Menú Buscar
Mariana Boadella habla sobre el nacionalismo catalán

Mariana Boadella: "El nacionalismo ha conseguido atemorizar a la población"

La hija de Albert Boadella explica que el Ayuntamiento de Jafre colgó una 'estelada' el día de la manifestación en favor de su padre y que muchos vecinos evitaron saludarles por temor

16 min

Mariana Boadella tiene 37 años. Es la hija pequeña de Albert Boadella y Dolors Caminal. El sábado fue la encargada de leer un manifiesto en apoyo a su padre por el nuevo ataque perpetrado contra su vivienda en Jafre (Girona) por parte de un grupo de independentistas.

Actualmente vive en Ciudad Real, donde tiene una spin off en sanidad animal. Se fue para cursar un doctorado en la Universidad de Castilla-La Mancha, pero dice que no podría volver a vivir en Cataluña debido a la situación política. Pese a ser una excelente estudiante, su tutora de instituto la ha repudiado públicamente: "Le importa más mi pensamiento político que mi doctorado". Boadella se considera una "rebelde" del sistema escolar catalán. No hay duda de que, como le dijo el periodista Carlos Herrera, de "casta le viene al galgo".

—Pregunta. Después de la manifestación del pasado sábado en Jafre de apoyo a su padre, Albert Boadella, ha explicado que muchos vecinos y conocidos temieron expresar su afecto en público. En privado, ¿les han expresado su apoyo?

—Respuesta. Hay gente próxima que nos escribe por e-mail y luego públicamente no se atreven a mostrárselo a un apestado del nacionalismo como es mi padre. El nacionalismo ha conseguido atemorizar porque la gente tiene miedo a estar excluida socialmente, que es lo que nos ha pasado a mi familia y a mí. El nacionalismo lo que hace es excluir socialmente, te dejan de hablar, te cierran las ventanas al paso de una manifestación… Para que quede claro que tú no eres de ellos. Te ponen en el lado de los malos.

En Jafre, un municipio gerundense de apenas 390 habitantes, ¿también hay gente que vota a partidos constitucionalistas?

—Claro. Hay gente que votó a los partidos constitucionalistas. No recuerdo los números exactos, pero eran como 16 votos a Ciudadanos, unas decenas al PSC y otros pocos al PP. Una treintena o cuarentena de personas que votan a los partidos constitucionalistas pero no se atreven por la situación actual. A mí me parece muy grave lo que hace el Ayuntamiento de Jafre cuando pone el cartel de municipio de la república catalana y el día antes de la manifestación pone la bandera estelada en el balcón. En el momento en que el ayuntamiento de tu pueblo ya se está posicionando públicamente, pues todavía la otra gente se atreve menos a mostrarte su apoyo.

¿No hay también mucha cobardía? Entiendo la presión, pero perdóneme la siguiente comparación: en el País Vasco mataban a los discrepantes. Aquí, no.

—Eso es verdad. En el País Vasco los que se atrevían a manifestarse contra el nacionalismo eran verdaderos valientes porque se jugaban su vida y las de sus familias. En Cataluña, afortunadamente, no nos estamos jugando la vida, pero no olvidemos que hubo episodios de terrorismo. Terra Lliure mató a gente. Pero sí que es verdad que han conseguido, sin esa violencia explícita, atemorizar a la población. Ellos usan otros tipos de violencia más sutil, como la verbal, la social… Es el grupo fuerte. Se unen mucho, para dejar claro que son muchos. Y los que no somos nacionalistas somos pocos. Se trata de atemorizar a una minoría.

Es el grupo fuerte. Se unen para dejar claro que son muchos. Y los que no somos nacionalistas somos pocos. Se trata de atemorizar a una minoría

¿Esta situación que explica también la vive usted?

—Para mí es más fácil porque no vivo allí. Pero los que tienen que aguantar salir de casa y ver su pueblo o ciudad repleta de lacitos amarillos y de consignas independentistas todos los días me parecen valientes, por aguantar. Más que cobardes, lo que hay en España es mucho aguante. Me sorprende lo paciente que es la gente. España fue muy paciente con el terrorismo de ETA y ahora lo está siendo con el tema catalán. Es muy pesado, ya están hartos. Y los nacionalistas no pararán hasta que no vean la oposición de la gente.

¿Usted planta cara o prefiere evitar el conflicto?

—Carlos Herrera decía el otro día que “de casta le viene al galgo”. Pues eso. Yo no me callo. Sonrío aún más. El otro día se produjo una situación que era cómica por lo surrealista que fue. Íbamos avanzando en la manifestación y la dueña de la tienda de alimentación del pueblo, una señora con la que teníamos relación, al paso de la manifestación, como si fuera venir una panda de delincuentes peligrosos, cerró la tienda a toda prisa. Con tan mala pata que se le atrancó la puerta. A mí esta gente me da risa. Es bastante penoso. Era como una película del Far West, que vienen los malos y todos se esconden en sus casas. Esa fue la sensación.

Hay que superar el momento... hasta que dices “vale, pues ya está. Soy el facha. Soy el malo de la película y decidme lo que queráis".

Dice que ha perdido amistades por la política. ¿Todos sus amigos catalanes son independentistas?

—Pues te diría que el 95%.

Mariana Boadella2

Mariana Boadella durante la entrevista con Crónica Global

¿No hay la posibilidad de evitar hablar de este tema y continuar siendo amigos?

—Es muy difícil por el nivel que ha alcanzado. No se ha convertido en un tema solo político, sino más profundo. Hay gente que esto se lo toma como una religión. No es un tema político. Tengo amigos en Ciudad Real que tenemos opiniones totalmente contrapuestas a nivel de política, pero nuestra amistad pasa por encima. Se tiene como un tema político y nada más.

