La firmeza de Torrent divide al club de Puigdemont

La estratégica decisión del republicano de apelar al Tribunal de Estrasburgo subleva a Junts per Catalunya, cuyo representante en la Mesa del Parlament conocía y avaló

El presidente del Parlament, Roger Torrent en una comparecencia / EFE
14.02.2018 00:00 h.
4 min

“No tenemos interlocutor”, asegura un dirigente republicano. Se refiere a las negociaciones sobre la investidura de Carles Puigdemont. Lo dice, no tanto con lamento, sino con sorna. Y con un punto de satisfacción, pues el empeño del expresidente en ser investido a distancia ha acabado provocando grietas en ese club de fans llamado Junts per Catalunya.

El presidente del Parlament, Roger Torrent, que ya dio muestras de firmeza el pasado 30 de enero al aplazar la investidura de Puigdemont, ha vuelto a descolocar a los nuevos convergentes al anunciar que apelará al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. Lo ha hecho unilateralmente, sin consultar a JxCat, cuyo portavoz adjunto, Eduard Pujol, confesaba ayer el enfado de su grupo. Oficialmente, la pretensión de Torrent no puede ser más loable: pedir a ese tribunal internacional medidas cautelares contra la decisión del Tribunal Constitucional de vetar la investidura de Puigdemont.

Pero lo cierto es que se trata de la última instancia judicial a la que se puede recurrir tras un proceso largo y excepcional. Y no deja de ser un acatamiento a las vías legales, en la línea del compromiso expresado por Torrent, quien quiere evitar que recaiga sobre los diputados cualquier tipo de responsabilidad penal. A la experiencia se remite.

Malestar por un nuevo aplazamiento

En clave estrictamente política, el presidente de la Cámara catalana ha logrado dividir al equipo de Puigdemont, pues el vicepresidente primero de la Mesa del Parlament, Josep Costa, sí conocía y avaló la idea de pedir amparo al Tribunal de Estrasburgo.

Torrent abundó en el malestar que ya había generado su decisión de no incluir en el orden del día de la Mesa del Parlament, reunida ayer, la petición de reforma de la ley de la Presidencia y del Govern presentada por JxCat. La finalidad de esta iniciativa, que ERC no firmó, es hacer viable la investidura a distancia de Puigdemont. Los republicanos alegaron que era mejor aplazar las negociaciones y las tramitaciones polémicas para no perjudicar a los dirigentes independentistas que esta semana declaran en el Tribunal Supremo. De que esa reforma legal es arriesgada penalmente da fe el hecho de que los diputados de JxCat inculpados no la han firmado, entre ellos el propio Puigdemont, el presidente de la ANC Jordi Sánchez y los exconsejeros Jordi Turull y Josep Rull, ambos de PDeCAT.

¿A quién nos dirigimos?

“No tenemos interlocutor”, insiste esta fuente republicana, pues “no sabemos si dirigirnos a PDeCAT, o a JxCat y al club de Puigdemont”.

Tal como publicó Crónica Global, buena parte de la formación liderada por Oriol Junqueras es partidaria de que Roger Torrent aguante la presión convergente. Solo hay dos alternativas, o que Puigdemont dé paso a otro candidato de su lista o ir a nuevas elecciones. En ERC crece el convencimiento de que JxCat apuesta por lo segundo, tal es el empecinamiento del fugado en presentarse como único presidente legítimo. Los republicanos, cada vez menos acomplejados, insisten en que Puigdemont no es imprescindible. Otra cosa es calibrar a quién beneficiarían unas nuevas elecciones. ¿A un tripartito de izquierdas liderado por ERC?

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