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La destitución del presidente Carles Puigdemont puede provocar un 'House of cards' a la catalana en la Generalitat / EFE

'House of cards' a la catalana

La aplicación del 155 agudizará los enfrentamientos en PDeCAT y ERC, ya en campaña electoral, con acusaciones de “colaboracionismo”

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“El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía”, dice el inefable Frank Underwood en la serie televisiva House of cards. Y el postindependentismo catalán va a poner a prueba precisamente eso: la coherencia entre lo que se predicó (desobediencia, república) y lo que se hará a partir de ahora (elecciones autonómicas, ley española). Solo la CUP parece estar dispuesta a mantenerse fiel a sus esencias, no así PDeCAT y ERC, que ya liberados de su coalición gubernamental, ofrecerán grandes momentos de intrigas políticas, acusaciones mutuas de colaboracionismo y pugnas internas.

Todo indica que el descabezamiento de la cúpula de la Generalitat ordenada por el presidente Mariano Rajoy solo es un primer paso hacia una avalancha de ceses de altos cargos y asesores. Pero, de momento, en la faraónica administración catalana conviven todavía mandos de PDeCAT y de ERC, muchos de ellos heredados de gobiernos anteriores. Mandos y altos funcionarios que comienzan a mirarse con el rabillo del ojo para determinar qué tipo de lealtades y deslealtades se establecen respecto al nuevo orden establecido. Dicho de otra manera, que las viejas rencillas se pueden magnificar en este nuevo orden, provisional pero sensible a las pugnas partidistas que preceden a cualquier tipo de elecciones.

Evitar que el Gobierno remueva cajones

Para evitar daños mayores, el cesado gobierno de Carles Puigdemont ha dado órdenes a los cargos y funcionarios que quedan de no oponer resistencia. Para que que no se produzcan situaciones que puedan derivar en procesos penales, pero también “para no provocar al Gobierno español, que podría dedicarse a remover cajones y sacar a la luz trapos sucios inconfesables”, afirma a Crónica Global una fuente conocedora de los entresijos gubernamentales. Hay quien se pregunta si la frustrada quema de documentos por parte de los Mossos d’Esquadra en la incineradora de Sant Adrià del Besós (Barcelona) fue consecuencia de un chivatazo interno. Sin embargo, la primera oleada de ceses ha abortado las pocas ganas de rebelión que queda entre altos cargos de edad media que le han visto las orejas al lobo.

Puestos a buscar “colaboracionistas” con el gobierno provisional de Rajoy, ¿Puede tildarse de tal al sustituto de Josep Lluís Trapero, el comisario Ferran López? ¿O a Santi Vila? El convergente dimitió como consejero de Empresa horas antes de que se proclamara la república catalana en el Parlamento. Y es precisamente este tipo de gestos los que serán utilizados como arma arrojadiza entre PDeCAT y ERC en los próximos días ante unas elecciones que no pueden desdeñar, pues hay muchos cargos y dinero en juego. Y no solo entre ambas formaciones, cuya coalición no está todavía garantizada --las bases independentistas y la depauperada nueva Convergència desean reeditar JxS, no así ERC, ganadora en las encuestas--. Las pugnas internas existentes en cada partido también se van a acentuar entre quienes optan por acatar el 155 y quienes se mantienen fieles a la virtual república catalana.

Contemporizar

“Seguramente se va a sublimar el enfrentamiento entre izquierda y derecha, el quítate tú para ponerme yo. Y dentro de ERC y de PDeCAT habrá dirigentes que intentarán contemporizar con los nuevos tiempos, y otros que no”, explica un experto en comunicación política.

Las tensiones entre Oriol Junqueras y Marta Rovira son un secreto a voces. Frente al perfil más conservador del líder de ERC, la diputada ha ganado en los últimos tiempos una notable presencia mediática que quiere aprovechar el sector más radical. “Es el clásico enfrentamiento entre los perfiles políticos de un partido y nuevos dirigentes de escalada fácil”, añade este especialista.

En PDeCAT sucede algo parecido. La nueva dirección convergente, con Marta Pascal al frente, se ha alineado con la vieja guardia representada por Artur Mas o Francesc Homs para desmarcarse de las aventuras unilaterales, frente a dirigentes como Jordi Turull o Joaquim Forn, que aprovechan la confusión para escalar posiciones.