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El periodista Manuel Campo Vidal

Manuel Campo Vidal: “La dependencia del periodismo con la publicidad institucional es un peligro”

Un documental repasa los 50 años de trayectoria de este periodista, testigo de una Transición española "que no ha sido suficientemente valorada" y fruto "de un pacto con gran generosidad"

17 min

El documental Manuel Campo Vidal: pasión por la comunicación repasa los 50 años que este periodista, comunicador, profesor y directivo de medios ha dedicado a una profesión que, advierte, "está en un mal momento". Campo Vidal fue testigo de la Transición española, "no suficientemente valorada" y que fue fruto "de un pacto con gran generosidad".

El documental (se puede ver en Filmin) está dirigido por Luis Campo Vidal, hermano del protagonista.

--Pregunta: Un documental sobre tus 50 años en el periodismo. ¿El tiempo ha pasado demasiado deprisa?

--Respuesta: Lo importante es vivir tu tiempo y tu país. Lo decía una canción de Raimon y yo lo comparto. Lo malo es no enterarse de lo que está pasando. Y yo la verdad es que he tenido una vida muy intensa, muy activa. El documental ha sido un regalo. Creo que tiene un error: debería titularse Amor de hermano. Dicho esto, él conoce bien mi vida, sabe que era compañero de clase de Lluís Basset, Mercedes Milà, Montserrat Nebot y otras personas, alumnos en París del profesor Manuel Castells. Sabe que yo contraté a Olga Viza para Antena 3. Y que íbamos a la misma escuela de Manolo Flores, que fue jugador y entrenador del FC Barcelona. Él fue llamando a todas esas personas. Y lo hizo a pulso. Le estoy muy agradecido. Primero estuve un poco abrumado, pero como mi vida profesional, casi 50 años, han coincidido con tantos acontecimientos de España, pues repasar mi vida es repasar también el acompañamiento en la historia de España.

--Hablabas de entender tu tiempo. ¿Es más difícil hacerlo ahora, con el exceso de información que tenemos, redes sociales, medios digitales…?

--La vida ahora es mucho más compleja, vamos a un mundo cada vez más difícil y además mucho más interconectado por la globalización. Hay una protesta de jóvenes en Chile y a las dos semanas está presente en muchas capitales europeas, se contagia a Asia, etcétera. En un momento determinado, como ahora, sufrimos la invasión de Ucrania, que repercute directamente en los criadores de ganado en España, porque buena parte del maíz y del trigo viene de allí, y hay que buscar mercados alternativos. La vida es más complicada, pero también es fundamental que ayudemos entre todos a formar el criterio de las personas. La información en exceso puede ser perjudicial, pero sobre todo lo que es grave es la falta de criterio para entender lo que está pasando. Los medios de comunicación tenemos la responsabilidad de hacer información analizada y de dar el contexto, en lugar de hacer una información acelerada, en un mundo donde hemos sustituido el paradigma de la veracidad por la velocidad. Los medios compiten en quién lo da antes, sea verdad o no lo sea. Y eso es verdaderamente peligroso.

--¿El periodismo era más libre en los años 80 o ahora?

--Estamos en un mal momento en el asunto de la independencia periodística. Porque la crisis económica y los cambios tecnológicos presionaron mucho a las empresas, lo que ha provocado una precarización de los periodistas en sus puestos de trabajo, lo que ha acentuado la dependencia de la publicidad institucional. Y eso es peligroso, porque en España hay televisiones autonómicas, y también privadas, que dependen de la Diputación o del gobierno autonómico de turno o de quien sea y, al final, el margen de independencia y el espacio crítico, que es una de las defensas que tiene la democracia, no siempre es posible. Por tanto, el momento no es bueno.

--¿Tú sufriste presiones que se puedan confesar?

--Todo periodista tiene presiones. Pues porque hay una línea editorial que establece la empresa. A veces son incluso presiones por aparecer en el medio porque el tiempo es finito. El espacio del Telediario era antes de 30 minutos, ahora son más largos, las páginas tienen un espacio. Lo importante es mantener un cierto criterio profesional y defenderlo. Hay muchas personas que se han tenido que ir de las redacciones porque casi le pedían que escribiera al dictado. Hay gente que está mal y nuestros colegas que nos escuchan, lo saben.

