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Illa y Aragonès medirán sus fuerzas en el Parlament  / CG

Illa y Aragonès medirán sus fuerzas en el Parlament

Los dos candidatos, empatados a 33 escaños, se presentarán a la investidura, pero JxCat quiere hacer valer el 50% de los votos independentistas para repetir el desafío

5 min

Cambio o más procés. El futuro Parlamento catalán deberá decidir si el futuro presidente de la Generalitat pasa página del conflicto independentista o si renueva sus votos con un desafío al Estado, que ya tiene nuevo lema: amnistía y autodeterminación. El socialista Salvador Illa, ganador de las elecciones en votos, ha anunciado que se presentará a la investidura. Una actitud muy diferente a la que tuvo Ciudadanos en los comicios de 2017, cuando Inés Arrimadas logró 36 escaños, pero no intentó la formación de gobierno.

Illa lo tiene difícil, pero no renuncia a protagonizar ese cambio. Ha ganado en votos, pero en escaños, 33, ha empatado con ERC, que también pide paso para liderar el futuro Ejecutivo catalán.

Alianza secesionista

Las declaraciones de Pere Aragonès preconizan un escenario más favorable a una alianza secesionista. Sus primeras palabras, tras conocer los resultados del 14F que estaba destinado a ganar --el efecto Illa tiró por la borda meses de encuestas que le daban como ganador--, fueron reivindicar la presidencia de la Generalitat, pero también la amnistía y la autodeterminación para lograr implementar la república catalana. Es decir, un nuevo referéndum.

Así se lo advirtió al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en lo que sonó a ruptura de puentes y carpetazo a un diálogo que a partir de ahora, se antoja imposible. Porque en esa vía ancha que Esquerra propone, Junts per Catalunya (JxCat) tiene mucho que decir. Ayer dio un avance de sus exigencias como tercera fuerza: hacer valer el 50% de los votos independentistas registrado en las urnas para implementar la república catalana.

 

 

Aragonès hace la valoración sobre los resultados del 14F / EP

Investiduras fallidas

Dicho de otra manera, para ERC va ser difícil negociar un nuevo gobierno con un partido que nunca le perdonó su negativa a investir a distancia al fugado Carles Puigdemont tras los comicios de 2017. Tampoco han asimilado los neoconvergentes que la CUP, el tercer elemento de la ecuación secesionista, vetaran la designación de Jordi Turull. Los antisistema ya pidieron la cabeza de Artur Mas en las elecciones de 2015, cuando Puigdemont, contra todo pronóstico, fue nombrado presidente de la Generalitat.

Los antisistema, imprevisibles, aseguran ahora que la independencia puede esperar. Al menos hasta 2030. Pero no darán un cheque en blanco a Esquerra, que aspira a involucrar a En Comú Podem en esa alianza transversal.

Albiach, contra JxCat

Pero la candidata de En Comú Podem, Jessica Albiach, ya reiterado que no piensa formar parte de un gobierno donde esté presente una formación de derechas como JxCat, con dirigentes tan ultraliberales como Joan Canadell, Damià Calvet o Elsa Artadi. Que Laura Borràs se defina ahora como socialista es, para los comunes, una broma. Recuerdan Albiach que JxCat rechazó el pacto fiscal acordado entre ERC y los comunes que permitió desbloquear los presupuestos de la Generalitat para 2020. Por no hablar del deseo de Canadell de eliminar el impuesto de sucesiones.

Albiach nunca ha escondido que quiere un tripartito de izquierdas con PSC y ERC. Ese deseo se remonta a agosto de 2017, cuando Pablo Iglesias y Oriol Junqueras cenaron en casa del empresario Jaume Roures. A esa entente parecía estar destinado a sumarse el PSOE que, de facto, logró los votos de los republicanos para la investidura y los presupuestos de Pedro Sánchez.

Pero llegaron las elecciones catalanas y, con ellas, el renovado miedo de ERC a perder voto identitario, a quedar fagocitado de nuevo por JxCat. De ahí que soportara las deslealtades de los neoconvergentes en el Govern hasta extremos incomprensibles.

El efecto Illa

Para colmo de males, irrumpió el efecto Illa, quien contra todo pronóstico, ha ganado las elecciones. El socialista también pide paso para presidir un gobierno no independentista. Solo cuenta con el apoyo de Albiach, porque aunque dispusiera del apoyo del resto de fuerzas constitucionalistas --Cs, PP y Vox-- tampoco superaría los 68 escaños necesarios. Y los comunes no aceptarían alinearse con una fuerza ultraderechista.

Illa lo tiene difícil y también ha asegurado durante la campaña que nunca formará gobierno con una fuerza independentista, pero quiere dar el paso en un Parlament muy fragmentado y someterse a la investidura. Todo depende de Aragonès, pero la presión independentista es grande. Y mucho más, las exigencias de Puigdemont, que pueden tensar la cuerda y pulverizar esa alianza secesionista.