Con el nacionalismo es más difícil porque apela a la identidad, al sentimiento de pertenencia. Sentirse traidor hacia tu propia gente…

—Lo peligroso del nacionalismo es que apela al sentimiento y eso deja de tener un cariz político. La política es siempre la razón. Dentro de la razón, se puede hablar y se puede estar totalmente en desacuerdo, pero aquí se ha pasado al sentimiento. Por ejemplo, en las pintadas que nos hicieron, me decían que mi padre se lo merecía por todo lo que hacía.

La política es siempre la razón. Dentro de la razón, se puede hablar y se puede estar totalmente en desacuerdo, pero aquí se ha pasado al sentimiento

Pero a su padre nadie le puede reprochar su pasado antifranquista. Quizás duele más que alguien tan catalán como él no sea nacionalista.

—Ellos se apuntan el tanto. Los nacionalistas dicen que eran antifranquistas… Y de mi padre se inventan mentiras, como que trabaja para el Gobierno del PP. Esto es estar mal informado. Mi padre es freelance y está de actor con una obra propia, pero sí que intentan buscar una razón oculta, como que trabaja para Madrid y que allí le aplauden. Pero sí, les fastidia mucho más si eres catalán. Para ellos es la mayor traición que se pueda hacer.

¿Fue a la escuela pública catalana?

—Sí. Yo fui educada y adoctrinada en la escuela catalana. En Verges. Y luego, el instituto, lo hice en Torroella. En ese entonces ya nos encarrilaban hacia el nacionalismo.

En su adolescencia, una etapa crítica donde resulta más difícil ir en contra del pensamiento dominante, ¿se discutía con su padre? ¿Tenía contradicciones entre lo que le explicaba él y lo que le explicaban en clase?

—Sí. Me pasó en el instituto. Lo recuerdo muy bien en las clases de lengua catalana. Que nos contaban unas cosas que luego lo comentaba en casa y me decían que esto no era así. En esa época tenía un conflicto para saber cuál era la verdad. Incluso recuerdo en COU, en el último año, que entregué el examen de catalán --que además sacaba muy buenas notas-- y le dije a la profesora que le entregaba el examen con lo que ella quería que pusiera, pero no con la verdad. En Historia de lengua catalana. Allí ya fui haciéndome consciente, pero porque tenía esa visión crítica en casa. Si no hubiera tenido ese contrapunto y esas otras lecturas me hubiera creído las historias que nos contaban.

Si no hubiera tenido el contrapunto de mi familia y esas otras lecturas me hubiera creído las historias que nos contaban

¿Ha dicho que una maestra la repudió?

—Un tutora mía. Hace un par de años me posicioné en contra del nacionalismo y ella escribió en mi Facebook que le daba vergüenza haberme dado clase. Fue un golpe para mí. No te esperas que a la maestra del colegio no le importe realmente qué carrera profesional hayas hecho, ni que hayas hecho un doctorado, sino que lo único importante sea mi pensamiento político. Para ella debe ser un fracaso que uno de sus niños adoctrinados le haya salido un rebelde.

Fuera de Cataluña se imaginan un adoctrinamiento muy explícito. En cambio, yo que también he pasado por el modelo público catalán, la sensación que he tenido es que lo hacen por nuestro bien. Que ni siquiera son conscientes. Es en lo que creen.

—Claro, la gente cuando piensa en adoctrinamiento se piensa que a lo mejor cantamos Els Segadors por la mañana. El adoctrinamiento es muy sutil. Está muy bien hecho. Hay que reconocerles que como estrategia de marketing es muy buena, porque no se nota. En los libros de texto, donde pone Jaume I, en vez de rey de Aragón, que es lo que era, ponen Cataluña y Aragón. Van poniendo Cataluña en todos lados y siempre cuentan lo bueno. Y de España cuentan lo malo. Es por repetición. Es muy sutil. Pero es durante años. Generaciones educadas así.

Yo centralizaría la educación en Cataluña y en toda España. No puede ser que un niño de Toledo no aprenda las mismas cosas que un niño de Murcia o Cataluña. Conservo los libros del instituto como documento gráfico para ver cómo realmente ya se estaba manipulando la historia hace 20 años. No quiero pensar cómo deben ser los libros de hoy.

¿Se fue de Cataluña por la situación política?

—Me fui por el doctorado, pero lo que tengo claro es que no volvería. Me costaría mucho convivir allí.

¿También en Barcelona?

—Allí está más diluido, es más vivible. Ya no es esa mayoría aplastante que te amedrenta. En Barcelona siempre encontrarás a más gente que te apoye.

 La gente cuando piensa en adoctrinamiento se piensa que a lo mejor cantamos Els Segadors por la mañana

¿Cómo lo vive su familia?

—Se han creado su propio paraíso interior. En su casa. Porque realmente en el pueblo se relacionan poco. Hay otros familiares que lo sufren más. Incluso algunos que tienen un negocio y que ven que la situación está delicada a nivel de tener una empresa en Cataluña. Mucha gente me dice que irse está siendo una opción que se plantean.

¿Qué le parece la idea de Tabarnia? ¿No teme que alguien se la tome en serio?

—Pues me parece genial. El humor es la única terapia contra los fanatismos. Para combatir este fanatismo se les ha puesto un espejo, pero riéndonos. Si alguien se lo toma en serio es la minoría. Tabarnia ha servido para que mucha gente pueda hablar y no sentirse tan sola en esta cruzada contra el nacionalismo. Se le ha dado bola desde un sentido muy positivo, y ese es el gran éxito. Porque el nacionalismo sale de un sentimiento negativo, del egoísmo, de sentirse mejor que los demás... Que nos quiten lo reído, porque yo me he reído mucho con los vídeos de Tabarnia, y hace falta reírse un poquito.

Destacadas en Política