--¿Somos los periodistas más prescindibles, menos necesarios tras la irrupción de las redes sociales? ¿Cómo te llevas con ellas?

--Yo me llevo bien, estoy en Twitter, tengo más de 30.000 seguidores, no intervengo mucho, pero observo mucho, me informo. No estoy en Facebook, sí en LinkedIn. Aquí se vivió un fenómeno en el que se hablaba del ciudadano periodista. Cualquiera podía escribir una crónica y lanzar un tuit. Pero quienes lo defendían ya se repliegan. Aquí tenemos que mirar quién ha dado la información y quién la firma. No lo digo en un sentido de defensa corporativo. Siempre digo a mis alumnos que quien quiera ser rico, que no se dedique a ser periodista. Ya sé que hay algunas excepciones. El capital de un periodista está en su credibilidad. Uno debe intentar tener un desarrollo profesional honesto. Ya sabemos que la objetividad pura no existe. Yo no he ocultado en ese documental que estuve en el antifranquismo, ¡y a mucha honra! Si en España perdemos la democracia, Dios no lo quiera, pues volveré a estar en la antidictadura. Creo que para mí, para mis hijos y para la sociedad, es mucho mejor vivir en un régimen de libertades. Eso te deja un cierto poso de persona progresista. Advertido lo que tengas que advertir, la credibilidad de un periodista está en que, ante una noticia, digas “¿pero quién la ha dicho?”. “Pues este periodista”. “Ah, pues es serio”. Recuerdo un libro en el que se explicaba la barbaridad que se hizo a la gente en un pueblo de Huesca, a la que echaron para construir un pantano que finalmente no se hizo. En el libro se decía que a la maestra la tuvieron que sacar por los pelos. Por casualidad yo conozco a la hija de esa maestra. Me dijo que no había sido así. Es tan dramática la noticia que no hace falta poner elementos exagerados que encima no son ciertos. Quizá se lo contaron al autor, pero hay que ir a comprobar las cosas.

--Esa credibilidad casa mal con el espectáculo en que se ha convertido un cierto periodismo. Por ejemplo, el de las tertulias.

--Hay tertulias más serias que otras en las que participa gente preparada. Uno no puede ser especialista en Ucrania y saltar inmediatamente al Covid y al volcán de La Palma. Durante la pandemia, colegas nuestros parecían que eran epidemiólogos, que habían estado entre virus todo el día. En todo caso habían estado en virus informáticos (ríe). Pero descubrimos que hay médicos, expertos farmacológicos, investigadores… con una buena capacidad de comunicación. Y también vulcanólogos en el caso de La Palma. Hay que ir a los expertos.

--¿Es necesaria una regulación del periodismo o una autorregulación?

--En los comportamientos deontológicos, tenemos al Colegio de Periodistas de Cataluña, a la Asociación de la Prensa de Madrid… Creo que tenemos elementos suficientes para que vayamos a una autorregulación sin necesidad que nadie venga a imponer. Yo creo mucho en el sentido común y el respeto. Confío en todas las personas que están al frente de organizaciones colegiales para ayudar a poner un poquito de templanza. Cuando era presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión siempre reclamé, y lo conseguimos, que en España existiera un consejo audiovisual, como hay en Cataluña, Andalucía y Navarra. Pero ese consejo no tiene que ser un lugar donde reproducir las polémicas que están el Parlament o colocar a algunos políticos que quedaron fuera de la lista electoral o han querido dar un paso al lado. Hubo un miembro del Consejo Audiovisual de Cataluña cuyo único antecedente era que en su pueblo había existido una televisión local. Tenemos que ir a unos profesionales de prestigio como los que hay en Reino Unido. Creo que nos podemos autorregular con personas preparadas.

--Viviste plenamente la Transición. Hay cierto populismo que lo pone en tela de juicio, diciendo que se cerró en falso e incluso hablan del "régimen del 78"...

