La losa que arrastra Rajoy a la espera de un presidente catalán

El presidente del Gobierno reclama un interlocutor al frente de la Generalitat para iniciar un acercamiento que le permita gobernar también España

Mariano Rajoy arrastra una losa a la espera de que se elija un nuevo presidente de la Generalitat, la aplicación de 155 /EFE
12.03.2018 00:00 h.
7 min

Una losa. El 155 planea cada día sobre la mente de Mariano Rajoy. El presidente está confuso. En las últimas semanas han sucedido dos fenómenos que ningún radar había identificado. Por lo menos no los radares de Moncloa, a pesar de las voces y las advertencias de los dirigentes territoriales del PP, que temen una debacle en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Rajoy no había contado con las movilizaciones de pensionistas ni con las manifestaciones de mujeres, apoyadas en el último momento por los grandes sindicatos. Pero la losa que arrastra Rajoy es otra. El jefe del Ejecutivo cree que quedará totalmente marcado como gobernante por lo que suceda en Cataluña, y reclama que los partidos independentistas sepan aprovechar la ocasión y elegir a un presidente que no tenga causas judiciales abiertas, ---lo que incluye a Jordi Sànchez y a Jordi Turull-- para despejar, de una vez, esa losa que se llama 155. Sólo así, considera, podrá iniciar un acercamiento con la Generalitat que permita salir de una situación de bloqueo y también le permita gobernar España.

Rajoy ha expresado esa preocupación a sus interlocutores en las últimas semanas. A los que le buscan para que intente algún acercamiento con los gobernantes catalanes. Sin que se reclame una posición sobre lo sucedido, sin que se le exija que plantee ya una solución, un plan político, es el propio Rajoy el que pronuncia el gran tabú en el último año: la aplicación del artículo 155 de la Constitución. “Es muy duro cesar a un gobierno elegido democráticamente”, sostiene el jefe del Ejecutivo español.

¿Quién aguanta un acuerdo?

No quería. No lo deseaba, aunque el movimiento independentista insista en que el Gobierno lo tenía pensado desde meses atrás. Rajoy confió en que Carles Puigdemont acabaría convocando elecciones, y durante el pleno en el Senado, para poner en marcha el 155 vio cómo se esfumaba esa posibilidad. Se trata de una medida que en las últimas semanas se ha ido asumiendo en Cataluña, con la idea de que “no ha pasado nada”. Pero se trata, si se toma un poco de distancia, de una decisión drástica. Todo un Govern cesado, que se esperaba que se pudiera formar de nuevo tras las elecciones del 21-D.

Moncloa no entiende ahora que los partidos independentistas sigan jugando con la recuperación del Ejecutivo catalán. Rajoy no tiene ningún interés en mantener el 155 y repite lo mismo que meses atrás de que Junts pel Sí y la CUP aprobaran la ley del referéndum y la ley de desconexión en el convulso pleno de los días 6 y 7 de septiembre. Y es que entonces, cuando políticos y empresarios que pretendían ejercer de puente, le pedían a Rajoy que llegara a algún acuerdo, la pregunta era y es ahora la misma: “¿Con quién, con qué interlocutor?, ¿Quién me aguanta en Cataluña el acuerdo al que llegue?”.

Obligado a recurrir al TC

Eso le produce angustia a Rajoy, aunque se le quiera presentar como un gobernante frío, que está dispuesto a permanecer en el poder como pueda, ganando tiempo continuamente. Es consciente, según apuntan los interlocutores que han buscado alguna solución, que el problema catalán le va a marcar de forma definitiva como presidente del Gobierno, y desea establecer algún acercamiento. Ahora, lo único que pide es que Junts per Catalunya y la CUP no mantengan el mismo rumbo y decidan elegir presidente de la Generalitat a otro dirigente que tenga una causa abierta con la justicia. En ese caso, Rajoy mantendrá la misma actitud, y será “obligado” a recurrir todo lo que sea necesario ante el Tribunal Constitucional.

El reproche más grande a Rajoy que se le formula desde Cataluña, por parte del independentismo, pero principalmente desde el mundo económico que rechaza la vía independentista, es que no se tomó ni se toma lo que ocurre en Cataluña como una afronta estrictamente política. No vio un problema político en 2012, con la primera Diada, ni lo vio en los años posteriores. Entendió que el gobierno de la Generalitat nunca quiso negociar nada, desde la primera entrevista con Artur Mas en 2012, cuando éste le planteó negociar un pacto fiscal, justo en el peor momento económico de España en varios decenios.

Puigdemont y el secuestro de la política

Ahora Rajoy querría ver a Cataluña liderando las negociaciones para conseguir un nuevo modelo de financiación autonómica, buscando mejoras para la internacionalización de las empresas, y planteando posibles reformas de leyes orgánicas que pudieran mejorar el autogobierno de Cataluña. Se encuentra, sin embargo, una situación de enquistamiento, en la que Carles Puigdemont ha acabado secuestrando toda la política catalana, dispuesto a repetir las elecciones.

Rajoy sabe que eso lo complica todo mucho más. Los presupuestos de 2018 están bloqueados, porque el PNV no quiere saber nada hasta que no se levante el 155. Mientras, Ciudadanos no deja de azuzar, y los pensionistas están en pie de guerra, justo la parte más fiel del electorado del PP. Todo, todo en España se puede destensar con un nuevo gobierno en Cataluña. Pero el independentismo se cierra en banda. Y la angustia de Rajoy crece por momentos: “es muy duro cesar a todo un Govern democrático”, insiste, un Govern que había perdido el control de la situación y que no ha gobernado, de hecho, desde las elecciones de noviembre de 2012, cuando puso la directa para los diferentes referéndums de autodeterminación que puso en marcha.

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