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Manifestantes durante la marcha contra el terrorismo celebrada este sábado en Barcelona

El independentismo se apropia de la manifestación contra el terrorismo de Barcelona

Las 'esteladas' y los gritos contra el Rey y Rajoy protagonizan la marcha tras una semana de tensión política

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La tentación de convertir la manifestación antiterrorista de este sábado en un nuevo acto de reivindicación independentista era muy fuerte para los principales actores secesionistas, y, como ha podido comprobarse, no han podido evitar caer en ella.

De nada han servido las llamadas --con la boca pequeña-- de los líderes de las formaciones nacionalistas a no politizar la marcha. La presencia masiva de esteladas y los ensordecedores gritos y pancartas contra el Rey y contra Rajoy han sido, finalmente, los protagonistas la concentración. Una concentración que, sobre el papel, pretendía mostrar la unidad política y social contra el terror, pero que deja unas imágenes que bien se podrían confundir --salvo por la presencia de unas pocas banderas de España-- con las de cualquiera de las últimas Diadas.

Cargos del Govern 'calentaron' la marcha

En todo caso, la apropiación de la manifestación por parte del independentismo era algo que algunos analistas ya habían denunciado en base a los últimos acontecimientos. Muchos eran los elementos que apuntaban en esa dirección: desde la elección de un lema de origen secesionista --“No tinc por” (“No tengo miedo”)--, a las críticas de la CUP por las asistencia del Rey (incluyendo una amenaza de boicot si el jefe del Estado hacía acto de presencia), pasando por las declaraciones realizadas por destacados dirigentes nacionalistas en los últimos días, que se han encargado de calentar el acto.

Entre estas últimas se pueden incluir las críticas de Puigdemont al Gobierno en una entrevista publicada este viernes en Financial Times. En ella el presidente de la Generalitat acusaba al Ejecutivo español de hacer un uso político de la seguridad.

Días antes, el jefe de prensa de Diplocat, Martí Estruch, apuntaba en la misma línea al asegurar que “los poderes del Estado están dispuestos a poner en peligro vidas humanas antes que la unidad de España”. Y, de igual forma, el jefe de comunicación de Puigdemont, Pere Martí, utilizaba las imágenes de los ministros de Exteriores de Francia y Alemania mostrando sus condolencias a Raül Romeva para reivindicar la política internacional de la Generalitat.

Unas salidas de tono a las que se han sumado otros altos cargos del Ejecutivo autonómico, como el director de Comunicación Internacional, Joan Maria Piqué Fernández (ex jefe de prensa de Mas); el director de la Escuela de Administración Pública de Cataluña, Agustí Colomines, y el director general de Comunicació del Govern, Jaume Clotet.

ANC y Òmnium Cultural

Sin embargo, las llamadas más claras a tomar la manifestación no surgieron desde el independentismo institucional sino de sus entidades satélites. Es el caso de la ANC y Òmnium. El presidente de la primera, Jordi Sànchez, hizo un llamamiento el jueves a acudir con banderas a la manifestación como “la mejor respuesta a la presencia de jefes de Estado”. Es cierto que no especificó qué banderas animaba a llevar, pero ha quedado patente que sus seguidores entendieron claramente que se refería a banderas independentistas.

Por su parte, Jordi Cuixart, líder de Òmnium Cultural, ha optado por apuntar al Rey. Unas horas antes de la marcha ha difundido un vídeo en el que se acusa a España --y más concretamente al jefe del Estado-- de hacer "negocios con quienes financian el terrorismo", en referencia a la venta de armas a Arabia Saudí. "¿Te imaginas no hacer negocios con la guerra y el terrorismo", se preguntaba en un tuit con el lema de la manifestación, “No tinc por”.

Una estación más de la hoja de ruta independentista

Con todos estos elementos, el sesgo independentista del acto no es ninguna sorpresa. Tampoco para los dirigentes de los partidos independentistas, que se han declarado satisfechos con el resultado de la manifestación, sin matices.

Así, el acto de este sábado concluye como la antesala de una nueva Diada secesionista, una estación más de la hoja de ruta hacia el referéndum independentista del 1 de octubre. Un acto que muestra que la división y fractura de la sociedad catalana es tan profunda que ni siquiera un atroz atentado terrorista es capaz de reparar.