--He escuchado opiniones de esa naturaleza y cosas más absurdas todavía. Como que hay que cambiar la Constitución porque “yo no había nacido”. Pues, oye, eso es un hecho administrativo, yo qué quiere que te diga. En todo caso lo que tenemos que ver es si es válida o no. Pero no va a dejar de ser válida porque tú no habías nacido. Ni cada generación tiene que aplicarse su propia Constitución. Por supuesto que tiene que modernizarse, que tiene que adaptarse. En España hubo ocho constituciones y tres guerras carlistas. Creo que no se ha valorado suficientemente lo que se hizo en la Transicion, fue un pacto con una gran generosidad. Personajes que venían del consejo de ministros de Franco, literalmente, como Manuel Fraga Iribarne, o del exilio, como Santiago Carrillo, junto a nacionalistas y socialistas: hicieron un gran esfuerzo de generosidad y con mucha calidad profesional. Mucha buena fe, al pensar que no era verdad lo que a los niños nos decían en las escuelas del franquismo: “No es que la democracia sea mala, pero es que los españoles nos mataríamos entre nosotros”. Pues llevamos 42 años de Constitución y salvo los asesinatos de ETA (dolorosísimos y desgraciadamente muchos de ellos vergonzosamente todavía no explicados) aquí no se ha matado nadie. La Transición hizo su papel, España pudo entrar en la UE, normalizamos nuestra posición en el mundo y gracias a eso estamos donde estamos. Me parece perfecto corregir la Constitución, que haya un pacto de Estado para actualizarla. Los alemanes suelen actualizarla cada dos años. Y no pasa nada.

--¿Se lleva bien ser periodista y empresario?

--Soy periodista, estudié Sociología y más que empresario, sobre todo he sido directivo y luego emprendedor. Serlo te permite crear tu propia productora o participar en algunas aventuras editoriales que te permiten ganar espacios de libertad. Hubo un tiempo que parecía que solo podían crear emisoras aquellos que ya tenían un periódico o solo podían participar en televisión aquellos que ya estaban en la radio. Y eso no tiene por qué ser así. Estamos en un mundo libre, hay libertad de empresa. Hay periodistas que están creando su propia empresa porque no encuentran trabajo, no pueden trabajar por cuenta ajena.

--De esa vía emprendedora surgió el boom de los medios digitales. ¿Crees que todavía se tiene más respeto por el papel?

--Es una polémica interesante. La Vanguardia tiene una presencia importante en España gracias a la digitalización. No sería industrialmente posible que llegara en papel. Con todo, por percepción cultural, es muy probable, a mí me pasa, que cuando una cosa sale en papel se le tiene más respeto. Pero el calificativo de poca credibilidad a los medios digitales está prácticamente en desuso. Porque hay medios digitales extraordinariamente solventes y respetables.

--Se te recuerda por haber moderado el famoso debate entre José María Aznar y Felipe González. ¿Pero hay alguna otra experiencia que te haya satisfecho más o que te haya impresionado?

--Yo he sido y soy muy feliz en el ejercicio del periodismo. Y a mí la comunicación me gusta. Me gusta entrevistar y ser entrevistado, dar conferencias, dar clases, hacer programas de televisión y radio. Y me formé en el diario Tele/eXpres, una gran escuela de periodismo para los que estábamos entonces en la calle Tallers 62 de Barcelona. No creo que haya una opción por encima de todo. Cierto es que aquel debate tuvo mucha repercusión, y los que vinieron. Yo era estudiante en París en 1974. Cuando murió Pompidou se convocaron elecciones y vi el debate entre Valéry Giscard d’Estaing y François Mitterrand. En nuestro país no había democracia, pero yo pensé que algún día la habría y yo organizaría un debate. 19 años después eso pasó, el 24 de mayo de 1993, con el debate entre Aznar y González donde, sobre todo, quedó claro que la ciudadanía había ganado un derecho. Durante 16 años no hubo más debates, tuvimos que esperar a 2008 con Zapatero y Rajoy, después Rubalcaba-Rajoy, Sánchez-Rajoy… Me estoy refiriendo sobre todo a los cara a cara. La ciudadanía debe poder elegir entre quienes están en una situación de crisis en un plató, porque si no saben comportarse en esa situación, difícilmente lo van a hacer cuando estén en un despacho. Hay un profesor americano, Alan Schroeder, que ha estudiado mucho los debates electorales, que dice: Eso no es una esgrima dialéctica, es una selección de personal.