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Una periodista de Le Monde revela cómo los indepes 'compran' los medios catalanes

Sandrine Morel explica que los hombres de Puigdemont justifican la compra de publicidad en los medios para que éstos se acomoden a la estrategia soberanista

Los medios privados catalanes escritos en catalán o aranés se reparten 7,5 millones en forma de ayuda estructural para su publicación / FOTOMONTAJE DE CG
03.06.2018 13:29 h.
5 min

“Bueno, así funcionan las cosas aquí”. Un hombre de la comunicación del Govern de Puigdemont, del PDeCAT, pierde los papeles ante la incredulidad de una periodista, y pasa directamente al grano. Le suelta que si la Generalitat compra dos páginas de publicidad en Le Monde, la periodista acabará escribiendo lo que sus jefes le digan. Cuando Sandrine Morel muestra su indignación, y se resiste a creer semejante aseveración, el mismo interlocutor le insiste: “Bueno, así funcionan las cosas aquí”.

Ese es uno de los fragmentos del libro de Sandrine Morel, En el huracán catalán (Planeta) que acaba de publicar, y en el que narra su experiencia para explicar el proceso independentista en Cataluña.

Hacer caer a Rajoy

Los corresponsales extranjeros fueron muy codiciados por el Govern, tanto por el de Artur Mas como el de Carles Puigdemont. La presión ha sido constante, porque el independentismo era consciente de que una de sus pocas posibilidades de éxito era una reacción de las instituciones internacionales o el amparo de los medios de comunicación del entorno europeo y de los principales medios anglosajones.

Lo explica Morel, que también ha ido dando cuenta de sus experiencias a escritores, periodistas y otros colegas que no daban crédito a su relato. La corresponsal de Le Monde cuenta que Puigdemont le dijo en 2016 que era posible hacer caer a Mariano Rajoy, aunque cuando se han dado las circunstancias, la pasada semana, defendió una abstención en la moción de censura de Pedro Sánchez, y fue el PDeCAT, el grupo parlamentario en el Congreso, el que forzó las cosas para acabar apoyando a Sánchez, hecho decisivo para arrastrar el voto del PNV.

En un bar de hotel

El libro recorre todo el proceso desde la Diada de 2012, y analiza el papel de las entidades soberanistas, como la ANC u Òmnium Cultural. La percepción que tiene es que, en todo momento, el Govern de Puigdemont ve la situación como “un duelo” en el que puede ganar, y que para ello no se duda sobre las presiones que se deben ejercer, ya sea a los propios periodistas o directamente a los medios de comunicación, con la compra de espacios publicitarios.

En una de esas entrevistas con responsables de comunicación del Govern, señala que se acabó hablando de forma informal, en el bar de un hotel. “Hablamos en un tono informal, acerca del referéndum del próximo 1 de octubre. Le expongo mis dudas sobre su legitimidad, sobre las garantías que pueden ofrecerse en el caso de una consulta organizada unilateralmente, sobre las consecuencias que entrañará retar a Madrid”. A partir de ahí señala el transcurso de la conversación. “Él se siente molesto ante mi escepticismo. Considera que estoy siendo demasiado crítica con el independentismo. Y me suelta una frase que me deja helada: Si compramos dos páginas de publicidad en ‘Le Monde’, escribirás lo que tus jefes te digan Al ver mi indignación, me responde avergonzado: Bueno, así funcionan las cosas aquí”.

"Convergència es Cataluña"

Aparecen muchos interlocutores. Uno de ellos es Oriol Pujol, el quinto hijo de Jordi Pujol, encausado en el caso ITV. La versión de Oriol Pujol muestra cómo una parte del independentismo lo que quería era forzar una negociación, sin llegar tan lejos, lo que ha ocasionado políticos presos. Era negociación podía ser posible, a su juicio, porque “Convergència es el país”, confundiendo o demostrando lo que siempre ha interpretado Jordi Pujol, con la creación de un partido que fue más un movimiento político, social, económico y cultural de carácter totalizador.

El testigo de Sandrine Morel es el de muchos corresponsales extranjeros, que se ha visto presionados durante todos estos años, sin que tuvieran la otra versión, en gran medida por el desinterés y la desidia del Gobierno español, que nunca vio la necesidad, hasta el último momento, de influir en los medios extranjeros.

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