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Imagen de la intervención telemática de Carles Puigdemont en el acto de Lovaina donde las cámaras captaron sus mensajes a Toni Comín / EFE

La locuacidad de Comín

El 'exconseller' de Salud, hombre de Oriol Junqueras, pero cada vez más próximo a Puigdemont, puede haber sido el detonante del final político del expresidente

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Ahora la lógica capacidad de autodefensa lleva a Toni Comín y a Carles Puigdemont a esgrimir que eran mensajes privados. Y lo son. Pero el exceso de locuacidad, de querer estar al lado del expresidente, de mostrar un liderazgo moral desde Bruselas, ha provocado esa exhibición de mensajes, registrados por un cámara de Telecinco, que puede truncar realmente el futuro de Puigdemont, pero también del propio Comín. De lo que se quejan es de haber sido sacrificados por el conjunto del independentismo, y por ERC de forma específica.

Comín no ha querido seguir los consejos del partido con el que ahora colabora. Es independiente, pero se debe a Esquerra Republicana, tras formar parte de sus listas electorales, y de ejercer de consejero de Salud en el Govern de Carles Puigdemont. Su relación con Oriol Junqueras ha sido muy estrecha en los últimos dos años. Pero Comín tiene una línea de actuación propia. Le importa su trayectoria personal.

El hombre de Puigdemont 

Y en los últimos meses tomó decisiones personales, aunque, al inicio, pudieran estar acordadas con la dirección republicana. Se fue a Bruselas con Puigdemont, y ha ejercido un rol de gran complicidad, hasta el punto que este martes estaba sustituyendo al expresidente en una conferencia en la que se estaba previsto hablar sobre cómo el exalcalde de Girona había arrebatado la ciudad a los socialistas.

Organizado por el partido nacionalista flamenco, N-VA, y con la presencia de Lorin Parys, que desea ganar en Lovaina, Puigdemont no entró demasiado en esa cuestión a través de un vídeo grabado y le tocó a Comín, que tampoco quiso meterse en un lío, dado que él formaba precisamente en las filas del PSC cuando Puigdemont ganó la alcaldía de Girona. De hecho, Parys, anfitrión de Puigdemont, es amigo personal de Comín. Pero el exconsejero de Salud volvió a las andadas, con sus acusaciones salidas de tono sobre el fascismo del Estado español, como aseveró en la concentración del independentismo en Bruselas, justo al inicio de la campaña electoral del 21 de diciembre.

Un juego letal

Comín estaba ahí, en Lovaina, dispuesto a dar cobertura a Puigdemont. Y cruzó los mensajes de móvil. Siempre en contacto con el expresidente, siempre pendiente de cómo seguir en primera línea, una vez que en Esquerra no se entendía su posición, ni por qué no renunciaba a su acta de diputado, ni por qué no accedía a regresar a España y asumir, como Oriol Junqueras, su responsabilidad ante la justicia española.

Toni Comín ha jugado. No pensaba en ningún momento en que la justicia española llevaría a los políticos independentistas a prisión. Siempre convencido de su autoridad moral, de que tiene la razón, Comín pensó que podría ganar al lado de Puigdemont. Ahora esos mensajes pueden ser letales para la causa legitimista que defiende el expresidente, pero también para Comín, que debería ahora saber en qué equipo desea seguir jugando, y tratar de que también esos posibles equipos quieran contar con él. ¿Lo hará Esquerra Republicana? Los republicanos ya no entienden nada de lo que hace Comín.