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Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate televisado.

La corrupción, el punto más débil de la representante del PP

Pese a los ataques y las críticas, los aspirantes a la presidencia del Gobierno estuvieron moderados en sus ataques al PP por la multitud de casos a los que se enfrenta

J. Romero
3 min

Las medidas para acabar con la corrupción y la responsabilidad de los casos que ha vivido el país han supuesto un salto cualitativo en el primer debate a cuatro de la campaña. Soraya Sáenz de Santamaría, que había tenido un protagonismo destacado y que había salido airosa hasta entonces, ha tropezado en este punto, como era de esperar. De hecho, a partir de ese momento su suerte ha cambiado.

Su defensa de la gestión del Gobierno del PP ante las tramas que han afectado a su partido --ley de transparencia y separación de los implicados, básicamente-- se centra en que ha quedado claro que no habrá impunidad para los corruptos.

Contradicciones

Una afirmación que casa mal con los mensajes de apoyo a Bárcenas, los ordenadores sin memoria de la sede del PP, el caso Rato o el trato que el ministro del Interior ha dado a este último, como le recordaron a la vicepresidenta sus oponentes.

La tentación de echar en cara el caso Monedero a Podemos y el de los ERE de Andalucía al PSOE fue demasiado fuerte para Sáenz de Santamaría, que de esa forma dejó bien claro que era el punto más flojo de su argumentario.

De todas formas, en este capítulo, el más difícil para la representante del PP, ha recibido un balón de oxígeno de Pedro Sánchez, que ha derivado la discusión hacia las listas electorales y la paridad de géneros, un tema del que el PSOE puede presumir. Y ella lo ha aprovechado para hablar a continuación de la normativa electoral y de la conveniencia de que, por ley, gobierne el partido más votado.

Una dureza medida

Los candidatos a la presidencia del Gobierno no han sido tan duros con el PP como cabía esperar. Hasta los moderadores del debate han dejado ver su sorpresa. Y ello pese a que tanto Sánchez como Rivera han personalizado en Rajoy los casos de corrupción de su partido en línea con su estrategia electoral de castigar al ausente, tan mal valorado en los sondeos. El eslabón más débil del PP.

También se han producido algunas propuestas concretas, como la de Iglesias de prohibir las puertas giratorias en la Constitución, y otras más generalistas como la de Rivera de acabar con el “capitalismo de amiguetes”. En cualquier caso, cabría haber esperado más contundencia en un tema tan delicado y que es el principal problema del país para el 40% de los ciudadanos, según el CIS.