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El director de TV3, Vicent Sanchis, y la presidenta en funciones de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, Núria Llorach, en una comparecencia en el Parlament / EFE

Mas se atrinchera en TV3 para controlar el fiasco del 1-O

Duart y Sanchis, afines al expresidente catalán, preparan un relato mediático a la medida de Convergència ante el previsible fracaso del referéndum

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Brauli Duart y Vicent Sanchis serán los responsables de confeccionar el relato mediático ante el previsible fracaso del referéndum unilateral y vinculante que prepara el Gobierno catalán. El primero lo hará en calidad de presidente en la sombra de la Corporación Catalana de Medios de Comunicación (CCMA), pues hace meses que renunció al cargo “provisionalmente”, cediendo en testigo a Núria Llorach --considerada como el correveidile de Duart--. El segundo fue elegido director de TV3 tras el inesperado relevo de Jaume Peral y, poco después, fue reprobado por el Parlamento catalán en una votación sin precedentes.

Ambos tienen en común su afinidad con el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, quien todavía mueve los hilos de la política comunicativa del Govern, algo que no agrada a ERC y que ha sido denunciado en diversas ocasiones tanto por los trabajadores de la cadena autonómica, como por el Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC).

¿Quién elabora el discurso?

La vieja guardia convergente quiere monopolizar el discurso postprocés con la finalidad de reducir los réditos que ERC, en estado de gracia en las encuestas de intención de voto, pueda obtener. El bloqueo convergente en la CCMA, pendiente de renovación desde hace meses, unido al aterrizaje de Sanchis en TV3 ha empeorado las relaciones entre PDeCAT y Esquerra. Nadie sabe todavía qué ocurrirá el 1-O y qué tipo de respuesta dará el Govern en caso de suspensión del referéndum.

Pero los rumores sobre una posible toma del Parlament, azuzados precisamente por el exsecretario de Comunicación del Govern, Josep Maria Martí, han propiciado que el entorno de Mas se muestre más a la defensiva que nunca, pues rechaza dar una imagen internacional de radicalidad que la CUP y ERC podrían secundar. De ahí el acérrimo control convergente de los medios públicos catalanes.

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