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Fernando Jáuregui (i), Manuel Pimentel (c) y Federico Quevedo (d) en la presentación de 'El desengaño' en Barcelona / CG

Jáuregui, Quevedo y la apuesta por la política entre ciudadanos irritados

Los dos periodistas defienden en 'El desengaño' reformas en toda España, con una apuesta por la política en la Cataluña más irritada

6 min

Buenas palabras, reformas, paciencia y realismo, y mucha política y menos obsesión por la ley. Eso quieren ofrecer los periodistas Fernando Jáuregui y Federico Quevedo y así lo exponen en su libro El desengaño (Almuzara), en el que huyen de las falsas respuestas que han ofrecido tanto la derecha como la izquierda en España en los últimos años, con un problema de Estado como ha sido y es Cataluña.

Pero la presentación del libro, con la presencia de su editor, el exministro Manuel Pimentel, hombre estudioso, leído y de seny, mostró que el momento es difícil, áspero, duro, irritado. Y es que los asistentes, en la librería Alibri de Barcelona, reflejaron la división existente: “No es el momento de la equidistancia, ¿por qué no deben pagar los que nos han llevado hasta aquí?”, aseguró un señor con las ideas claras.

Jáuregui y Quevedo quisieron mostrar que, pese a la responsabilidad de los dirigentes independentistas, el Gobierno de Mariano Rajoy no ha sabido actuar en todos estos años. Y que la defensa de la ley está bien, “pero hace falta mucho más, la política y el diálogo”, como afirmó Quevedo, un periodista con un anclaje en la derecha, pero que ha evolucionado hacia posiciones “menos conservadoras” y que se define como “liberal, y con la mente abierta al entendimiento, una actitud que en Madrid no se ha sabido mostrar”.

La política de indultos que llegará

En el libro repasan de forma “muy subjetiva”, en palabras de Pimentel, los hechos de los dos últimos años, con una especial atención a cómo Mariano Rajoy logró sortear su investidura, en primera instancia, corriendo un serio riesgo de que el PP se instalara en la oposición.

La intuición de Rajoy, aunque el PP no entendió nada y los nervios afloraron con fuerza, le permitió ser presidente con unas nuevas elecciones, después de que Pablo Iglesias, al frente de Podemos, impidiera la investidura del socialista Pedro Sánchez, que había llegado a un acuerdo con Ciudadanos. “Mostró un gran talento político, con el manejo de los tiempos”, según Pimentel. Todo eso está contado con detalle, con diálogos y el relato de cenas y reuniones entre los protagonistas.

Jáuregui, que ha experimentado un cambio a la inversa que Quevedo, del comunismo a la izquierda y casi al centro, aseguró que defiende “posiciones socialdemócratas" ("aunque no sé muy bien quién lo representa, y si es Iglesias, seguro que no lo soy"), e insistió en que en España son necesarias las reformas, de la propia Constitución, y una actitud de diálogo hacia Cataluña que pasará “seguro” por una política de indultos cuando se establezca una nueva senda política tras las elecciones de este mismo jueves, hacia los políticos que siguen en prisión y que deberán afrontar los pertinentes juicios. "A Rajoy seguro que no le gustará, tampoco a Iceta, pero se hará y seguramente es lo que se debe hacer".

Tiempo para rebajar la tensión social

Eso irritó a muchos de los presentes, que no tenían ningún deseo de que se les ofreciera paños calientes. Desde la política lingüística, hasta la parálisis en el Govern, pasando por el proceso soberanista y la vulneración de las leyes, los asistentes que participaron en el coloquio recriminaron a los autores esa percepción “equidistante”. Fue Jáuregui quien insistió en que “no se puede ser partidario de la mano dura". "Al menos yo no lo soy”. Pero el clima no estaba en una tarde complicada en Barcelona, con un colapso de tráfico en toda la ciudad, a pocas horas de unas elecciones que pueden ser trascendentales, para una apuesta genérica por el diálogo.

Jáuregui y Quevedo, que protagonizaron una tertulia en la Cadena Cope --se conectó en directo con la emisora desde la librería—, mantuvieron su mensaje, que no fue, tampoco, nada complaciente con la realidad política española. Para Jáuregui, el próximo año será mejor, porque nada puede empeorar continuamente, pero Quevedo señaló que no tenía ninguna esperanza en ello. “Es un problema de Estado, con Cataluña, pero también en toda España, con un Gobierno que tampoco ha corregido la desigualdad que provocó la crisis económica”, aseguró.

Tarde-noche fría, con algún brillo de esperanza, aplausos finales, firmas de libros, y la sensación de que se necesitará tiempo en Cataluña para que, más allá de los resultados electorales, se recomponga el clima social y baje la irritación.

 

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