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El historiador Josep Fontana en su casa de Barcelona / EE

Josep Fontana: “Pensar en la independencia es una insensatez”

El historiador barcelonés defiende en una entrevista para 'Crónica Global' un mayor autogobierno "no para pedir más dinero, sino para tener más libertad para administrar lo que corresponda"

12.12.2017 00:00 h.
8 min

Sin paños calientes. El historiador Josep Fontana (Barcelona, 1931) asegura que lo más sorprendente no es la victoria de Donald Trump, sino que "los demócratas pretendieran ganar con una candidata tan deleznable como Hillary Clinton". Este profesor emérito de la Universitat Pompeu Fabra, autor del libro El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (Crítica) reflexiona para Crónica Global sobre las desigualdades, la posverdad, Cataluña y su profesión. “Ejercer el oficio a la contra es incómodo, se lo aseguro”, confiesa.

—Pregunta. ¿Combatir la desigualdad es la gran revolución pendiente?

—La lucha por la igualdad figura entre los objetivos de todas las revoluciones sociales. Lo que las diferencia son los programas globales en que este objetivo se inscribe.

¿Confía en que se reviertan las políticas de austeridad que se aplicaron contra la crisis? Y en tal caso, ¿se podrá regresar a las cotas de igualdad posteriores a la segunda guerra mundial?

—Desde los años que siguieron a la segunda guerra mundial hasta el presente ha habido un cambio fundamental: que el poder económico ha acabado conquistando y subordinando al poder político, lo que hace muy improbable que los gobiernos puedan volver a imponer a los empresarios unas reglas contrarias a sus intereses, como las que permitieron establecer el Estado del bienestar.

Ahora se habla mucho de la posverdad, pero de su libro El siglo de la revolución se desprende que hace muchísimos años que Estados Unidos la ejerce contra el comunismo y que quizá la única diferencia ahora son las redes sociales…

—Entender cómo se forman las certezas que el público acepta como verdades es algo muy complejo que han tratado de explicar Daniel Kahneman y George Lakoff. Kahneman ha escrito, por ejemplo, que “construimos el mejor relato posible sobre la base de la información de que disponemos… y, si es un buen relato, lo creemos”. Lakoff, por su parte, ha puesto de relieve hasta qué punto nuestras creencias y prejuicios se integran en nuestro pensamiento: “La mayoría de los políticos, sobre todo los de izquierdas, creen que la gente piensa siempre conscientemente y que las palabras se definen en relación con el mundo. Creen que todo el mundo piensa igual y que si se les dan a la gente los hechos, la mayoría razonará las conclusiones correctas. Pero como esto es científicamente falso, no suele suceder”. Es muy complicado entender cómo se establecen --a través del control de la información, entre otros medios--, las afirmaciones que el público aceptará como verdades.

¿Le sorprendió el fenómeno Trump?

—Lo sorprendente fue que los demócratas pretendieran ganar con una candidata tan deleznable como Hillary Clinton.

¿Internet ayuda o entorpece la labor de un historiador?

—Es una gran ayuda por el acceso que permite a documentos e informaciones a los que no podríamos llegar de otro modo. La web del National Security Archive, de la George Washington University, es una buena muestra de ello.

El problema consiste en establecer qué es lo que se quiere globalizar: ¿los privilegios de algunos o los derechos de todos? 

La globalización, que si no he entendido mal usted considera heredera del imperialismo, es el reto que muchos gobiernos dicen querer afrontar. ¿Es posible?

—El problema consiste en establecer qué es lo que se quiere globalizar: ¿los privilegios de algunos o los derechos de todos? El ejemplo de la Organización Mundial del Comercio, que en estos días está siendo objeto de discusión, es una muestra muy clara de cómo se pueden establecer unas reglas que, en nombre de la libertad de comercio, favorecen a las grandes empresas contra los agricultores nativos.

Hay quien ve el independentismo catalán como una de las últimas revoluciones de nuestro entorno europeo. ¿Qué opina?

—Déjeme aclarar de entrada que soy partidario de mantener la identidad cultural catalana y de luchar por alcanzar mayores cuotas de autogobierno, algo que no siempre se entiende bien, y que no significa, por poner un ejemplo, pedir más dinero, sino más libertad para administrar el que nos corresponda. Lo del secesionismo es otra cuestión muy distinta. Hace años que vengo repitiendo en público a los que planean acceder a la independencia con un referéndum: que después del referéndum viene el momento en que hay que pedir al Estado español que retire sus tropas y sus fuerzas policíacas y se resigne a perder un territorio del que obtiene un porcentaje considerable de su PIB. Y que la suposición de que tal petición fuera aceptada era inverosímil.

De lo que se está discutiendo en este caso no es de esencias nacionales ni de antecedentes históricos, sino de la integridad territorial de un Estado

Se ha acusado al Estado español de “demofóbico” y “represor”...

—De lo que se está discutiendo en este caso no es de esencias nacionales ni de antecedentes históricos, sino de la integridad territorial de un Estado, y en la situación actual es una insensatez pensar en la independencia.

¿Se atreve a sugerir una solución al conflicto catalán?

—No hay que resignarse y dejarlo todo como está, sino que hay que buscar otras vías para acabar con esta larga etapa de mal gobierno que hemos estado sufriendo.

¿Cree que los historiadores deberían ser más influyentes en la política?

—El de historiador es un oficio que se puede ejercer de muchas maneras. La mayoría suele acomodarse al discurso del orden establecido, que es, al fin y al cabo, el que reparte premios y distinciones. Ejercer el oficio a la contra es incómodo, se lo aseguro; pero de mi maestro Pierre Vilar aprendí que el deber del historiador no es inculcar verdades, sino estimular al personal a pensar por su cuenta. Aparte de esto, en la política no le corresponde otro papel que el de actuar como un ciudadano más.

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leborgne 12/12/2017 - 10:38h
¿Fue tal vez eso de "acomodarse al orden establecido" lo que llevó al notable (y otrora admirado) historiador Josep Fontana a prestarse a dar la conferencia inaugural de aquel simposio de desdichado título "España contra Cataluña" ?...
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