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Política

JxCat empieza la rendición de cuentas con Aragonès

La gélida reunión entre Junqueras y Puigdemont oficializa el fin de la tregua de los neoconvergentes, que exigen unidad estratégica en Madrid y un plan B para una mesa de diálogo que prevén fallida

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Ni 100 días de gracia. Ni siquiera cincuenta. Junts per Catalunya (JxCat) ya ha comenzado a exigir rendición de cuentas a ERC, demostrando, como dijo ayer la líder parlamentaria de los comunes, Jessica Albiach, que Pere Aragonès viaja con sus detractores en el asiento de copiloto.

Un viaje que comenzó hace 46 días, con un renovado pacto entre ERC y JxCat. En esta ocasión, con los republicanos y su apuesta por el diálogo con el Gobierno español al frente de la presidencia de la Generalitat. La tregua dada por los neoconvergentes en aras del desbloqueo de unas negociaciones que incluyeron a la CUP, se acabó el mismo día en que Aragonès tomó posesión, con críticas más o menos veladas sobre la negociación entre Gobierno y Generalitat. Pero Junts oficializó ayer en el Pleno del Parlament la reanudación de las hostilidades, al exigirle al presidente catalán unidad estratégica en el Congreso de los Diputados: tanto en lo que respecta a una previsible negativa del Gobierno a un referéndum de independencia, como a la postura ante los Presupuestos Generales del Estado de 2022.

El envite de Batet

La exigencia, que el presidente del grupo parlamentario de JxCat, Albert Batet, verbalizó hasta el punto de convertirse en el eje de su discurso parlamentario, supone un envite que, según fuentes soberanistas, “no pilla por sorpresa a los republicanos”. Añaden que Pere Aragonès es quien “toma las decisiones”. Dicho de otra manera, las exigencias de los neoconvergentes no parece que vayan a alterar la posición de ERC, en principio proclive a dar apoyo a las cuentas de Pedro Sánchez para el año próximo, tal como hizo con las de 2021. Y también apuntan estas fuentes que “es JxCat el que tiene un problema de división”, en referencia al cisma del grupo parlamentario del Congreso --con cuatro diputados del PDECat, que en su día respaldaron las cuentas de Sánchez, frente a otros cuatro diputados de JxCat contrarios--.

El presidente de la Generalitat no se comprometió ayer a nada tras ser interpelado por Batet y se limitó a subrayar que la mesa de diálogo, que se reanudará la semana del 13 de septiembre, no están vinculada a la negociación de los presupuestos. Pero los neoconvergentes sí relacionan ambos procesos, pues rechazan hacer concesiones a los socialistas, a los que consideran cómplices de la “represión” del independentismo. Nunca han escondido su menosprecio respecto a esa mesa de diálogo.

Un plan B

Por ello, junto al empeño en poner contra las cuerdas la legislatura de Sánchez, exigen un plan B, convencidos de que las negociaciones fracasarán. "Fiarlo todo solo al plan A sería un suicidio", aseguraba el pasado fin de semana el vicepresidente y consejero de Políticas Digitales e Infraestructuras, Jordi Puigneró. Es el número dos del Ejecutivo catalán, el hombre fuerte de JxCat en el Govern y que ejerce de bisagra entre el sector duro de Junts --Laura Borràs, Josep Costa, Francesc de Dalmases, Joan Canadell…-- y la actual ejecutiva del partido, liderada por Jordi Sànchez. Porque el plazo de dos años que Junts y CUP han dado a Aragonès para rendir cuentas de su negociación con el líder del PSOE es el mismo que tiene el partido liderado por Carles Puigdemont para resolver sus diferencias internas o afrontar una catarsis.

De esas relaciones gélidas entre JxCat y ERC da cuenta la reunión que ayer mantuvo el fugado con Oriol Junqueras, ya en libertad junto a otros seis dirigentes que fueron indultados por el Gobierno. Las imágenes de ambos líderes rezuman tensión. Hace casi cuatro años que no se veían, pero el cruce de reproches ha quedado inmortalizado en titulares y libros de memorias.