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Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC y el historiador Agustí Colomines / CG

El independentismo se revuelve contra la ANC

La decisión de la presidenta de la entidad, Elisenda Paluzie, que se reúne con Puigdemont, de organizar una consulta sobre el Govern provoca la ira del entorno del expresidente y de ERC

04.05.2018 00:00 h.
5 min

El independentismo contra sí mismo. A las puertas de la formación de un nuevo Govern, con la posible candidatura de Elsa Artadi para sustituir a Carles Puigdemont, el independentismo ha desatado su ira contra la ANC. ¿Absurdo, suicida? La entidad soberanista ha cobrado vida propia con la presidencia de Elisenda Paluzie, que no obedece a las indicaciones de los partidos ni de los dirigentes políticos, y que ha organizado, con la apelación a las bases, una consulta para que sus afiliados decidan este fin de semana si se debe ir a unas nuevas elecciones, probar con todas las consecuencias la investidura de Puigdemont o aceptar un nuevo gobierno, y, por tanto, “las imposiciones del Estado español”. Este mismo jueves, Paluzie se ha reunido en Berlín con Puigdemont, para analizar la situación, con la idea compartida de no renunciar, en ningún caso, a la República catalana, según ha querido comunicar la propia ANC.

El más beligerante contra Paluzie ha sido un guardián de las esencias, Agustí Colomines, estrecho colaborador de Puigdemont, que no quiere que nadie le estropee los planes. Y el guion fijado es la elección de Elsa Artadi para recuperar las instituciones, dejar a un lado la aplicación del 155 y ofrecer un papel determinante a Puigdemont como “presidente legítimo en el exilio”. Las pullas a Paluzie han sido constantes en las últimas horas.

República catalana

Pero no sólo es Colomines. Son también el PDeCAT y Esquerra Republicana, que desean de una vez por todas iniciar la legislatura, y rechazan que la ANC pueda marcar la agenda con una presión constante sobre lo que debe hacer el independentismo. Desde posiciones distintas, pero también con el denominador común de gobernar cuanto antes, el republicano Joan Tardà y el historiador Agustí Colomines se han pronunciado pidiendo la máxima autonomía para actuar. Sin embargo, la ANC es ahora un obstáculo, justo cuando reivindica su total independencia, con sus más de 30.000 afiliados, a los que se les prometió, precisamente, “la república catalana”.

Colomines, que orienta la estrategia de Puigdemont, considera que Paluzie debe respetar el campo de juego de los partidos políticos, y su capacidad para llegar ahora a un acuerdo que pase por nombrar a Elsa Artadi, y recuperar el gobierno de la Generalitat. “¿La sociedad civil debe decidir por los grupos parlamentarios?, yo creo que no, cada uno debe cumplir su papel, la sociedad civil no puede ser utilizada como un lobby”, señala Colomines en un artículo en El Nacional.

Puño en alto

Colomines reprocha a Paluzie que levantara el puño mientras cantaba Els Segadors en la manifestación del 1 de mayo, por la misma razón, la de obedecer a la necesaria “transversalidad” de la entidad soberanista.

La ANC ha experimentado un cambio con la elección de Paluzie, que ganó las elecciones por goleada. La entidad formada por independentistas de todo el territorio, organizada a través de asambleas locales, quiere defender “la república catalana” que se declaró el 27 de septiembre en el Parlament. Reivindica su independencia de los partidos, después de que el entorno de Artur Mas quisiera “domesticarla” bajo la presidencia de Jordi Sànchez, ahora en prisión.

La ANC, ahora un problema

El independentismo, por tanto, ha entrado en una espiral complicada. Un posible paso atrás del nuevo Govern, una vuelta al autonomismo, una renuncia al proyecto independentista, se interpretaría como una traición. Y eso lo saben los partidos independentistas, que desdeñan ahora a la ANC, temerosos de su poder, y de las posibles reacciones cuando se forme un Govern que quiera dar marcha atrás y rectificar los errores cometidos en los últimos años.

Pero quien dio alas a la ANC fueron los dirigentes independentistas, apoyándose en sus movilizaciones para justificar los pasos políticos que se daban, que culminaron con la declaración de independencia del 27 de octubre. Ahora resulta que es un problema para sus propósitos.

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