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Laura Borràs (JxCat), abrazando al expresidente de la Generalitat, Quim Torra, ante la mirada del candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès, tras ser elegida presidenta del Parlament / EFE

JxCat se abstendrá mañana e impedirá la investidura de Aragonès

La postura de los neoconvergentes obliga al republicano, que solo contará con el apoyo de la CUP, a someterse a una segunda vuelta

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El grupo parlamentario de Junts per Catalunya (JxCat) se abstendrá mañana en la investidura de Pere Aragonès, impidiendo así que salga elegido presidente de la Generalitat. Así lo ha decidido la ejecutiva reunida esta tarde. 

La abstención de los neoconvergentes obliga al candidato de ERC a someterse a una segunda vuelta, ya que no logrará la mayoría absoluta, 68 diputados. En segunda vuelta, solo es necesario obtener la mayoría simple, es decir, más votos a favor que en contra. De momento, Aragonès solo cuenta con el apoyo de los nueve diputados de la CUP, que se suman a sus 33.

La dirección nacional de Junts ha analizado "las negociaciones llevadas a cabo con ERC y la CUP tras las elecciones al Parlament" del 14F, explica el partido en un comunicado. El objetivo "ha sido y sigue siendo la configuración de un acuerdo de legislatura que garantice un gobierno independentista". La comisión negociadora, integrada por Jordi Sànchez, Elsa Artadi, Josep Rius, Míriam Nogueras y Francesc de Dalmases, ha informado de las reuniones que han mantenido estos días con republicanos y cupaires.

"Sin garantías para un gobierno estable"

"El balance de estos encuentros es que no se ha podido llegar a ningún acuerdo de legislatura que garantice un gobierno estable que permita salir de la crisis social y económica que sufre Cataluña y que, a la vez, implemente el mandato de las elecciones del 14F, en el que el independentismo superó por primera vez en la historia el 52% de los votos".

Ante esta falta de acuerdo, "la ejecutiva ha decidido abstenerse en la primera vuelta del debate de investidura del candidato Pere Aragonès". Uno de los escollos de esas negociaciones es el papel que debe tener el Consejo para la República, una especie de gobierno "en el exilio" con sede en Waterloo, pilotado por Carles Puigdemont.