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Ignacio Garriga Me Gusta No Me Gusta

Me gusta / No me gusta... Ignacio Garriga

Andrea Rodés y Josep María Cortés ponen la lupa al candidato de Vox

Andrea Rodés / Josep Maria Cortés
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Ignacio Garriga, por Andrea Rodés
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Ignacio Garriga, por Andrea Rodés

Me gusta que sea dentista. Así, cuando se canse de decir tonterías sobre inmigración, España o las feministas, seguirá teniendo una profesión con la que ganarse la vida.

 

Me gusta que sea joven. Todavía tiene tiempo para rectificar sus ideas y desarrollar aficiones nuevas. Yoga y meditación, por ejemplo, le irían bien.

 

Me gusta que se declare católico practicante. Con un poco de suerte, Dios le perdonará por militar en Vox.

 

Me gustan sus frases ñoñas cuando habla del Espanyol: “Si tienes sangre de horchata no puedes ser perico”, “(El estadio de) Sarrià lo llevamos todos en el corazón pero más que hormigón o piedras los españolistas somos puro corazón”. Son frases que soltó hace un par de años en una entrevista con La Contra Deportiva, medio online vinculado al RCD Espanyol.

 

El periodista que lo entrevistó asegura en la entradilla que Garriga juega al tenis y es un amante de la música clásica y de la lectura. Bien. Me gustaría saber qué libros lee y quizás prestarle algunos.

 

Al parecer, a muchos pericos no les gustó la entrevista. “Por favor, no hagáis entrevistas a personajes como este. Lo único que hacéis es hundir a nuestro club socialmente (...) A ver si pensamos un poco antes de editar este tipo de trabajos”, comentó un seguidor del equipo al pie de la entrevista.

 

Me gusta que en Twitter despliegue su talento literario y utilice palabras tan originales como “rebuzno”: “La dictadura de lo políticamente correcto ha perpetrado un ataque feroz contra mi familia, hacia mí con insultos y demás rebuznos por defender el pudor, la intimidad y el derecho a decidir qué ven mis hijos y qué no. Seguiré sin retroceder: verdad, bondad y belleza”, tuiteó en agosto de 2019, al enterarse de que el Ayuntamiento de Barcelona había pedido a las piscinas públicas retirar cualquier prohibición de hacer topless.

 

Me gusta porque está dotado de una gran fantasía e imaginación. Podría dedicarse a escribir ciencia ficción: “Vox es la esperanza para cientos de miles de catalanes que están hartos de las consecuencias del separatismo”, declaró en una entrevista reciente para El Catalán. Cientos de miles. ¡Guau!

 

En su perfil de Instagram también da rienda suelta a su estilo peliculero. Me gusta particularmente una foto de la catedral de Notre Dame ardiendo con el siguiente texto debajo: “Los pirómanos son la consecuencia de los discursos globalistas que quieren romper con la identidad y la tradición cristiana de Europa”. Me encanta. Los conspiracionistas a su lado se quedan cortos.

 

Hay otra foto que también me ha parecido muy peliculera. Justo antes de que Vox presentase su moción de censura fallida para echar del Gobierno a Pedro Sánchez, Garriga se fotografió de espaldas frente al monumento al Corazón de Jesús, en la explanada del Cerro de los Ángeles, y acompañó la imagen con una plegaria: “No tengáis miedo al mundo ni al futuro, el Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia”. 

 

Me gusta porque seguro que no ganará.

Ignacio Garriga, por Josep Maria Cortés
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Ignacio Garriga, por Josep Maria Cortés

Toque Montejurra del ultramontano peinado por un buen estilista. Tengo un amigo en Sant Cugat que asistió hace años a un café-tertulia del exalcalde convergente Lluís Recoder, organizado en la librería-papelería de Clotilde Vaz de Concicao, la mamá de Ignacio Garriga, el actual candidato de Vox, un chico educado que te clava las pupilas si no eres de los suyos. Mi amigo no notó nada; yo le recordé que las concomitancias nacionalistas con la ultraderecha española vienen de lejos. Mi amigo tampoco entendió nada porque es extranjero y en su latitud cultural no caben los enjuagues entre el facherío y la patria, al estilo del Flandes autoritario, que atrae tanto a Puigdemont.

 

Garriga es odontólogo y profesor de la Universidad Internacional de Cataluña. Este dentista de marras no me gusta. Empezó en Nuevas Generaciones, las juventudes del PP, y atravesó su educación sentimental sometido a las iglesias heréticas de Wojtyla, a medio camino entre los Neocatecumenales y la prelatura de San Josemaria. Salió de allí antiabortista y homófobo hasta el punto de parecerle demasiado progre el programa del PP. Sesgado hacia el bando ultra, decidió buscar a las Juntas de Ofensiva del segundo milenio hasta que las encontró; entonces se hizo un hombre al lado de José Antonio (Abascal) y del dúo Onésimo Redondo (Ortega Smtih) y Ramiro Ledesma (Espinosa de los Monteros).

 

Ignacio bombardea a los menas (acrónimo insultante de “menores no acompañados”) salidos de lo que Vox llama el “estercolero multicultural”. Combate a la inmigración y a la inseguridad ciudadana, “provocada por los extranjeros”. Pero está lejos de la realidad, porque, según el INE, el 92% de los delitos de robo, allanamiento y asesinato son obra de españoles. Es experto en la cosificación del otro, sobre todo si es norafricano.

 

El partido ultra tiene a gala que mentir es más útil que equivocarse: Garriga mostró su desconocimiento del Presupuesto de la Generalitat en los estudios de la misma TV3, que él quiere suprimir. Pero Vox miente tanto que Twitter ha suspendido su cuenta, en un santiamén, como aquel que dice a lo Trump después del Capitolio: Good-bye White garbage. De lo que si sabe Garriga es de marchas sobre las instituciones. Dice: “Es necesario que Vox irrumpa en el Parlament”; ¿Llegará montado en el caballo de Pavía? ¿O lo hará camisa parda, pañuelo al viento? Se ha encaramado hasta cruzarse con el nacionalismo catalán autoritario, enemigo obseso de ERC (traïdors i botiflers, les llaman a los republicanos) y amigo de la entropía digital que protege al líder de Primaries, Jordi Graupera. Garriga no debuta; ya lo hizo en 2010 en el partido Alternativa de Govern, fundado por Montserrat Nebrera; y lo hizo controlando de reojo a su primo Joan Garriga Doménech, presidente de Vox Barcelona y ex número tres de la Plataforma xenófoba de Josep Anglada.

 

Sant Cugat ornamenta el reposo de Ignacio, el guerrero pulcro. Habrá sorpasso en la derecha, no lo duden. Garriga subirá al compás de la confesión de Bárcenas a la Fiscalía, que hunde al PP en un pozo muy negro.