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Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, vicepresidente y presidente de la Generalitat, respectivamente.

La política social y laboral revienta las costuras del pacto entre CDC y ERC

Los socios del Govern votan diferente sobre reforma laboral o subvenciones a colegios que segregan por sexo. Los convergentes se tragan la cruzada de Comín contra el concierto sanitario que ellos mismos crearon

María Jesús Cañizares
4 min

Dicen que la política genera extraños compañeros de viaje. CDC y ERC es una muestra de ello. Su coalición gubernamental se sostiene únicamente con pinzas independentistas, pero la política social está reventando las costuras del pacto hasta el punto de votar por separado en cuestiones de gran calado como la educación o la reforma laboral.

En este sentido, el Parlamento catalán acaba de ser escenario de un nuevo cisma en el seno de Junts pel Sí. Ocurrió ayer, tras el debate de una moción del PSC sobre la calidad del empleo. El primer párrafo de la misma afirmaba que la reforma laboral impulsada por el Gobierno del PP en 2012 “ha sido el motor del deterioro y la precaridad de los salarios y las condiciones laborales, así como de la devaluación de las condiciones de seguridad, salud en el trabajo y el incremento de las desigualdades sociales y la pobreza”.

Se da la circunstancia de que esa reforma fue aprobada con los votos de CiU y PP, de ahí que, ayer, los diputados de ERC votaran a favor del rechazo y los de CDC se abstuvieran. Pero es que, además, los independientes de JpS también se dividieron, unos a favor del voto convergente --Germà Bel, Oriol Amat y Josep Maria Forné-- y otros, del republicano --Carme Forcadell y Eduardo Reyes--.

División gubernamental

Hubo, asimismo, división dentro del Govern, pues el presidente Carles Puigdemont y los consejeros Josep Rull y Neus Munté se han abstenido, mientras que el vicepresidente Oriol Junqueras y el consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, han votado a favor de ese rechazo a la reforma laboral.

Se da la circunstancia de que, el pasado mes de marzo, con motivo del pleno monográfico sobre pobreza, CDC y ERC también votaron divididos. En aquella sesión se demostró la distancia ideológica entre ambos socios de Govern, así como entre esta coalición y la CUP.

Negocio sanitario

Y es que los antisistema han roto definitivamente con Junts pel Sí en materia social y, ayer, además de posicionarse en contra de la reforma laboral, se unieron a PSC y CSQP para pedir la revisión del decreto 196/2010 sobre el sistema sanitario integral de utilización pública de Cataluña (SISCAT) para que se vete la participación de proveedores con ánimo de lucro en la red pública.

Tal como avanzó este diario, este punto de la moción presentada por los socialistas catalanes no salió adelante porque Junts pel Sí, PP y Ciudadanos votaron en contra. Es decir, que convergentes y republicanos se unieron a un extraño --por infrecuente-- frente común con la derecha parlamentaria. Sin embargo, el resto de la moción socialista, que pretende blindar el sistema público sanitario, fue aprobado en la Cámara catalana.

Cruzada contra la privatización

Así, mientras CDC hace equilibrios para tolerar la cruzada del consejero de Salud, Antoni Comín (ERC), contra la privatización sanitaria, a pesar de que los convergentes fueron los principales impulsores del modelo de concierto que ahora se pretende desmontar.

Por el contrario, CDC ha hecho una defensa a ultranza de los conciertos con escuelas que segregan por sexo, generando de nuevo divisiones parlamentarias. El mes pasado, los diputados convergentes votaron en contra de dos mociones de PSC y CSQP sobre los presupuestos de la Generalitat de 2016 debatidas en el Parlament en las que se abogaba por retirar esos conciertos, mientras que los republicanos se abstuvieron

Sin embargo, el líder de ERC, el vicepresidente Oriol Junqueras votó a favor de mantener esas subvenciones tal como defienden CDC y PP. También se alineó con esta posición el diputado de JPS Lluís Llach.