo. Otro patriota.

¿Artur Mas, un patriota de verdad?

Pero, ¿cuál es el tributo de Artur Mas?

Lo tenía fácil, tan sólo tenía que bajarse del tren del procés y dejar a otro compañero patriota al mando del convoy.

Ni ofrecer la vida de un hijo como ofrenda, ni pagar con años de cárcel, ni entregar a un pueblo a las armas. Simplemente, abandonar su empecinamiento en mantenerse en el poder. Un gesto en pos de una Catalunya Lliure, democrática e independiente.

Gesto sencillo y fácil para una gran conquista jamás tan al alcance de la mano del nacionalismo radical.

Pero no lo ha hecho.

¿Por qué? ¿Por qué Artur Mas no ha cumplimentado el examen de patriota?

¿Apego al poder o miedo a dejarlo?

Dicen sus rivales políticos que por culpa de una obsesión enfermiza con el poder. Otros observadores, menos viscerales, dotados de toga y mucha información, relacionan directamente el apego de Mas al poder con, precisamente, una consecuencia legal de ello: su condición de aforado ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC). Si a Mas se le imputa por ilícitos penales, que hoy por hoy no se le conocen, y no es President, o consejero o diputado, será investigado por uno de los 33 jueces de instrucción de Barcelona, un colectivo en el que no abundan los magistrados-as nacionalistas catalanes.

TSJC, objeto del deseo

¿Y qué le hace pensar a Mas que obtendrá más confort en manos del TSCJ que en manos de un juzgado de instrucción ordinario?

Esos observadores coinciden en que la respuesta pivota alrededor de dos ejes.

El primero se refiere a un personaje, experto en mantenerse siempre en un discreto segundo plano, a quien se relaciona con las estrategias o decisiones y contabilidades más innombrables de Convergència Democrática de Catalunya, esas que se fabrican con nocturnidad, manguitos y mascarilla, en la cocina, o la trastienda, de cualquier organización opaca. Se llama Germà Gordó y es el actual consejero de Justicia en funciones.

Gordó, el escondido

Gordó está casado con Roser Bach, actual vocal del Consejo General del Poder Judicial a instancias del PSC. A Bach se le atribuye una estrecha relación de amistad con el actual presidente del TSJC, Miguel Ángel Gimeno, cuya renovación en el cargo se ha de dirimir en estos próximos días.

Dicen que el concurso de Bach será fundamental para la elección del futuro presidente  del TSJC.

Fuentes próximas  a Germà Gordó (que tampoco cumplimentó su examen de patriota) le han oído casi alardear de ello.

Gordó exigió a Artur Mas, casi en tono amenazante, (según han relatado a Crónica Global fuentes próximas a ambos), ser incluido en la lista de Junts pel si. Y así fue, contra el criterio de algunos renombrados miembros de la lista. Fue una condición sine qua non que Mas puso sobre la mesa de negociación para configurar aquella candidatura.

¿Quién dijo miedo?

Si eso es cierto, ¿de qué tiene miedo Artur Mas? ¿De qué tiene miedo Gordó?

¿Temen, acaso, que alguno de los imputados, (políticos o empresarios) en el sumario de CATDEM (presunta financiación irregular del CDC) tire de la manta?

Preguntadas esas togas habitualmente certeras en sus diagnósticos y veredictos, responden que Gimeno no es un juez servil. Subrayan que no es un juez prevaricador. Dicen, eso si, que jamás hará, dirá o influirá a favor o en contra de algo o alguien, si ese posicionamiento le perjudica.

Dos bazas

Se dice que para Gordó, Gimeno es una baza. Pero no la única.

Los corrillos políticos y judiciales de Madrid restan pegada a Roser Bach que habría caído en desgracia (la imagen de su marido arropando a Artur Mas en su entrada al TSJC como imputado por el 9-N no ha gustado nada en el CGPJ).

El segundo eje también gira en torno al responsable de justicia.

Su segunda baza se llama Fernando Lacaba, presidente de la audiencia Provincial de Girona, conservador, y amigo íntimo del consejero.

Cada otoño, Gordó monta en su casa del pirineo una fiesta multitudinaria con motivo de su aniversario.

En ella se dejan ver los políticos más renombrados de su partido: los hermanos Pujol, Francesc Homs, etcétera, junto con esa casta empresarial filo-convergente y disciplinada que arropa y ampara al partido desde hace más de 30 años: la familia Sumarroca, por ejemplo.

Pero entre políticos y empresarios aparece algún juez de postín y con aspiraciones. Es el caso de Fernando Lacaba, que no tiene reparos en asistir a ese tipo de bolos que más parecen un control de fidelidad en el que el anfitrión pasa lista, que una fiesta de aniversario.

Hay quien dice que Lacaba es el mejor situado de los candidatos a presidente del TSJC. Es la segunda baza de Gordó.

Nubes negras

A Mas y a Gordó se les abre un escenario complejo y poco tranquilizador porque estos nuevos comicios en ciernes dan pie a una nueva partida de ajedrez en la que, esta vez, ellos no van a poder disponer de todas las piezas a su conveniencia y antojo. El peaje que tendrá que pagar Gimeno o Lacaba o el tercer candidato, el magistrado de la Audiencia de Barcelona, Jesús Barrientos, es hoy por hoy inimaginable, sólo a disposición de las mentes más calenturientas. El que pagaran ellos, o acabarán pagando Más y Gordó.

El aire enrarecido que se escampa sobre el procés ya es incontenible. Fluye por el Parlament, por la calle Córcega, por la cárcel, por la fiscalía, por el juzgado como una niebla venenosa.

El hombre (o mujer) del tiempo (con toga y bien informado-a) anuncia que se acerca una tormenta cargada de granizo sobre unos patriotas que no lo son (porque no han querido), en un escenario en el que no deja oírse cada vez más y con más intensidad… “tonto el último” o, como diría el poeta afincado en Álava, Evaristo Páramos, uno de los referentes intelectuales de la CUP, …: “Los himnos son panfletos, las banderas, trapos de colores…¡¡un patriota, un idiota!!”.